Comandos de Salvamento, los ángeles solitarios de El Salvador
José Cabezas, fotógrafo de El Salvador, nos muestra la violencia cotidiana en un país donde los jóvenes se debaten entre las pandillas y los que se juegan la vida para ayudar
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SAN SALVADOR.- “No me quiero morir”, repite constantemente un joven que los socorristas de Comandos de Salvamento luchan por mantener con vida. “¿Cómo te llamas?, ¿tienes familia?, ¿cuál es el número telefónico de algún familiar?”, preguntan los voluntarios para mantenerlo despierto mientras lo trasladan en una ambulancia. Esteban, un presunto pandillero de 17 años, fue llevado por personas que lo recogieron en la calle cuando pedía ayuda tras haber recibido 4 disparos al intentar robar un comercio y asesinar al dueño del negocio del centro de San Salvador, y a pesar de cometer un hecho delictivo, lo llevaron a la base de Comandos de Salvamento para que lo atendieran. La ambulancia llega a su destino luego de sortear el caótico trafico de la capital y, a pesar de haber perdido mucha sangre, Esteban se salva. La policía ya lo esperaba en el hospital y lo custodia. Los jóvenes socorristas proceden a limpiar la camilla antes de retirarse del hospital: es sólo una emergencia más en un día cualquiera.
Vivir en El Salvador no es fácil. Ser joven en El Salvador no es fácil, y los números son contundentes: el país registra un promedio de 12 homicidios diarios. En 2015, registró un récord de 103 homicidios por cada 100.000 habitantes, una de las tasas más altas del mundo según las Naciones Unidas. Pero detrás de la frialdad de los números existen historias que cuentan lo duro que es sobrevivir a diario, donde siendo joven y estar en el momento y el lugar equivocado puede ser mortal; todo es cuestión de decisiones: no usar los zapatos equivocados, no cruzar el barrio equivocado, no jugar al fútbol en la cancha equivocada…decisiones que son triviales para cualquier joven en el mundo, en El Salvador son de vida o muerte.
Sin espacios para la recreación, posibilidades de desarrollarse y acosados por las pandillas en los barrios y escuelas, muchos jóvenes deciden emigrar a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.
Otros han encontrado refugio en el cuerpo de socorro Comandos de Salvamento, desde donde brindan un servicio altruista a la comunidad y son testigos de una violencia siempre en aumento.
Para poder evitar la muerte, unos 2000 jóvenes han decidido vestir el uniforme amarillo de Comandos, una institución con 56 años de existencia y con una amplia experiencia en operaciones de rescate en terremotos, huracanes, accidentes de tránsito y atención de víctimas por violencia.
Comandos de Salvamento, que mantuvo un papel protagónico durante la guerra civil entre 1980 y 1992, nunca había registrado un atentado directo contra un miembro de la institución mientras ejercía sus labores.
En abril, supuestos pandilleros irrumpieron en la base de Comandos en la ciudad de Quezaltepeque y acribillaron a balazos a Erick Beltran, un voluntario de 14 años que prestaba servicio en su comunidad sin que se conocieran los detalles del homicidio, mientras los otros jóvenes salvaron su vida de milagro.
El servicio que los jóvenes brindan para la comunidad no es garantía para resguardarse de la violencia. En la actualidad la atención de emergencias se ha vuelto muy peligrosa para los rescatistas debido al control que tienen las pandillas en los barrios.
Los socorristas denuncian que los pandilleros detienen a las ambulancias a punta de rifle para supervisar quienes las ocupan y en otros casos han sido obligados a apagar las sirenas para evitar ser confundidos con la policía.
Muchos de estos jóvenes han abandonado sus hogares, situados en zonas bajo el control de las pandillas, para vivir en las precarias condiciones de la base de la institución. Ahí duermen en catres, aguardan turnos, comparten la comida y cuando hay espacio salen a jugar fútbol.
Mas allá de la situación violenta que vive el país y de la estigmatización que sufren los jóvenes en El Salvador, hay cosas buenas que deben destacarse, el esfuerzo de Irving, Joel, Alcides, Brayan, Brandon, María y muchos más que luchan por aferrarse al servicio comunitario tratando de salvar vidas para salvar la propia.
Texto y fotos de José Cabezas
Edición fotográfica de Dante Cosenza
















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