A las puertas de una nueva guerra con otro final incierto

David Crary
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11 de septiembre de 2014  

Trece años después de los ataques del 11 de Septiembre, se suponía que a esta altura Irak manejaría sus propios asuntos y que el grueso de los soldados enviados a Afganistán ya no harían misiones de combate. Estados Unidos, sin embargo, se prepara para otra escalada militar en una región donde una guerra da paso a otra. Toda una generación se crió a la sombra de estos conflictos y no se ve la luz al final del túnel.

Por ahora, el presidente Barack Obama parece tener apoyo de los dos grandes partidos para expandir las operaciones contra Estado Islámico (EI), que tomó el control de grandes sectores de Irak y Siria. Su gobierno advirtió que esa campaña podría tomar varios años.

A corto plazo, la opinión pública está con él: una nueva encuesta del Washington Post-ABC News indicó que el 71% de los consultados apoya los ataques aéreos contra EI. A largo plazo, una encuesta del Centro de Investigaciones Pew y USA Today hecha el mes pasado señaló que la mayoría de los estadounidenses considera que el mundo es cada día más peligroso y espera que la influencia del islam aumente.

Desde mediados de 2001, Estados Unidos y sus aliados han librado guerras con organizaciones islamistas, incluidos los talibanes y Al-Qaeda, o agrupaciones allegadas en Yemen, Somalia y otros sitios.

De hecho, algunos analistas creen que el conflicto se remonta más atrás. El historiador militar Max Boot opina que el punto de partida fue la revolución que derrocó al sha de Irán en 1979, durante la cual fue tomada la embajada norteamericana en Teherán y su personal permaneció 444 días como rehén.

"Por primera vez comprendimos la amenaza del extremismo islámico", comentó Boot. "No le hicimos frente. Tratamos de ignorarla mientras fue posible. Pero después del 11 de Septiembre, ya no podíamos seguir ignorándola."

Esos ataques desencadenaron la invasión a Afganistán para desmantelar la base de operaciones de Al-Qaeda y derrocar al régimen talibán. En 2003, Estados Unidos encabezó una invasión de Irak al apelar a varios argumentos y como parte de la "guerra global contra el terrorismo". El dictador Saddam Hussein fue capturado, juzgado y ejecutado, pero también en este caso surgió una insurgencia desde varios sectores, entre ellos aliados a Al-Qaeda y militantes sunnitas, precursores de la organización conocida hoy como EI.

"Estados Unidos falló tanto en Afganistán como en Irak, pero esta vez las cosas podrían ser distintas porque EI representa una amenaza grave para sus estrechos aliados en la región que no pueden defenderse por sí mismos'', opinó Wathiq al-Hashimi, director del Centro de Estudios Estratégicos al-Nahrein, de Bagdad.

Por su parte, Ibrahim Hooper, del Consejo de Relaciones Estadounidense-Islámicas de Washington, considera que muchos de los conflictos de Medio Oriente se hubieran evitado si el gobierno norteamericano hubiera estado menos dispuesto a tolerar regímenes autoritarios y más dispuesto a criticar las políticas de Israel hacia los palestinos. "Nuestras políticas contraproducentes han creado un vacío político en el que EI puede florecer. Sin injusticias masivas en la región, no existirían."

James Jay Carafano, de la conservadora Fundación Heritage, en cambio, acusó a Obama de "levantar el pie del pedal" al retirar los soldados de Irak en 2011, envalentonando a EI.

Expertos en Medio Oriente dicen que cuesta pronosticar una victoria total de Estados Unidos y sus aliados a corto plazo. "Está claro que los estadounidenses están dispuestos a iniciar una guerra en la que no se vislumbra un final rápido", afirmó Hilal Khashan, de la Universidad Americana de Beirut. "Los norteamericanos saben cómo empezar una guerra, pero no saben cómo terminarla."

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