Cameron promete medidas contra el "colapso moral"

Dijo que pondrá en marcha políticas sociales y educativas; guerra "sin cuartel" a las pandillas
Elisabetta Piqué
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16 de agosto de 2011  

LONDRES.- A una semana de la peor jornada de violencia que se recuerde en Gran Bretaña, el primer ministro David Cameron no sólo volvió a reiterar ayer que librará una "guerra sin cuartel" contra las pandillas que hay en el país, sino que prometió nuevas políticas sociales y educativas para "reparar" esa "sociedad quebrada" que quedó al descubierto en los desórdenes.

"Arreglar la sociedad quebrada es la prioridad de mi agenda", afirmó Cameron, que llamó a ponerle fin a la "neutralidad moral" que se fue difundiendo en los últimos años en el país, que dio lugar al "infierno" de la semana pasada. En un discurso en un centro escolar de Oxford, el primer ministro conservador, de 44 años, adelantó que revisará aquellas políticas sociales y educativas que, según admitió por primera vez, tuvieron que ver con la revuelta que provocó cinco muertos, 2772 detenidos, daños millonarios y que dejó en estado de shock a los londinenses y al mundo. "¿Tenemos la determinación de hacer frente al colapso moral a cámara lenta que ha tenido lugar en varias partes de nuestro país en estas últimas generaciones?", preguntó.

En lo que representa una verdadera prueba de fuego para su gobierno, criticado por el manejo del estallido social que comenzó en el barrio de Tottenham después de la muerte de un hombre negro baleado por la policía y que se extendió luego a otros barrios de esta capital y a otras ciudades, Cameron volvió a levantar la voz contra los "criminales" culpables de los desórdenes. Consciente de que en la calle mucha gente reclama "mano dura", dijo que se estaba preparando para una guerra "sin cuartel" contra las pandillas, que consideró "una gigantesca enfermedad que ha infectado calles y zonas populares a lo largo del país".

Pero también dijo que esta "guerra" deberá ir de la mano de un "contraataque" en el campo social. "Esto debe ser una señal de alarma para nuestro país. Los problemas sociales que han ido supurando durante décadas han estallado en nuestra cara", reconoció. Acto seguido, prometió resolver los gravísimos problemas que afectan a unas 120.000 familias de bajos recursos que se estima hay en el país. Al destacar la importancia de las "familias fuertes", insistió, además, en la puesta a punto de programas para alentarlas. La desintegración familiar, de hecho, fue uno de los elementos clave del estallido, según diversos analistas.

Cameron adelantó que revisará y endurecerá las condiciones para reclamar los subsidios sociales que el Estado les otorga a los desempleados, que, tal como explicó una experta a LA NACION, muchas veces son los culpables de generar un círculo vicioso que al final crea frustración y marginación. De todos modos, también prometió que se reforzarán los esfuerzos para ayudar a los desempleados a encontrar trabajo.

Habló también de la importancia de una buena educación y buenas escuelas para quienes tienen menos ingresos. Pero admitió que no había que culpar solamente a una underclass (subclase) por las enfermedades sociales de Gran Bretaña. "El declive moral y el mal comportamiento no se limitan a las partes más pobres de nuestra sociedad", dijo. Y en la misma línea que el líder de la oposición laborista, Ed Miliband, agregó: "En la crisis del sistema bancario, de los gastos de parlamentarios, en el escándalo de las escuchas telefónicas, hemos visto algunos de los peores casos de avaricia e irresponsabilidad".

"Estamos en esto todos juntos, y todos juntos vamos a reparar esta sociedad quebrada", concluyó, en un discurso en que no habló de los ajustes económicos, también considerados culpables del estallido social.

Las palabras de Cameron no aplacaron el clima político, agitado por el enfrentamiento del gobierno con la policía, que también va a sufrir recortes y que no ve con buenos ojos el endurecimiento de la represión que impulsa el gobierno, como tampoco la idea de convocar como asesor al "superpolicía" norteamericano Bill Bratton.

La decisión de contratar a Bratton alimentó cierto clima antinorteamericano que se advierte en las calles de Londres. "No lo necesitamos, nuestra policía conoce su trabajo y además hay más pandillas en Estados Unidos que acá; ¿qué va a venir a enseñarnos este tipo?", dijo a LA NACION un taxista.

En otro discurso en su vieja escuela del norte de Londres, Miliband disparó munición gruesa contra Cameron, al que acusó de buscar "respuestas superficiales", en lugar de "las soluciones duraderas" que el país necesita.

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