Brasil: el cambio en el mapa político e ideológico
Por Rodrigo Mallea Para lanacion.com
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Dos hechos importantes sucedieron en el transcurso de las últimas semanas en la política brasileña que modificaron el mapa político e ideológico en Brasil ocho meses antes de las elecciones presidenciales que se celebrarán el 3 de octubre.
El partido Demócrata (DEM) –antiguo PFL, y principal exponente de la derecha brasileña– no sólo perdió su única gobernación sino que está al borde de perder la estratégica intendencia de San Pablo. Al mismo tiempo, el último congreso del gobernante Partido de los Trabajadores dio síntomas de querer retomar sus viejas banderas de izquierda con el afán de implementarlas durante una eventual presidencia de su actual candidata, Dilma Rousseff.
El DEM, en caída libre. Con los ocho años del PT al frente del gobierno nacional, el DEM perdió una considerable influencia, especialmente en el nordeste brasileño, cuyo tradicional electorado le fue arrebatado por los programas sociales de Lula.
En la actualidad, el DEM se encuentra en su peor momento tras el escándalo que protagonizó en el Distrito Federal su único gobernador, José Roberto Arruda.
A esto se le suma el reciente fallo del Tribunal Regional Electoral en contra de Gilberto Kassab, intendente del estratégico estado de San Pablo, acusado de haber recibido donaciones de campaña ilegales, contribuyendo a dañar enormemente la imagen de la segunda figura política más importante del DEM y dejando su alianza con el PSDB –el principal opositor del gobierno de Lula– sumamente comprometida.
Es cierto que partidos como el PSDB, PT o el PMDB han protagonizado escándalos de corrupción, pero su base política y electoral es infinitamente más sólida que la del DEM, que sistemáticamente perdió influencia política desde la redemocratización brasileña.
El giro a la izquierda del PT. Al mismo tiempo que se desangra la derecha, el último Congreso Nacional del PT, celebrado el 20 de febrero último, fue signado por las sistemáticas enmiendas que realizaron las bases duras del partido sobre las moderadas propuestas de la Mesa Ejecutiva del PT, que llevaba la impronta moderada y pragmática del "lulismo".
El sector duro del PT explicitó las intenciones del partido tendientes al control de los medios de comunicación; la adopción de un "índice de productividad" que abra camino a la expropiación de tierras improductivas; la "descriminalización" de la protesta social (un guiño al Movimiento Sin Tierra, que últimamente realizó ataques violentos sobre propiedades privadas); el aumento del impuesto a las ganancias, y la creación de una comisión para la revisión de los crímenes cometidos durante la última dictadura militar brasileña, que a principios de año produjo una crisis política en el gobierno de Lula.
El segundo síntoma del giro a la izquierda del PT está en el nombramiento de Marco Aurelio García, el "asesor especial" de Lula en relaciones internacionales como coordinador oficial de la campaña de Rousseff. Sin ser un funcionario de la cancillería brasileña (Itamaraty), García es uno de los máximos exponentes del sesgo anti-norteamericano de la política exterior brasileña y uno de los mayores defensores de la Venezuela de Hugo Chávez, cuyo régimen justifica en cada oportunidad que se le presenta.
El tercer síntoma del giro del PT hacia una izquierda hermética fue signado por el rechazo de las bases de incluir al PMDB como "aliado preferencial" para las elecciones presidenciales, lo que supuso un gran traspié en la política de Lula, consistente en cederle cargos a la gobernación en distintos estados a cambio de su apoyo por Rousseff.
De esta manera, la idea de que Rousseff supondría un tercer mandato de Lula –algo anhelado por un sector considerable del electorado, junto a inversionistas y empresarios nacionales y extranjeros– está comenzando a plantear más dudas que certezas.
Al ser tan minoritaria, el ocaso de la derecha en la política brasileña no supone una modificación fuerte del escenario político-electoral, y el impacto de la corrupción del DEM sobre la alianza con el PSDB promete ser mínimo, ya que el PT aún no ha logrado quitarse el estigma del mega escándalo de corrupción del "mensalao" (2005), que alcanzó a toda la cúpula partidaria y que aún continúa tramitándose en la justicia brasileña.
El retorno del PT hacia una izquierda ortodoxa, en cambio, supone una considerable modificación del tablero político brasileño, por su condición de partido gobernante y con una candidata que tiene altas probabilidades de alcanzar la presidencia.
No obstante, la propuesta más perjudicada ante este giro ideológico alejado del "lulismo" en un año electoral puede ser el propio PT, ya que, en los últimos años, el electorado brasileño se caracterizó por el voto de propuestas moderadas, algo que el PSDB puede aprovechar ubicándose como una alternativa de centro-izquierda, dejando al PT como una propuesta de vieja izquierda cuyas propuestas fueron derrotadas en 1989, 1994 y 1998.
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