Bañado Norte, el barrio que retrata un Paraguay desigual
Francisco visitará hoy a algunos de los 30.000 habitantes de la villa, que lo esperan con súplicas
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ASUNCIÓN.- Mira al cielo y ruega para que no llueva. No quiere que Francisco camine hoy por los pasillos embarrados de la villa. No quiere que el río Paraguay se desborde de nuevo y tener que abandonar su casa. Asunción Giménez desea lo mismo que casi todos los habitante de Bañado Norte: que el Papa los bendiga para vivir un poco mejor.
Giménez tiene 78 años, cuatro hijos y 15 nietos. Su casa fue seleccionada para que el Papa la visite hoy, en su corto recorrido por este barrio pobre de 30.000 habitantes, a unos siete kilómetros del centro de Asunción. Unos 10 kilómetros aguas abajo está el Bañado Sur, de características similares.
Ambos son un retrato perfecto del Paraguay desigual. Ese que, a pesar de ser uno de los países que más crecieron en la región, aún tiene un índice de pobreza superior al 22% y donde el trabajo precario es el que manda.
En Bañado Norte los que tienen suerte son cartoneros, crían chanchos o pescan en el río. La mayoría no tiene trabajo, y conseguir uno será una de las tantas súplicas para Francisco, que dejó para el último día de su gira por América del Sur la visita a este barrio.
"Le voy a pedir para que mis hijos tengan trabajo, para que ayude a mi nieto enfermo y para que podamos vivir más tranquilos", cuenta Giménez a LA NACION, en el patio de su casa. La mujer, oriunda de Paraguarí -a 150 kilómetros de la capital paraguaya- vive desde hace más 60 años en el barrio. Dice que en todo este tiempo nunca vivió algo así. "Me siento bendecida porque Dios eligió al Papa para que llegue a mi casa y me dé la bendición", agrega.
Giménez ya hizo las compras. Le convidará a Francisco mate "como toman los argentinos", y no tereré. También preparará en unas brasas un mbejú, una sopa tradicional paraguaya que es una de las preferidas del Papa.
Luego de la visita a la casa de Giménez, está previsto que Francisco visite la de su sobrina, Carmen Sánchez. "Yo le quiero pedir al Papa tres cosas: que haya trabajo, salud y, sobre todo, unión, porque en el barrio parece que somos extraños", cuenta la mujer, de 46 años.
La casa de Sánchez está ubicada en un pasillo angosto, justo detrás de la capilla de San Juan Bautista, que desde hace días tiene al lado un escenario, donde se espera que el Papa hable.
El público lo escuchará de pie en una modesta canchita de fútbol, que por las lluvia de estos días está totalmente embarrada. "Va a estar llenísimo. Calculan que van a venir entre 8000 y 10.000 personas", detalla María Josefina Chamorro, coordinadora de la capilla.
Detrás del escenario, los organizadores del Papa colocaron unos paneles de vinilo con cartas de chicos de ambos bañados. "Te pido para que mi mamá salga de la cárcel", "Santo Padre haz que mi casa y mi escuela no se inunden más", "Te haré una pregunta: ¿por qué los niños de la calle sufren si Dios ayuda y quiere a todos?", se lee en las cartas.
Son los pedidos de un barrio que sufrió mucho, sobre todo hace exactamente un año cuando el Río Paraguay se desbordó y afectó a cerca de 200.000 personas en todo Paraguay. Muchos vecinos de Bañado Norte tuvieron que vivir durante semanas sobre una avenida cercana.
"Esperemos que el tiempo ayude porque esto es algo único, histórico. Deseo que su visita ayude a que el barrio pueda recuperar la fe, ya que muchos la han perdido", cuenta Lucía Arraujo, de 46 años, mientras muestra la imagen del Papa de plástico que compró hace poco.
Arraujo, al igual que varios habitantes del barrio, pintó la fachada de su casa especialmente para la ocasión. Un día antes de la visita del Papa se ven grupos de obreros que hacen revoques, pintan paredes y reparan algunos techos. Las obras son posibles gracias al dinero aportado por las donaciones de la gente, mientras que la municipalidad de Asunción se ocupa del drenaje de la principal calle que atraviesa el barrio.
Sin embargo, por ahora no fueron de gran ayuda. Cada vez que llueve las calles se transforman en un lodazal. Con la pelota en la mano, José, de 9 años, espera que se seque la canchita de fútbol para poder jugar con sus amigos. Cuenta a LA NACION que la visita del Papa lo pone contento. "Tengo muchas ganas de verlo y tocarlo. A mí me dijeron que es el papa de los pobres, y acá somos todos pobres."


