"Aldo Moro tenía que morir porque era un pacificador"
Quien así opina es su hija Maria Fida
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ROMA.- Maria Fida Moro, la hija mayor de Aldo Moro, el estadista italiano y líder de la Democracia Cristiana que fue secuestrado por las Brigadas Rojas el 16 de marzo de 1978, hace exactamente 30 años, y asesinado el 9 de mayo de ese mismo año, no tiene dudas: "Si mi padre volviera, el poder lo mataría de nuevo".
De 61 años, pelo rapado canoso, pantalón verde, camisa fucsia, Maria Fida es una mujer sin pelos en la lengua, e ideas claras. En estos 30 difíciles años, logró perdonar y establecer una relación con los ex miembros del comando terrorista que secuestró a su padre.
Pero sigue indignada por la actitud que el Estado italiano tiene y tuvo ante el caso Moro, uno de los tantos misterios irresueltos del país.
Aún herida por un episodio que trastornó su vida, en una entrevista con LA NACION aseguró que, si bien fueron las Brigadas Rojas (BR) las que mataron a su padre, no fueron las únicas culpables. "Nunca sabremos la verdad, escrita con ve mayúscula, pero es claro que aunque el poder finge estar sordo de un oído, había una serie de voluntades, en Italia y no sólo en Italia, para borrar a esta persona del escenario político. Es demasiado cómodo decir que fueron las Brigadas Rojas. Fueron también las BR, pero no sólo ellas", asegura.
-Pero, entonces, ¿fueron las BR junto a quiénes más?
-Fue el poder, el poder en todas sus manifestaciones. ¿Qué poder? El que provoca el mal que se hace en contra de los hombres, contra la pacificación de los pueblos, contra la armonía, contra la justicia social. Si usted me pregunta quién mató a Benazir Bhutto, yo le respondo que el poder. ¿Quién mató a Olof Palme? El poder. ¿Quién mató a Kennedy? El poder. Claro, usted puede mencionar los nombres de los culpables de los asesinatos, pero estos nombres son siempre limitados, porque las connivencias son más amplias. ¿Por qué Aldo Moro tenía que morir? Porque él era un pacificador, y los pacificadores mueren, empezando por Jesucristo.
-En estos últimos años hubo personas secuestradas en Irak por las cuales el gobierno italiano negoció para que fueran liberadas, algo que se negó a hacer con su padre. ¿Qué siente al respecto?
-Una mitad de mí está supercontenta. La otra mitad, muy amargada, porque piensa en todo lo que no ha sido hecho. La gente de la calle, la gente común, vive la muerte de Aldo Moro como un luto familiar. Pero el poder, si pudiera, lo mataría de nuevo. Si mi padre volviera hoy, mañana estaría de nuevo muerto. ¿O usted cree que si volviera Jesucristo lo dejarían vivir?
-¿Se siente aún traicionada por la Democracia Cristiana y por personajes como el siete veces ex premier Giulio Andreotti?
-No es una traición a mí. Yo me siento herida por la traición a mi padre, porque es una traición hablar de él solamente como muerto. ¿Por qué no se puede hablar de él como vivo? ¡No vivió sólo esos terribles 55 días! Hizo muchísimas más cosas muy buenas. Combatió por la verdad, por los más pobres, por los derechos a favor del hombre, por la justicia social, por la paz en Medio Oriente, por una Europa neutral y fuerte que fuera equidistante de los dos bloques. ¿Por qué tenemos que recordarlo olvidado como un paquete en un baúl?
-¿Cómo fueron para usted los días del secuestro?
-Lamentablemente, no logro olvidarlos. Pero no son sólo los días del secuestro; son toda mi memoria de niña y joven: desde que tuve uso de razón, supe que mi padre iba a terminar muerto. Es más: mi primer pensamiento cuando supe que mi padre estaba muerto fue de alivio. Lo que no sabía era que lo peor tenía que venir: desafío a cualquiera a vivir uno de los días que vivimos en mi familia durante estos 30 años, en medio de traiciones, calumnias, falta de trabajo, dinero, violencia, amarguras. Por un lado está la gente común, que nos quiere; del otro está el poder, que hace de todo para borrarnos.
-¿La muerte de su padre "ayudó" al fin de las BR?
-No, no lo creo para nada. Creo que las BR tuvieron una función para sacar del medio a Moro. Tengo la impresión de que, sacado del medio Moro, ya no tenían importancia...
-Usted fue voluntaria en la cárcel donde cumplían condena quienes asesinaron a su padre e incluso estableció con ellos una relación. ¿Cómo logró perdonar a los terroristas?
-Yo logré perdonar por motivos muy simples: primero porque soy cristiana, por lo que para mí el perdón es obligatorio. Después, porque mi padre como jurista me había enseñado que la pena no tiene sentido si no es rehabilitativa y, si no, es venganza, no es pena.
-Cuando conoció a Adriana Faranda y a Valerio Morucci, miembros de las BR, ¿qué vio en ellos?
-Personas muy normales, educadas, muy jóvenes. Nunca pensé que fueran demonios; nunca pensé que los seres humanos pueden ser demonios; ni siquiera los que cometen cosas atroces.
-¿Para que usted los perdonara ellos tuvieron que arrepentirse?
-No; ése es un hecho de sus conciencias; no tiene que ver conmigo. Seguí reuniéndome con los responsables de la muerte de mi padre hasta que ellos salieron de la cárcel, en el 94. Y al respecto quiero decir algo malo, pero no con respecto a ellos. Los brigadistas están todos libres. ¿Quién liberará alguna vez a los Moro?
-Se deduce que usted no tiene confianza ni en la Justicia ni en la política italiana...
-La política la he abolido porque debería ser algo que honra a una persona. Pero yo me siento herida; no quiero más formar parte de la política, porque me da vergüenza el nivel al que llegó. Ya no votaré más porque no hay nadie por quien votar. Con respecto a la justicia, no creo que sea un bien de esta tierra, y sé que la justicia terrena es perfectible. La justicia no me devuelve ni a mi padre ni a mi vida anterior, no me puede dar nada.
-¿Nadie heredó los valores de su padre?
-No; absolutamente, no.
-¿Cree que si su padre estuviera vivo Italia no habría llegado a la actual decadencia de la política?
-¡Claro! Siempre lo dije, desde 1978: la muerte de Aldo Moro fue un golpe de Estado, porque cambió el régimen político de este país. En la primavera de 1978 los pronósticos de las elecciones en Europa decían que iba a ganar la izquierda o el centro. En cambio, después de la muerte de Moro, ganó la derecha.
-¿Pensó irse de Italia?
-Miles de veces. Si tuviera dinero, ya lo habría hecho.





