Un juicio que dice mucho

El caso del Chapo Guzmán revela hasta dónde ha llegado el crimen transnacional, convirtiendo a países en verdaderos narco-Estados
El Chapo Guzmán, apresado
El Chapo Guzmán, apresado Fuente: Archivo
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4 de febrero de 2019  

Cuando el mexicano Joaquín "el Chapo" Guzmán llegó extraditado a Estados Unidos, las autoridades lo presentaron como "el criminal más notorio de los tiempos modernos". Y la magnitud del juicio que se está desarrollando en Nueva York ciertamente encaja con esa definición. El juez federal de la Corte de Brooklyn, que conduce el juicio, Brian Cogan, advirtió que el caso contra quien es acusado de liderar el cartel de Sinaloa "es cualquier cosa menos un procesamiento de drogas rutinario. El alcance internacional de la organización criminal aludida –dijo– hace que sea un caso atípico incluso entre los mayores juicios de drogas" hasta hoy.

Guzmán está siendo juzgado bajo el Kingpin Statute, una ley federal contra grandes traficantes, responsables de conspiraciones de larga duración. Contra él hay 11 cargos de narcotráfico , conspiración y lavado de dinero. Basta con que el jurado –conformado por siete mujeres y cinco hombres– lo halle culpable en uno solo para que la pena sea el encarcelamiento de por vida. La condición de México para extraditarlo fue que no pudiera ser condenado a muerte.

Lo trascendente del juicio son los testimonios que se van recogiendo y que no hacen más que corroborar el gigantesco poder corruptor del crimen organizado. Uno de los testigos, Jesús "el Rey" Zambada García, declaró que Guzmán tenía comprados a fiscales, policías y militares mexicanos, y hasta a Interpol. Relató también que ordenó asesinatos como el del jefe de investigaciones del crimen organizado de la Procuraduría General de México, en 2005, y reveló el uso de un submarino casero para transportar droga a EE.UU.

Por su parte, el fiscal Adam Fels dijo que presentará documentos, fotos de cargamentos confiscados, mensajes de texto e incluso un video en el que se exhibe cómo Guzmán interrogaba a sus rivales del cartel de Sinaloa, que dirigió durante 20 años, y que luego ordenaba que fueran asesinados. Por otro lado, Jeffrey Lichtman, abogado del capo narco, trató de desacreditar los argumentos de la Fiscalía y descargó las acusaciones en el narcotraficante Zambada García, socio del Chapo Guzmán y aún prófugo de la Justicia, que, según testimonios, tenía un presupuesto de un millón de dólares para sobornos.

Entre los testimonios que se escucharon, se mencionó por primera vez a la Argentina. Fue Alex Cifuentes Villa, muy cercano al Chapo Guzmán, quien manifestó en su declaración que se enviaron valijas de cocaína en un avión desde nuestro país a México y que la policía mexicana debía recogerlas una vez en destino, para luego comercializarlas. Cifuentes, que declaró como testigo protegido del gobierno norteamericano, manifestó que Peña Nieto recibió un soborno de 100 millones de dólares. Estas declaraciones fueron calificadas de falsas y difamatorias por el exjefe de la Oficina de la Presidencia durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Otra cuestión impactante que se ha revelado hasta el momento es la profundidad en la cadena de pagos de sobornos, condición necesaria para el funcionamiento sin riesgos de las redes criminales. A punto tal que Alan Feuer, periodista de The New York Times acreditado en el caso, manifestó: "En dos meses de testimonios se ha relatado que casi todos los niveles del gobierno mexicano están involucrados en el narcotráfico".

Los testimonios conocidos hasta el momento en este histórico juicio permiten concluir que la expansión del crimen transnacional organizado, con su enorme poder económico, amenaza con transformar en narco-Estados a aquellos países que faciliten su criminal accionar. Otra clara advertencia que ningún gobierno democrático debería desoír.

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