Bob Kerrey: sobre héroes y tumbas
Por Mario Diament
1 minuto de lectura'
MIAMI.- A 26 años del fin de la guerra, el fantasma de Vietnam sigue hostigando la memoria de los norteamericanos. Tal vez porque toda esta trágica aventura careció siempre de justificación moral y terminó, para colmo, en una derrota es que las heridas no terminan de cerrarse. Cada tanto, una nueva historia emerge de su sepultura y demanda un examen de conciencia.
La más reciente de estas abluciones provino del ex senador demócrata Bob Kerrey, un ex combatiente distinguido con la Medalla de Honor, la más alta de las condecoraciones militares, quien fuera gobernador de Nebraska y candidato a la presidencia en 1992 y es actualmente presidente de la prestigiosa New School University de Nueva York.
Treinta y dos años atrás, el 29 de febrero de 1969, Kerrey, entonces un teniente de 25 años a cargo de un grupo de elite de la Marina, fue despachado con seis hombres a una misión en el villorrio de Thanh Phong, en el delta del Mekong, donde informes de inteligencia indicaban que iba a tener lugar una reunión del Vietcong.
La operación le valió una Estrella de Bronce por lo que la citación describió como "logros heroicos", señalando que 21 Vietcong fueron muertos y se capturaron o destruyeron armas enemigas.
Un secreto tormentoso
Pero la última semana, sabiendo que The New York Times y el programa "60 Minutos" de la CBS iban a publicar una versión considerablemente diferente de lo que sucedió ese día, Kerrey llamó a una conferencia de prensa para confesar que los presuntos Vietcong asesinados en Thanh Phong habían sido en realidad mujeres y niños. "Por más de tres décadas, he cargado este profundo recuerdo privado con un tormento que las palabras no pueden expresar adecuadamente. Otros me lo han justificado militarmente, pero yo no he sido capaz de hacerlo ni militar ni moralmente", dijo Kerrey.
Su descripción de los sucesos, sin embargo, difirió sustancialmente de la que ofreció Gerhard Klann, otro de los participantes de la acción y el más experimentado del grupo. Mientras Kerrey presentó todo el incidente como un desafortunado error, diciendo que los disparos se hicieron a la distancia y en la ignorancia de que los únicos habitantes del villorrio eran mujeres y niños, Klann sostuvo que se trató, en realidad, de una ejecución deliberada, donde las mujeres y niños fueron concentrados en la plaza del poblado y asesinados a sangre fría.
Los restantes miembros del grupo coinciden con la versión de Kerrey, pero una mujer que sobrevivió a la masacre hizo un relato similar al de Klann, y el hecho de que los cadáveres hayan sido encontrados en un grupo parece indicar que se trató más de una redada que de un ataque a distancia.
Mea culpa
Poco tiempo después de los sucesos de Thanh Phong, Kerrey resultó herido y perdió dos tercios de la parte inferior de su pierna derecha. Regresó a los Estados Unidos convertido en un héroe y tuvo una discreta actuación en el creciente movimiento de oposición a la Guerra de Vietnam antes de decidirse por la política. Su actuación pública fue siempre impecable. Mientras su terrible secreto lo consumía por dentro, según admitió, por fuera lucía como un ejemplo de virtud.
Como era de esperar, el mea culpa de Kerrey provocó un intenso debate sobre la responsabilidad individual en tiempos de guerra. Muchos veteranos de Vietnam acusan a la prensa de magnificar el episodio, sosteniendo que toda situación de combate está llena de zonas grises y que la primera responsabilidad de un comandante es hacia su tropa. Pero otros advierten que los Estados Unidos no pueden exigir moralidad al resto del mundo y al mismo tiempo juzgar sus propios crímenes con elástica indulgencia.
Lo cierto es que crimen o accidente, por treinta años Bob Kerrey vivió una mentira. No tuvo reparos en sacar a relucir su status de veterano para apoyar su fallida campaña presidencial y fue nuevamente su presunta estatura moral la que le permitió plantarse en el podio del Senado y acusar al presidente Clinton de ser "un mentiroso inusualmente eficaz".
"Mostradme un héroe y os escribiré una tragedia", dijo alguna vez F. Scott Fitzgerald. Sin saberlo, estaba resumiendo la paradoja de Bob Kerrey.


