Cómo comprar un castillo en España

Adquirir una histórica construcción medieval no cuesta tanto como parece
Adquirir una histórica construcción medieval no cuesta tanto como parece
Silvia Pisani
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27 de enero de 2002  

Madrid.- Salvo Máxima Zorreguieta, difícil que alguien se convierta de buenas a primeras en señor de un castillo. A menos que pruebe suerte en España, donde en los últimos años salieron a la venta un buen número de pequeños castillos, casas palaciegas, fuertes construcciones en piedra y hasta viejos conventos que bien podrían ser escenario de una película medieval.

Puestos a soñar las posibilidades son muchas y, aunque no se trata de un mercado con números precisos, sí existen referencias claras como para saber de qué se está hablando.

Desde los 400.000 dólares por los que puede accederse a una casa palaciega del siglo XVII hasta los poco más de cuatro millones que pide el dueño del espectacular castillo medieval de Batres, construido en el siglo XII, el mismo que -tres siglos después- en 1500, fue residencia y fuente de inspiración literaria para Garcilaso de la Vega, todo vale.

Y, entre uno y otro extremo, los 550.000 en que fue tasado el convento de San Bernardino, erigido en las afueras de Madrid en el siglo XVI, con su espectacular fachada de 1500 metros cuadrados. O los dos millones por una finca de ocho hectáreas con una masía -una casa de campo en piedra, fortificada y con siglos encima- en las afueras de Palamós, Girona.

Otros, en estado crítico, salen a la venta por menos de 100.000 dólares, pero con la promesa firme del comprador de restaurarlos y así salvar su valor histórico.

Consecuencia de la crisis y de la devaluación de nuestra moneda, casi todo esto hoy está a años luz de la realidad de la mayoría de los argentinos. Aunque un poco de memoria reciente refrescará que algunos de estos valores fueron similares, o hasta inferiores, a los que hace no mucho se pedían por quintas y casas de campo en las afueras de Buenos Aires.

Pero sí hay quienes compran el sueño. En el caso del castillo de Batres -a sólo 35 kilómetros de esta ciudad-, su dueño, el arquitecto Luis Moreno de Cala, admitió que había recibido a varios interesados y que estaba dispuesto a negociar el precio de venta de la espectacular construcción. Es un castillo de verdad. Con una torre de piedra de 25 metros de altura mientras que la planta de la fortaleza es de 30 por 30 metros, lleno de escaleras de caracol, galerías labradas, fosos y plantas subterráneas.

Patrimonio histórico

Como todo castillo, para trasponer la enorme puerta hay que subir por un camino empinado, hasta que, cuando la polvareda se aquieta, se ve el edificio levantado en ladrillo, sobre enormes pilares en pedernal. Hoy los dueños ocupan el castillo como segunda residencia o casa de verano. Con su escudo e inscripciones, Batres está en sus manos hace más de 40 años y ahora, admiten, se les está haciendo cuesta arriba mantenerlo.

Pero no son el único caso. En España la cantidad de castillos y palacios en la misma condición es tanta que, años atrás, se fundó la asociación Amigos de los Castillos, con el objeto de preservar semejante patrimonio histórico.

"El 90% de los que están en la zona de Madrid se encuentra ya en manos de particulares", dijo la titular de la entidad, María Agueda Castellano. Muchas de esas ventas cayeron en manos de extranjeros, puesto que ninguna legislación obliga a que estén en manos de españoles. Buena parte de ellos tienen, sin embargo, un nivel de protección que -según los casos- limita su uso comercial y desde 1949 son considerados bienes de interés nacional.

"Puede que compre un castillo fantástico a mucho menos precio del que le piden. Pero debe saber que el problema será luego mantenerlo. Los costos para tener al día esas enormes construcciones no son pequeños", advirtieron en la entidad, donde hay un catálogo de cientos de edificaciones.

Claro que todo tiene sus vueltas. Y también hay ayudas oficiales para impedir que el castillo se deteriore.

Las hay de todo tipo. En medio de la nada, en zona árida o frente a la playa. En la cima de un cerro o con una ciudad alrededor. Derruidos o en perfecto estado de conservación. Todos, con sus escudos y su historia a cuestas, abren sus puertas a quien quiera soñar con simplemente verlos.

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