Aterrada, la capital vive cada vez más el horror del conflicto

Damasco se mantuvo al principio aislada de la violencia, pero ahora la sufre día a día
Mariam Karouny
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11 de mayo de 2012  

DAMASCO.- Cuando cae la noche, las calles de Damasco quedan desiertas y la población se prepara para las explosiones y los disparos de armas de fuego que antes eran una amenaza distante, pero que ahora siembran de miedo e insomnio el corazón de la capital siria.

La agitación social que hizo eclosión a lo largo del país el año pasado, cuando los opositores al presidente Bashar al-Assad comenzaron a exigir mayores libertades y derechos, fue mantenida a raya y a distancia de Damasco, bastión del gobierno, incluso cuando las protestas desembocaron en un enfrentamiento armado.

Ahora la capital siria siente que la violencia se cierne sobre sus hogares, y la sensación de intranquilidad se palpa en el aire. Son frecuentes las explosiones que sacuden la ciudad, ya sea el estallido de una bomba o una ráfaga de disparos.

Los activistas culpan de algunas de las detonaciones a las fuerzas de seguridad de Al-Assad, a las que acusan de estar incentivando la sensación de inseguridad, en un intento por convencer a la población de que el levantamiento popular es en realidad una violenta campaña llevada adelante por militantes apoyados desde el extranjero.

Afirman que en Damasco los soldados y la policía realizaron redadas masivas para intentar acabar con meses de protestas pacíficas, y que también han abierto fuego sobre transeúntes y bombardeado durante semanas los barrios del este de la ciudad para desalojar a los rebeldes.

En el centro de la ciudad, frente a los edificios gubernamentales ahora hay muros antiexplosivos, y algunas calles permanecen cortadas los viernes, cuando los opositores salen de las mezquitas y se vuelcan a las calles, tanto aquí como en el resto del país, para exigir el fin del régimen de Al-Assad, que lleva más de cuatro décadas en el poder.

"Tal vez todavía estemos a salvo aquí en Damasco, pero ¿por cuánto tiempo más? Sentimos que la violencia está cada vez más cerca", dijo Mervat, una mujer de 33 años cuyo marido es comerciante. "Los chicos pasan la noche aterrados por los disparos. Hace tres días, los enfrentamientos eran en la puerta de mi casa", dijo Mervat.

"Se están acercando. Mi casa está muy cerca de la ciudad de Jobar. Siento que una de estas noches me voy a levantar y voy a tener hombres armados en la puerta de mi casa", dijo un comerciante de 46 años de Damasco, y agregó que no queda claro quién está detrás de los disparos.

Los opositores a Al-Assad dicen que las fuerzas de seguridad son mayoritariamente responsables de la violencia, incluidas las bombas.

"Todas esas explosiones que se oyen de noche son bombas de percusión. El régimen quiere que la gente tenga miedo. Gobierna a través del miedo", dijo Omar, un activista antigubernamental de Damasco.

Otros residentes dicen que los ladrones de autos están a la orden del día, en una ciudad donde hasta hace un año los índices de criminalidad eran mínimos, y creen que tanto los partidarios del gobierno como los rebeldes están robando vehículos para usarlos en sus enfrentamientos.

Crisis económica

Además de la creciente sensación de inseguridad, se ha desatado una crisis económica, consecuencia de meses de agitación social y de las sanciones de Occidente, que no hecho más que empeorar la vida cotidiana en la capital del país.

"El negocio de mi marido anda muy mal desde hace meses", susurra Mervat desde su casa de un barrio de clase media, con temor a que sus hijos de siete y nueve años se enteren de su preocupación.

Siria dejó de publicar estadísticas económicas hace un año, lo que dificulta una evaluación del impacto de los disturbios sobre la economía. Pero las exportaciones de petróleo a Europa se cortaron, con un costo para Siria de 3000 millones de dólares según sus propias estimaciones. Los ingresos que deja el turismo desaparecieron y el comercio, las empresas y las industrias sufrieron igualmente las consecuencias.

"La economía tocó fondo y la sociedad está partida -dijo el activista opositor Louay Hussein-. El desempleo es altísimo. Creo que ya llegó al 80%. No hay trabajo, no hay negocios. Está todo parado?"

"Algunas personas ya no tienen plata ni para lo básico y viven de la ayuda de los demás", añadió.

Los precios se duplicaron, y los aumentos más abruptos fueron en productos de la canasta básica, como el azúcar, el arroz y la carne. Algunos dicen haber hecho acopio de víveres para sobrevivir por lo menos un mes.

En el tradicional mercado Hamidiyeh, los comerciantes hablan de la caída de las ventas. En las paredes y vidrieras de algunos negocios hay fotos recién pegadas del presidente. "Los turistas que vienen al país son apenas unos pocos, sobre todo iraníes o paquistaníes. Con eso no alcanza para que repunte el mercado", dijo un vendedor que no quiso revelar su nombre.

Esta semana, en el casco histórico de Damasco, los comercios, confiterías, restaurantes y bares estaban abiertos como siempre. Algunos llenos, otros casi vacíos. El propietario de un famoso restaurante del centro de Damasco dijo que el negocio cayó un 70% desde el inicio de las protestas. "Las cosas están muy difíciles. Basta con mirar alrededor: hoy deberíamos tener todo reservado para el almuerzo y la cena", dijo. Pero había una sola mesa ocupada.

Traducción de Jaime Arrambide

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