Asesinaron al presidente del Congo
Laurent Desiré Kabila habría sido abatido por su viceministro de Defensa en un confuso episodio.
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KINSHASA, Congo.- En un confuso episodio que conmovió a la República Democrática del Congo y agravó la crisis política del país centroafricano, el presidente, Laurent Desiré Kabila, fue asesinado ayer por el viceministro de Defensa durante un aparente intento de golpe, confirmó anoche el vocero del propio mandatario.
La noticia había sido anunciada temprano por la cancillería belga y fue ratificada más tarde por el ministerio de Relaciones Exteriores francés y el Departamento de Estado norteamericano. El Congo es una ex colonia belga.
"Podemos confirmar que Kabila ha muerto, de acuerdo con información recibida de dos fuentes de las que tenemos el 100% de certeza", dijo el ministro belga de Relaciones Exteriores, Louis Michel.
Kabila, el otrora rebelde que ascendió al poder de esta vasta y convulsionada nación en 1997, fue asesinado por el viceministro de Defensa, coronel Kayembe, al que acababa de destituir junto con otros oficiales superiores de las fuerzas armadas, debido a su conducta en la guerra.
Según fuentes oficiales belgas, el presidente congoleño sobrevivió en un primer momento al ataque y se pensó en trasladarlo a Luanda, capital de Angola, pero finalmente fue ingresado en el hospital Ngaliema, de Kinshasa, donde murió. El hijo de Kabila, Joseph, habría sido herido.
Siempre según la fuente belga, el atacante fue abatido tras cometer el crimen, que se produjo en las cercanías del presidencial Palacio de Mármol, al oeste de Kinshasa, y ante la presencia de varios generales del ejército congoleño.
El asesinato provocó una fuerte conmoción en todo el continente y abre la incertidumbre sobre la sucesión, ya que Kabila ejercía el poder con mano de hierro y no había designado sustituto. Anoche, una fuente congoleña en Brusleas afirmó que el edecán de Kabila, coronel Eddy Kapend, asumirá en forma interina el poder.
El principal movimiento rebelde condenó anoche el hecho y denunció una complicidad "ugando-angoleña" en un intento de golpe, según un vocero rebelde en Goma (al este). "Condenamos el asesinato", declaró Jean-Pierre Lola Kisanga, vocero de la Unión para la Democracia, que subrayó su "apego al proceso de paz".
La muerte de Kabila se produjo en vísperas del 40º aniversario del crimen de Patrice Lumumba, premier del entonces flamante Estado congoleño independiente, que desató una larga sucesión de guerras y dictaduras en uno de los países más extensos y potencialmente ricos del continente.
Con lágrimas
Hasta última hora de ayer, el gobierno congoleño se había negado a admitir la muerte de Kabila.
Poco después del tiroteo, una fuente cercana a la presidencia de Kabila dijo que el mandatario había recibido disparos, pero estaba vivo.
El edecán, Eddy Kapend, apareció casi inmediatamente en la TV por cadena nacional para admitir el tiroteo, pero sin mencionar a Kabila. Incluso, con ojos llorosos, dijo que el incidente había sido sofocado y pidió mantener la calma, al tiempo que ordenó el cierre de fronteras y aeropuertos. "El pueblo congoleño necesita de su serenidad y disciplina", declaró.
Y el ministro del Interior, Gaetan Kakudji, incluso dijo que el propio presidente le había ordenado el estado de alerta general en la capital.
"Laurent Kabila acaba de decidir poner en alerta todas las unidades militares en la capital", dijo. Para entonces, Kabila ya había expirado.
Fuentes de inteligencia de Ruanda y Uganda -que respaldan a los rebeldes que combaten al gobierno de Kabila- aseguraban tener informes de la muerte del mandatario.
Según voceros diplomáticos, la continuidad del régimen del fallecido presidente podría depender de los gobiernos de Angola, Zimbabwe y Namibia, cuyas tropas sostienen militarmente al gobierno congoleño frente a los grupos rebeldes que, con el apoyo de Uganda y Ruanda, tratan desde 1998 de tomar el poder.
En tanto, aunque anoche reinaba la tranquilidad en Kinshasa, las representaciones de las cancillerías occidentales se preparaban para evacuar a sus ciudadanos, ante el temor de que la situación se agrave.
El gobierno norteamericano advirtió a sus ciudadanos en ese país que permanezcan en sus hogares. Richard Boucher, vocero del Departamento de Estado, manifestó que "sabemos que hay tropas en ciertas zonas de la ciudad, que los aeropuertos están cerrados y las comunicaciones son malas".





