Como siempre, sexo y política
Por N. R. Kleinfield De The New York Times
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NUEVA YORK.- Sigue ocurriendo. Con imprudencia, de manera desvergonzada, galantemente como si esta vez ellos pudieran de algún modo salirse con la suya. Pero no lo consiguen.
Legisladores, senadores, gobernadores, presidentes, alcaldes políticos de todos los niveles no dejan de protagonizar este culebrón repetido. Se involucran en enredos sexuales clandestinos, habitualmente encubiertos por escabrosos seudónimos en hoteles, baños de aeropuertos y sexo que se paga por hora. Con demasiada frecuencia, sus clandestinas travesuras acaban por envenenar sus carreras políticas.
Y ahora agregamos a la lista, siempre en aumento, al gobernador Eliot Spitzer, esposo y padre de tres hijas adolescentes.
"Creo que los biólogos podrán decir que esto tiene algo que ver con la selección natural la persona que gana poder se convierte en macho «alfa»", dijo Tom Fiedler, que dicta un curso de periodismo y política en la Escuela Kennedy de Harvard e investigó el escándalo que terminó con la campaña presidencial de Gary Hart, en 1987.
La relación entre la política y el sexo es historia vieja, y tal como señalan Fiedler y otros simplemente refuerza la lección del afrodisíaco del poder tal como nos la ha enseñado Shakespeare. Sus personajes protagónicos forman un elenco numerosísimo.
La súbita aparición del gobernador Spitzer junto a su esposa, Silda, es en cierta forma una respuesta a lo que sucedió en Nueva Jersey en 2004, cuando el gobernador James E. McGreevey renunció después de que se hizo público que tenía una aventura gay.
Ahora, gran parte de los escándalos más publicitados han pasado a formar parte de la historia política, desde los encuentros del presidente Bill Clinton con Monica Lewinsky hasta los no deseados avances del senador Bob Packwood con las mujeres y los lascivos e-mails enviados por el representante Mark Foley a las páginas de House .
¿Quién puede olvidar el caso del representante Gary Condit, cuya carrera colapsó cuando se reveló que había estado relacionado con una pasante que fue asesinada? ¿Y el de Wayne Hays, representante por Ohio, que renunció en 1976, cuando se hizo público que los requerimientos laborales de Elizabeth Ray no eran los de una secretaria sino los de una amante? Según las célebres palabras de la mujer: "No sé escribir a máquina. No sé archivar. Ni siquiera sé atender el teléfono".
Las actitudes sexuales transgresoras de los políticos no son exclusivas de Estados Unidos, ya que se dan regularmente en todo el mundo. Pero parecen haber alcanzado las más absurdas proporciones en este país, donde tienen las características de un infantil juego de "atrápame si puedes", en momentos en que las fronteras de la vida privada son fácilmente traspasables.
"Ahora hay mucha ansiedad por determinar qué es privado y qué es público", dijo Paul Apostolidis, profesor de ciencia política del Whitman College y coeditor del libro Public Affairs: Politics in the Age of Sex Scandals . "No es que los políticos se comporten peor. Simplemente, nos enteramos con mayor frecuencia."
Pero ¿por qué sigue ocurriendo con tanta frecuencia, si las consecuencias suelen ser tan terribles?
"No veo por qué esperamos que los políticos estén más libres de las contradicciones psicológicas típicas de los seres humanos", dijo Apostolidis. "La gente tiene actitudes autodestructivas que no son racionales."
Los psicólogos mencionan el sentimiento de superioridad que experimentan los que alcanzan preeminencia política, y que les impide prever las consecuencias de sus acciones. Y dicen que los políticos ambiciosos se sienten atraídos por el riesgo y se creen inmunes.
Emociones fuertes
Frank Farley, psicólogo de la Temple University, dijo que muchos políticos tienen lo que él denomina personalidades de tipo E, es decir, son buscadores de emociones fuertes. "La política es un terreno poco seguro", dijo. "Es todo o nada: uno gana o pierde. Y eso es lo que inspira a los amantes del riesgo a preferir ese campo de trabajo. Pero en el aspecto público, se supone que deben demostrar estabilidad y responsabilidad, por lo que esta naturaleza proclive al riesgo tiene que manifestarse más bien en la esfera privada."
A pesar del intenso escrutinio al que han sido sometidos los políticos últimamente y al constante desfile de los que son atrapados, Farley señaló que los funcionarios públicos siguen actuando de manera imprudente porque les cuesta controlar su temperamento. "Es algo muy profundo", explicó. "Algo muy difícil de frenar."
Judy Kuriansky, profesora adjunta de psicología en la Universidad de Columbia, dijo que "el sexo y el poder están estrechamente relacionados, porque son básicamente una expresión de la enorme energía de esa clase de gente".
No es raro, agregó, que los políticos hablen vigorosamente en contra de conductas en las que ellos terminan cayendo, como Spitzer. "Proyectan en otros el mal que es sintomático de su propia conducta", dijo. "Es su mecanismo de defensa. Básicamente, es una reacción inconsciente."
Algunos secretos, de hecho, tienen larga vida. Sólo en 2004, tres décadas después, se reveló que Neil Goldschmidt, que fue gobernador de Oregon en la década de 1980, había abusado sexualmente de una niñera de 14 años cuando era alcalde de Portland.
A veces se ha especulado con que algunos políticos, inconscientemente, desean ser atrapados. ¿Pero es cierto? "Nunca lo he visto", dijo Farley. "No creo que sea un factor determinante en esta gente. Simplemente, está en su naturaleza correr riesgos."
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