
Cómo viven los argentinos en Cataluña el proceso independentista
Se fueron a España por distintas razones y hoy ven de cerca y forman parte de un momento que puede cambiar el rumbo de Europa; "Si esto pasara en el país, todos estaríamos hablando todo el tiempo de esto", aseguran a LA NACION
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La voluntad tiene historia. Las ganas de los catalanes de convertirse en un Estado autónomo y de separarse de España no tienen cinco ni diez ni quince ni cincuenta años. La voluntad tiene más de un siglo. Quienes viven en Cataluña y estudian el pasado del territorio bien saben que esto ya se hablaba en la época feudal, que el primer partido independentista catalán se creó en 1922, que en 1928 la Asamblea Constituyente del Separatismo aprobó la Constitución Provisional de la República de Cataluña, y que lo que pasó en los últimos años no es más que un impulso nuevo a un deseo que data de hace mucho.
Fue en el año 2009. La crisis que atravesaba el país necesitaba respuestas y mientras que algunos la encontraban en el sector inmobiliario, otros la hallaron en España por su falta de financiación y su fuerte dependencia de la economía catalana. Entonces, se convencieron: el futuro debía ser soberano para que nunca más los errores de los demás causaran estragos.
También fue una crisis, pero unos años antes o unos pocos más, la que provocó que varios argentinos se animaran a empezar de nuevo en otro país, con costumbres parecidas pero muy distintas, como ocurrió con Mariano, Carolina, Mauro y José Ignacio, que prefieren resguardar sus apellidos.

Todos se radicaron en Cataluña por distintas razones y sin buscarlo ahora protagonizan un momento que puede marcar con filo la historia del país y de Europa.
Para Mariano, la tercera fue la vencida. Tras sobrevivir a tres intentos de tiroteo en 2002, se dio cuenta de que quería que sus tres hijos vivieran en un país más seguro; así que habló con su esposa, armaron las valijas y viajaron. Carolina lo hizo por amor. Hace casi cinco años la empresa para la que trabaja su marido le hizo la oferta de instalarse en España y él aceptó, y ella y los dos hijos de ambos ahora están en Cataluña. Para Mauro lo que importaba era la aventura. Tenía 21 años, no demasiadas responsabilidades y estaba entusiasmado por conocer Europa. Pensó que se iba por tres meses. Ya lleva más de diez años, está casado y tiene una hija. El caso de José Ignacio es similar: él se fue en el año 1981, mientras estudiaba Derecho en la UBA, junto a un grupo de amigos. Sintió que sería una buena experiencia continuar sus estudios en Europa y además el contexto argentino no lo entusiasmaba. Nunca volvió; se enamoró de una española y del lugar. Hoy, 35 años después, todo el mundo lo conoce como Iñaki.
Lo que dice la calle
Mariano no lo puede negar. Si cuando llegó a Barcelona en 2002 se encontró con tres independentistas, hoy esa cifra ya alcanza los tres mil. Sin embargo no ve afectada la convivencia. Sí está convencido de que los medios oficiales de Cataluña llevan adelante una campaña de marketing muy fuerte, pero asegura que de todos modos hay muchos españoles de otras provincias allí y que eso se vive con naturalidad. Lo que sí este empresario entiende es que el presidente de España, Mariano Rajoy , no hizo una buena gestión: "Hubo un error importante de Rajoy y es que es similar al kirchnerismo en su prepotencia. Esa fue una marca terrible para el independentismo catalán, que se enfureció y consiguió que mucha gente se subiera al barco sólo por esa actitud. Era lógico lo que planteaba pero las formas debían ser otras".

Carolina, como la argentina de 44 años que es, está sorprendida. Ella ahora trabaja en una universidad y llegó a España justo cuando la tensión independentista empezó a sentirse con fuerza y sin embargo jamás presenció un acto de violencia: "En estos años ha habido más y menos debate, pero hay una constante. No hay histeria ni sensación alguna de que esto va a explotar. Nadie ahorra en euros por si vuelve la peseta. La vida transcurre con normalidad, tranquilidad; españoles y catalanes conviven y conversan, se divierten. A veces me pregunto cómo lo hacen tan civilizadamente. No vi a nadie arrojar ni una piedra. Mi sensación es que en toda la Argentina todos estaríamos hablando todo el tiempo de esto". Pero sí admite que los independentistas no son iguales y que hay dos tipos reconocibles: "Están los viscerales que saben que la van a pasar mal pero que lo ven como algo necesario; y están los que son racionales y se muestran dispuestos a negociar con España mejores condiciones y dar marcha atrás".
Mauro es técnico en control de plagas y no comprende por qué, hace unas noches, escuchó tanto alboroto en las calles. Era lunes, el Parlamento catalán había aprobado la resolución independentista y la gente celebraba con bocinazos, con aplausos, con banderas y hasta con cacerolas. Pero para él, ni siquiera esta batalla está ganada.
Están los viscerales que saben que la van a pasar mal pero lo ven como necesario; y están los racionales, dispuestos a negociar con España mejores condiciones y dar mar atrás
E Iñaki, que desde hace años da clases en una universidad, lo entiende todo: la calma que se vive en las calles, las ganas de separarse y esa voluntad que crece años tras año y que se evidencia cada 11 de septiembre, cuando millones de catalanes se juntan para manifestarse justo en un nuevo aniversario del día en que perdieron la autonomía en manos de la Corona española y que fueron anexados por la fuerza: "En los últimos años, esa gente que reclamaba de forma pacífica y familiar soberanía empezó a reclamar independencia. Es que las aspiraciones legítimas que tienen que ver con la tradición, las costumbres, la lengua y un mayor autogobierno fueron maltratadas por un gobierno central que provocó un avance imparable del sentimiento independentista. Mariano Rajoy quiso apagar el fuego con gasolina".

