
Brasil: la droga crea un "Estado paralelo"
El ministro de Justicia admitió que los narcotraficantes juzgan y realizan ejecuciones en las principales ciudades del país
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SAN PABLO.- El ministro de Justicia de Brasil declaró ayer que el narcotráfico se convirtió en "un Estado paralelo" en ciudades como San Pablo y Río de Janeiro, mientras continúan llegando manifestaciones de repudio de todo el mundo por el asesinato brutal del periodista de la TV Globo, Tim Lopes, a manos de traficantes de drogas.
"Los narcotraficantes de Río de Janeiro promovieron una verdadera acción de Estado cuando apresaron, juzgaron y ejecutaron al periodista Tim Lopes ", declaró Miguel Reale Junior, titular de la cartera de Justicia. Para el ministro, Brasil tiene que concentrarse ahora en "eliminar ese Estado paralelo creado por la criminalidad". Pero admitió: "No es algo para hacer del día a la noche".
La acción de ese "Estado paralelo" explica los altísimos niveles de violencia de las mayores ciudades brasileñas. En San Pablo son asesinadas entre 40 y 50 personas todos los fines de semana como consecuencia, en parte, de los crímenes de la droga. En Río de Janeiro, tres barrios ya superaron el índice de asesinatos de Colombia, donde la tasa es de 80 víctimas cada 100.000 habitantes.
La idea del Estado paralelo creado por el narcotráfico es casi obvia cuando se visita una favela brasileña. Durante una visita a la favela de la Rocinha, la mayor de América latina, ubicada en Río de Janeiro, este cronista percibió que el tráfico vence en esos asentamientos de los morros porque no sólo crea un Estado perverso, sino porque también ocupa el lado de la asistencia social, que el Estado brasileño abandonó. En las favelas es el narcotráfico el que construye las canchas de fútbol, el que consigue los medicamentos -robándolos o con dinero sucio- para los favelados que lo necesitan, o quien hace justicia -por mano propia y brutal- cuando una menor es violada o un trabajador es asaltado.
En la playa de Sao Conrado, frente a la favela de la Rocinha, no hay robos. El Estado no delegó allí policía, pero los narcotraficantes se encargan de implantar un régimen de seguridad estricto, porque ésa es la playa de los "jefazos". No sólo es un Estado paralelo, sino también dictatorial.
El "riesgo Brasil"
Ayer, la columnista del diario O Globo Miriam Leitao escribió: "El Estado perdió el control sobre parte del territorio brasileño... (En las favelas) la ley, el orden, el distribuidor de los servicios básicos a la población, el creador de empleos, la autoridad constituida son otros".
Leitao, especialista en economía, no suele escribir sobre temas sociales. "Discúlpenme si no hablo del `riesgo Brasil´ medido por el JP Morgan -escribió-. Es que el asunto que nos ocupa la emoción, en todas las secciones (del diario O Globo), es el verdadero `riesgo Brasil´: el de confirmar la pérdida de parte del territorio para otras autoridades no elegidas."
Ayer, la policía confirmó que encontró un cementerio clandestino, mantenido por los narcotraficantes en una favela lindante a la de Vila Cruzeiro, donde fue asesinado el periodista Tim Lopes cuando investigaba el tráfico de drogas y la explotación sexual de menores en bailes de fin de semana, hace diez días.
En un pantano, la policía encontró decenas de zapatos flotando, de probables víctimas. Y un cuerpo que sería el de Tim Lopes, con restos de una microcámara con identificaciones de la TV Globo.
El caso sigue causando repercusión internacional. El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), César Gaviria, colombiano, emitió un comunicado en el que alerta sobre el riesgo que el narcotráfico encarna para la democracia y la libertad de expresión en América latina.
En Brasil, los candidatos en campaña para las elecciones presidenciales de octubre prefirieron concentrarse en el repudio al crimen antes que buscar responsables políticos. Luiz Inacio "Lula" da Silva pertenece al Partido de los Trabajadores, que gobierna la ciudad de San Pablo, donde el índice de criminalidad es alarmante.
José Serra, el segundo en las encuestas, pertenece al partido que gobierna el país desde hace ocho años, durante los cuales la criminalidad aumentó al mismo ritmo que la desocupación. Y Anthony Garotinho, el tercero en las encuestas, gobernó hasta hace dos meses Río de Janeiro, epicentro de actuación del narcotráfico y el tráfico de armas.



