
Christine Keeler
Espías y sexo en los 60
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1963
A los 16 años, Christine Keeler se fue de su casa para alejarse de un fastidioso padrastro y convertirse en camarera nudista del club nocturno Murrays, del Soho londinense. Allí conoció a la modelo adolescente Mandy Rice-Davis, compañera de trabajo, y a Stephen Ward, osteópata que solía frecuentar el ambiente de los ricos y famosos de la capital británica.
Entre ellos estaban Roger Hollis, jefe del MI5 –el servicio de inteligencia interno inglés–, y Lord Astor, en cuya casa de campo en Berkshire, durante una fiesta ofrecida una calurosa noche de julio de 1961, Keeler y John Profumo, secretario de Guerra del primer ministro conservador Harold Mcmillan, se vieron por primera vez.
Los jugueteos alrededor de la piscina de la mansión dieron paso a un fogoso romance que sólo hubiera llenado las páginas de chismes de los tabloides británicos –Profumo estaba casado con la actriz Valerie Hobson– si no hubiera sido por un factor extra: por ese entonces, Keeler mantenía otra relación íntima con Eugene Ivanov, agregado naval ruso en Londres, cargo que en realidad era una pantalla de su verdadera misión: ser espía de la Unión Soviética.
El escándalo estalló en 1962 y conmovió al país y al mundo. Tenía todos los ingredientes para hacer correr ríos de tinta: sexo y política en plena Guerra Fría y en el swinging London de los 60.
Al principio, Profumo negó el affaire. En marzo de 1963 declaró ante la Cámara de los Comunes que Keeler y él eran "sólo amigos", pero diez meses más tarde regresaba al Parlamento para confesar "con gran remordimiento" que había mentido para proteger a su esposa y su familia. Y renunció.
El caso tuvo otras consecuencias: Rice-Davis admitió haber recibido dinero de lord Astor a cambio de sexo; Ward fue acusado de manejar una red de prostitución y se suicidó antes de enfrentar un juicio; a Ivanov lo llamaron de urgencia a Moscú y nunca más se supo de él. Keeler, en tanto, fue condenada a nueve meses de cárcel por perjurio y obstrucción de la justicia.
2004
Keeler huyó hacia España, hasta donde la persiguió la prensa, ávida de nuevas revelaciones. Christine regresó luego a Gran Bretaña y vendió su historia al diario Express. Se casó dos veces; tuvo dos hijos, Jimmy y Seymour, uno con cada marido. Pero desde 1978 no se le conoce un acompañante fijo.
Tuvo altibajos económicos; probó con diversos empleos bajo otro nombre, Sloane, para evitar preguntas sobre su pasado. Vendió publicidad para revistas, fue recepcionista y, en 1995, celadora en una escuela de Londres. Cuando el director descubrió quién era, la despidió sin más vueltas. Luego se mudó a una casa sobre el mar y vivió como pensionada, en el silencio más absoluto, hasta que vio por televisión las audiencias del caso Monica Lewinsky y cómo –según ella– el poder siempre conspira para destruir a las personas que constituyen una amenaza, hecho que la decidió a escribir su autobiografía, titulada "Por fin, la verdad".
En el libro, cuenta que fue usada como chivo expiatorio para ocultar un círculo de espionaje anglosoviético y las debilidades del servicio de seguridad británico, acusa a Ward de ser un agente de Moscú que le exigió obtener información de Profumo sobre la ubicación de las cabezas nucleares en Alemania occidental y afirma que el ex ministro de Macmillan la dejó embarazada, por lo que debió someterse a un aborto. Actualmente, Christine vive prácticamente recluida en su casa del norte de Londres. "Hasta un criminal tiene derecho a una nueva vida. Pero se aseguraron de que yo no la tuviera. Nunca dejaron de llamarme «prostituta». ¿Cómo se puede vivir con eso? Sobre mis espaldas llevé las culpas de toda una generación", dijo.
¿Qué pasó con los otros protagonistas del escándalo? Profumo cultivó un bajo perfil y se dedicó a las obras de caridad, una "conversión" recompensada por la reina en 1975, que lo nombró comandante del imperio británico, y elogiada por la primera ministra Margaret Thatcher, que lo llamó "héroe nacional". Por su parte, Rice-Davis vive en Estados Unidos, donde disfruta de sus nietos.
Mientras el hijo de Profumo prepara un libro sobre la versión de su padre de la historia, los documentos oficiales del caso permanecerán cerrados hasta 2046. Sólo ese año se podría escribir el capítulo final de una historia apasionante, reflejada en 1989 en una película de Michael Caton-Jones que no podía llevar otro título: "Escándalo".






