Tensas negociaciones de Paz en Medio Oriente
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Los mercados recibieron alborozados el anuncio de un acuerdo de paz alcanzado entre Estados Unidos e Irán. El FMI celebró la reapertura de la navegación por el estrecho de Ormuz. El precio del barril de petróleo descendió un 24% y se desactivó el riesgo de una profunda recesión económica global. Tras casi cuatro meses de guerra y bloqueo, quedó demostrada la vulnerabilidad energética de numerosos países. Las empresas navieras retoman con cautela el paso por el vital estrecho para el comercio. El suministro de hidrocarburos continuará restringido durante un tiempo. Cerca de 40 instalaciones petroleras pertenecientes a diez países sufrieron graves daños durante la guerra. Habrá que ver cómo evoluciona el cuadro. Tras el acuerdo, ya se registraron denuncias de ataques cruzados en el estrecho, que podrían retrotraer la situación.
Antes de la guerra, el estrecho de Ormuz no planteaba demasiados problemas a la navegación. El presidente Donald Trump se dejó llevar por Benjamin Netanyahu, esperando el colapso del sangriento poder de los ayatollah. Los bombardeos aéreos destruyeron instalaciones militares e industriales y el bloqueo naval golpeó duramente a la economía iraní. Por el momento, nada indica que la situación sea mejor que la del inicio de las hostilidades. La población iraní tendrá que seguir sufriendo la represión de una dictadura teocrática que recibió oxígeno para su continuidad apelando al nacionalismo. La capacidad nuclear iraní es una incógnita y pareciera que el gobierno de Teherán pretende tarifar de algún modo el flujo de cerca de 36.000 buques anuales.
El memorándum de entendimiento entre Washington y Teherán es el preludio de una tensa negociación por desarrollarse durante los próximos meses, que puede ser prorrogada. El alto al fuego decidido allí abre un espacio de diálogo para una paz distante. Washington se presenta victorioso y Teherán también proclama victoria. Existe la posibilidad del reinicio de la guerra dependiendo de la actitud que pueda asumir Israel. Pero el contexto diario está plagado de sobresaltos, continúan choques armados y recuperar la confianza es difícil.
El acuerdo es una hoja de ruta con 14 puntos iniciales que podrían ser modificados. El énfasis principal se coloca en la reapertura del estrecho de Ormuz a la navegación; suspensión parcial del programa nuclear iraní y desbloqueo de los fondos iraníes congelados. Israel queda fuera de las negociaciones del acuerdo alcanzado, pero es obligado a implementarlo. Las diplomacias de Pakistán y Qatar ayudan en el acercamiento norteamericano-iraní, al igual que las monarquías petroleras. China ha solicitado que no se interfiera en el proceso negociador. Europa no pudo influir en el curso de los acontecimientos. Se abren grandes interrogantes y desafíos por las negociaciones que tienen lugar en Suiza. Por lo pronto, la Organización Internacional de Energía Atómica anunció que regresará a inspeccionar las instalaciones nucleares iraníes.
La historia de Medio Oriente está llena de acuerdos y negociaciones que procuran la paz regional. La presidencia de Barak Obama alcanzó algunos resultados con Teherán en 2015, a fin de evitar un desarrollo nuclear con fines militares. Netanyahu se opuso a los acuerdos de Obama y, salteando las normas diplomáticas, se presentó ante el Congreso de Estados Unidos para solicitar su revocación. Esa conducta erosionó en parte el apoyo del partido demócrata a Israel. ¿Desafiará ahora Netanyahu a los republicanos en el poder? Al iniciar su primera presidencia, Donald Trump derogó esos acuerdos. El plan de Obama incluía sanciones y subvenciones, iniciativa que logró una supervisión internacional al programa nuclear iraní.
Ante la volatilidad existente en la región más conflictiva del mundo no siempre surgen con nitidez vencedores o perdedores. A menudo las partes se focalizan en gestionar una crisis a fin de evitar daños mayores. Los tiempos electorales en Estados Unidos e Israel están detrás de la trama para arribar al acuerdo de paz. Los estrategas del partido republicano estiman que una distensión en el frente bélico ocasionaría un enfriamiento de la economía antes de las elecciones de medio término del próximo noviembre. Por estos días, la Casa Blanca se presenta como el partido de la paz. Las elecciones israelíes de octubre venidero se convertirán en un referéndum sobre la gestión de Netanyahu. El gobierno norteamericano desea que el primer ministro israelí no ejecute acciones militares en ese período, pero esa es la ventaja política que lo mantiene en el poder. En Irán el conflicto decapitó la cúpula de los ayatollah. Hoy el poder se concentra en manos de la Guardia Revolucionaria, que proclama la guerra eterna contra Estados Unidos e Israel. Sin embargo, algunas voces pragmáticas son proclives a finalizar la contienda y alcanzar un acuerdo.
De prosperar las negociaciones diplomáticas en los alpes suizos, es probable que se busque un esquema que se asemeje a las negociaciones de Obama. Puede que no arriben a un acuerdo perfecto, pero recuperar canales de diálogo y previsibilidad sería el elemento más valioso. Hillary Clinton publicó un sugestivo artículo en The Financial Times, abogando por incrementar esfuerzos por la paz en Medio Oriente. El desafío para los negociadores es titánico.