Idea romántica
Por tener una lengua distinta. Por tener otros valores, otras costumbres, otra historia y otra bandera. Por un sentimiento de identidad. Estas son las razones que esbozan los catalanes a la hora de justificar su intención. Pero para Mariano, para sus amigos catalanes, la independencia es un ideal. "Acá en ningún momento plantearon nada serio. No hay pautas claras. No explicaron nada de las leyes van a crear ni qué van a hacer con las fronteras. Y encima Europa ya mostró su apoyo a Rajoy".
Mauro es bastante escéptico. Sí resalta que el país se divide entre los que están a favor del proceso secesionista catalán y los que no pero también está convencido de que no lo van a lograr: "No van a conseguir la independencia, eso está sabido. Naciones Unidas no los va a dejar. Los catalanes lo que quieren es su propia bandera. Ven que tienen dinero y piensan que con eso alcanza. No saben lo que dicen, quieren ser un país pero no saben cómo hacerlo".
Tampoco Carolina conoce bien cuáles son los pasos a seguir. Sí entiende, o intenta hacerlo, el porqué de la voluntad de separarse: para los europeos identidad y diversidad no suelen conjugarse. No al menos de la forma en que lo logró hacer América Latina. Pero insiste en que las noticias no cuentan qué tienen en mente los independentistas: "La propuesta certera del Estado no se conoce. Una de las grandes falencias de este proceso es que nadie se pregunta bien qué tipo de Estado quiere. Sí saben que será una república y no una monarquía; pero no mucho más. Por ahora esta resolución es meramente declarativa, no hay ninguna acción que permita sentir que las cosas se están moviendo de verdad". Y respecto de la pugna con España, asegura: "Al independentismo nada le viene mejor que tener un Mariano Rajoy. Hizo como que el proceso no existía, nunca intentó dialogar o acercarse. Es políticamente torpe".

Iñaki, además de adherir a la idea de que el gobierno es uno de los grandes responsables del crecimiento de la intención de desconexión, entiende que las razones sin dudas no son sólo económicas. "Cataluña fue anexada al territorio español en 1714 cuando fue derrotada por el Ejército. Durante los 40 años de la dictadura de Franco, la región fue perseguida de forma brutal con la prohibición del uso de la lengua. Muchos fueron presos por hablar en catalán. Además, sus instituciones son distintas y sus deseos también: Cataluña tiene una tradición republicana y está hastiada de pertenecer a la monarquía".
Un futuro poco claro
"Esto realmente va a pasar". "Los catalanes en verdad van a ser un nuevo país". Las frases pueden escucharse pero no confirmarse. Mariano, a sus 43 años, está prácticamente decidido: no hay razones para que suceda, no es necesario que suceda. Sin embargo, Mauro tiene otra idea en la cabeza: entiende que la independencia no parece viable, pero se pregunta y hasta se preocupa por los posibles cambios: "Todos los extranjeros que conozco dicen que si Cataluña se independiza, se van a Madrid o a Valencia, porque al quedar fuera del euro, al volver la peseta, las cosas cambian. Además, lo que los catalanes saben es que si se van los extranjeros, va a haber más trabajo para ellos. Yo creo que esta también es su intención; están cansados de que haya tantos inmigrantes".

Carolina está convencida de que el problema no son los extranjeros, pero también sabe que la independencia trae aparejadas muchas más consecuencias que las que podría sufrir un mapa. "Desde lo legal pareciera que hay que quebrar y vulnerar normas muy importantes para llevar a cabo esta acción. Pero es cierto que todos los países nacen cuando quiebran leyes. Sin embargo, el contexto europeo y el español no habilitan a pensar que haya razones para hacerlo". Sobre su propio futuro, aclara: "Es posible que nos afecte mucho en todo sentido. No sé qué decidirán hacer las empresas multinacionales. Estoy convencida de que Barcelona es una de las mejores ciudades del mundo. A mí me gusta vivir aquí. La calidad de vida, la calidad de la gente. Y si hubiese un plebiscito hoy no sé qué pasaría. No sé si ganaría el independentismo".
Es posible que suceda y yo, desde mi lugar, respetaré la voluntad soberana. Entiendo los motivos que impulsan a los catalanes a reclamar la independencia
Sin embargo, Iñaki tiene más fe. Para él, aunque falte mucho, la independencia es posible aunque ve que el pueblo está dividido en dos partes casi iguales: los independentistas y los unionistas. "Es posible que suceda y yo, desde mi lugar, respetaré la voluntad soberana. Entiendo los motivos que impulsan a los catalanes a reclamar la independencia. Y creo que si esto ocurre va a haber muchos cambios: va a haber mayor agilidad en el quehacer cotidiano, en la recaudación. Cataluña entrega más dinero a España del que recibe, y eso afecta directo en los impuestos, en los servicios. Por eso vivir aquí es más caro que en el resto de España. Sin embargo, hablar de esto es hablar de un vacío que nadie sabe cómo se va a gestionar en el día a día. La situación es complejísima".
El 20 de diciembre España elige presidente y la decisión que tome entonces el país será conclusiva para el rumbo que adquiera la voluntad separatista de Cataluña.
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