
Brasil escala el conflicto con Estados Unidos tras el tarifazo de Trump y evalúa represalias
El gobierno de Lula calificó los aranceles del 25 % sobre las exportaciones brasileñas como un “hito lamentable”
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BRASILIA.– El gobierno brasileño decidió archivar el pragmatismo diplomático y reaccionó con dureza al nuevo frente de tormenta comercial abierto por Estados Unidos.
Tras la confirmación de que la administración de Donald Trump aplicará un arancel del 25% sobre sus exportaciones mediante la Sección 301 de la Ley de Comercio, el Palacio del Planalto señaló que la imposición del nuevo gravamen, que entrará en vigor el 22 de julio, “pasará a la historia de las relaciones entre Brasil y Estados Unidos como un hito lamentable”, al tiempo que advirtió que “no hay justificación” para la adopción de tarifas unilaterales.
La réplica de Brasilia incluyó un durísimo contraataque a las declaraciones del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, quien en la madrugada del jueves había culpado al mandatario brasileño por el fracaso de las conversaciones bilaterales al afirmar que Lula “no negoció de buena fe” y colocó “su propio ego” por delante de un acuerdo.

El canciller Mauro Vieira defendió la postura nacional revelando que el país mantuvo más de 30 reuniones bilaterales en el último año para evitar el arancel, pero acusó a Washington de buscar imponer condiciones inaceptables y apuntó que Rubio “ataca a Lula de forma grosera y arrogante con declaraciones inaceptables y ofensivas para el pueblo y el gobierno brasileño”.
“Claramente, lo que incomoda al gobierno de Estados Unidos es el hecho de que Brasil no se haya doblegado a las pretensiones desmedidas y a las demandas irrazonables presentadas durante el curso de las negociaciones. En otras palabras, exigían una capitulación”, disparó Vieira desde Itamaraty.
Por su parte, la oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR) justificó la severa medida tras concluir una investigación de un año. El representante de comercio estadounidense Jamieson Greer declaró que las prácticas brasileñas son “irrazonables” y perjudican de forma directa a los productores norteamericanos, acusando a Brasilia de “castigar a las empresas tecnológicas de Estados Unidos por negarse a censurar el discurso político” y de permitir que los productores brasileños “exploten tierras taladas ilegalmente para obtener ventajas comerciales”.
La magnitud económica del golpe comercial fue calculada por la Cámara de Comercio Americana en Brasil (Amcham), que advirtió con extrema preocupación que la tasa del 25% afectará de forma drástica más de US$ 11.000 millones en exportaciones brasileñas industriales y del agronegocio.

Según el reporte de la entidad, este gravamen sitúa a Brasil en un escenario de extrema asimetría comercial, colocándolo entre los países con las condiciones más restrictivas del planeta para acceder al mercado estadounidense. Sin embargo, buscando blindar su propio mercado de un rebote inflacionario, Washington diseñó un amplio catálogo de excepciones que exime de las sobretasas a productos sensibles de consumo masivo o industrial en Estados Unidos tales como la carne bovina, el café, el jugo de naranja, el petróleo y los componentes aeronáuticos.
Los comienzos del conflicto
El origen del conflicto comercial actual es el resultado de una escalada de largo aliento que comenzó a gestarse hace más de un año.
La disputa se inició formalmente en abril de 2025 con un gravamen original del 10%. Sin embargo, la tensión política estalló en julio del año pasado, cuando Trump envió una carta personal a Lula en la que amenazó con elevar las tarifas al 50% si no se interrumpía de inmediato el proceso judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado.
Fue esa explícita presión de Washington la que dio origen a la investigación bajo la Sección 301, un proceso que tras meses de deliberación acaba de derivar en la actual tasa del 25%, consolidando así un escenario de permanente hostilidad económica.

Para hacer frente al impacto, la contraofensiva de Brasilia se estructurará de forma inmediata en tres frentes.
En primer lugar, el gobierno iniciará los trámites para aplicar las herramientas de la Ley de Reciprocidad, aprobada por el Congreso el año pasado, que faculta al Ejecutivo a imponer barreras aduaneras equivalentes a las importaciones norteamericanas.
Además, Itamaraty acudirá al mecanismo de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para impugnar la legalidad de la medida.
Finalmente, mediante el programa “Brasil Soberano”, se inyectarán recursos de protección para los sectores productivos locales más damnificados, como la maquinaria y el calzado, mientras se acelera la búsqueda de mercados alternativos bajo los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea, Singapur y el EFTA.
En el plano doméstico, el “tarifazo” encendió una feroz batalla política con miras a los comicios de octubre.
El Planalto acusó de manera directa a la oposición de actuar en connivencia con Washington para perjudicar al país. “Es triste constatar que el lamentable desenlace de las investigaciones basadas en la Sección 301 forma parte del guion construido con la activa colaboración de la familia Bolsonaro. Son falsos patriotas que construyeron y defendieron públicamente acciones contra nuestro país, movidos por objetivos electorales”, disparó la presidencia brasileña.
El senador y precandidato presidencial Flavio Bolsonaro, por su parte, apuntó a la “irresponsabilidad” de Lula por el castigo económico. “Lula ya no tiene condiciones para ser el presidente de Brasil. Estamos en un avión sin piloto. El Biden brasileño está gruñón, es irresponsable y se ha convertido en un peligro para nuestra nación”, fustigó en sus redes sociales, alineándose con las críticas de Rubio.

Mientras la política dirime sus diferencias, las cámaras empresariales miraban con preocupación la medida. Los datos de la Confederación Nacional de la Industria (CNI) exponen que el impacto de la tensión arancelaria ya se siente con fuerza, registrando una caída del 13% en las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos durante el primer semestre, lo que afectó a 20 de los 27 estados del país.
Desde la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp) lamentaron el arancel y apuntaron también contra la diplomacia de Lula, señalando que la retórica personalista y los ruidos diplomáticos innecesarios con Washington están “minando” una alianza comercial e histórica de más de dos siglos.
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