
Alemania, hundida en la peor crisis política desde la posguerra
BERLIN.- Hace mucho frío, la impactante y nueva capital de la Alemania reunificada está alfombrada de nieve y el clima es muy distinto del que se respiraba en noviembre, cuando se festejó aquí triunfalmente el décimo aniversario de la caída del Muro de la Infamia. La gente está shockeada: la Tangentópolis alemana, el escándalo de corrupción que está haciendo trizas a la poderosísima Unión Demócrata Cristiana (CDU) del ex jefe de gobierno Helmut Kohl, lo ha dado vuelta todo.
Ya no hay certezas en la nación más rica de Europa, hundida en la peor crisis política e institucional desde la posguerra.
"Alemania era un país limpio, donde nunca habíamos tenido escándalos. Ningún político se había ahorcado como este pobre diablo de la CDU", dice Anna Piper, mientras maneja su taxi en las calles heladas de Berlín.
Ayer, el día después de que apareció ahorcado Wolfgang Huellen, responsable de finanzas del grupo parlamentario de la CDU, al parecer "por motivos personales", los rumores apuntaban en un sentido totalmente contrario. Según trascendió, el suicidio de Huellen estaría ligado al hecho de que se habría descubierto que él se llevó plata del partido.
Mientras la fiscalía comenzó a investigar su implicación en una malversación de fondos, el gran interrogante es si lo que hizo Huellen fue haberse enriquecido ilegalmente o si su delito tiene que ver con el gran escándalo que sacude a la CDU debido a su financiación ilegal.
El drama del ahorcado no fue el único tema que ayer siguió caldeando el ambiente. La CDU, cuya popularidad ha caído en picada en los últimos días y que está en su mínimo histórico, dejó trascender que está analizando más que seriamente iniciar una querella civil contra su ex líder, Helmut Kohl. El partido emprendería acciones legales contra el patriarca para forzarlo a revelar el origen de los "fondos negros", cuya salida a la luz hundió a los democristianos en el desastre absoluto.
Kohl admitió, a mediados de diciembre, haber recibido entre 1993 y 1998 donaciones por un millón de dólares. Como nunca quiso revelar los nombres de los contribuyentes porque había empeñado su palabra, el martes último fue invitado a dejar la presidencia honoraria del partido.
"Don Kohleone "
El ex jefe de gobierno, que los medios bautizaron "Don Kohleone " porque "su palabra de honor se parece a la omertá (silencio) de los mafiosos", ayer reiteró que no dará ningún nombre, al hablar en una manifestación de la CDU, en Bremen, aunque dijo que iba a colaborar con la comisión parlamentaria que investiga las irregularidades financieras que protagonizó.
Admitió nuevamente "haber cometido errores", agregando "no ser un santo". "Una cosa es segura -agregó-: no soy ni nunca fui comprable ni corruptible."
Al hacer alusión a las versiones según las cuales su negativa a dar nombres es porque en realidad oculta secretos aún más explosivos , Kohl aseguró que "los donantes existen", y que al respecto se han escrito muchas "cosas insensatas".
Poco antes se había sumado otra revelación comprometedora a la complicada trama de hechos ilícitos de los conservadores alemanes: Roland Koch, jefe de la CDU en Hesse y primer ministro de ese Estado federado, informó que el equivalente a dos millones y medio de dólares desapareció misteriosamente de una cuenta secreta que el partido tenía en Suiza. Hace unos días salió a la luz que la CDU tenía cuentas secretas tanto en este país como en Liechtenstein.
Y para ponerle el broche a otra jornada en la que se ahondó el escándalo que involucra a Kohl, se supo que dejó su cargo Agnes Huerland Buening, una alta funcionaria del Ministerio de Defensa. Esta mujer, de 73 años, tuvo un papel muy importante en la privatización de las refinerías Leuna, de Alemania oriental, en 1992. Y habría renunciado al enterarse de que la fiscalía suiza está por interrogarla para saber más de su relación con el lobbista alemán Dieter Holzer, investigado en el país helvético por lavado de dinero, fraude y falsos balances. La sospecha es que la CDU recibió "coimas" durante esa privatización.
"Creía que estas cosas pasaban sólo en otros países, como Italia", dice Anna Piper, mientras maneja su taxi en una sugestiva Berlín nevada. Blanca por fuera, negra por dentro.




