
Córcega: la isla que resiste al acento francés
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Impaciencia, confusión, angustia, desorden, crisis. "El Estado socialista puso en práctica, en respuesta a la Ôtregua´ del Frente de Liberación Nacional Corso, alguna apertura. Pero bajo sus contradicciones de Estado jacobino, ésta resultó insuficiente lo que aumenta el desorden actual".
Estos conceptos, que aparecen en el Prefacio a la Autonomía, editado en 1991 por la Unione di u Populu Corsu (UPC), conservan vigencia siete años después. Me llegó hace apenas un mes dentro de un paquete de documentación enviado por Fabiana Giovannini, directora de Arriti (De pie), órgano de la UPC.
Allí, junto con anunciar las elecciones regionales de marzo próximo, añadía una carta: "Persisten muchos interrogantes: ¿qué van a hacer los movimientos clandestinos durante esta campaña en que su presencia pública enfrentará más o menos dificultades (Frente de Liberación Nacional Corso Histórico, Resistenza, Frente Independentista Corso, disidentes)? ¿Qué va a hacer por su parte el nuevo gobierno francés que hasta ahora no ha anunciado nada?" La primera respuesta a sus interrogantes vino a través de la organización clandestina que nombraba primero: el Frente de Liberación Corso Histórico a través del asesinato a balazos del gobernador Claude Erignac cuando iba a un concierto. El Frente había roto la tregua quince días antes.
Para entender lo que ocurre en la isla no hay que ir muy lejos. La república de Génova, harta de la resistencia indomable de los corsos, vendió la isla a Francia por dos millones de libras en 1768. Francia pudo dominarlos, militarmente, y 20 años después la revolución hizo las paces con el líder nacional, Pasquale Paoli, y desde 1789 hasta 1794 hubo calma.
Era aparente. "Los jacobinos y Paoli no hablaban el mismo idioma. El malentendido estaba en la palabra libertad que, para los primeros, significaba libertad del individuo en una Francia centralizada, y que, para Paoli, significaba libertad para el pueblo corso de gobernarse según sus leyes bajo la protección de Francia". Todo el conflicto actual estaba contenido allí.
Bajo Francia, a Córcega no le fue bien. Primero se arruinó el comercio tradicional con Toscana y con Cerdeña. Toda la producción corsa debía ir primero a un puerto continental y pagar impuestos como mercadería extranjera. Siguió la promoción del francés en lugar del italiano y la población creció más allá de las posibilidades concretas de la isla. Se afrancesaron las clases dirigentes, se alentó la emigración y las guerras costaron muchas vidas.
Así, de 330.000 habitantes en 1900, en 1990 se redujeron a 250.000. A esto se puede sumar la diáspora que mantiene lazos con su tierra, una cifra similar. Por otra parte, el turismo, si bien alcanzó cifras colosales, no es muy rentable pues la mayoría de los viajeros vienen en agosto casi únicamente y con auto y carpa, o sea, alteran la vida isleña, deterioran y no generan trabajo ni riqueza.
En la década del 50 comenzaron, tímidamente, los primeros ensayos separatistas. En 1964 se creó el Comité de Estudios y Defensa de los Intereses de Córcega y poco después, la Acción Regionalista Corsa. Con la voladura de un puente (1966) comenzó la violencia, y si bien el cuadro es complejísimo, hay una base común: emancipación y soberanía del pueblo corso; difieren únicamente sobre los métodos para alcanzar esa meta.
Las dos corrientes son, primero, la UPC que sostiene la necesidad de educar al pueblo para llevarlo democráticamente a la autonomía, y segundo, la Lucha de Liberación Nacional que preconiza la violencia.
Mayor autonomía
El planteo de la UPC pide autonomía quedando París con el manejo de las relaciones exteriores, defensa y moneda. Para Córcega, el manejo fiscal, bancario, turístico, policía, idioma, cultura, informaciones, y, a compartir, justicia, enseñanza, comercio exterior, etc. Esto incluye la igualdad para el francés y el corso. Hoy, por ejemplo, la señalización vial es toda en francés. Los objetivos deben ser alcanzados pacíficamente (sin ser "palomas"). Su lista la encabeza Edmund Simeoni, dirigente enérgico que pasó años en prisión.
Por el contrario, Liberación Nacional y, en especial, el Frente, cree que se debe dar prioridad a la lucha y al sacrificio. Impuso así un "impuesto revolucionario", y sus sucesivas subdivisiones llevaron a ambiciones personales, "desvíos de fondos", secuestros, y la lucha, "al comienzo dirigida únicamente contra el Estado y el especulador extranjero, se trasladó paulatinamente al seno de la sociedad corsa, con corsos secuestrados, o presionados moral o físicamente inclusive contra nacionalistas, llegándose al asesinato".
Pese a todo, el planteo político en gran escala es serio y moderado: el nacionalismo corso apoyó la autonomía vasca y catalana y saludó la galesa y la escocesa. Su ideal es la integración en una Europa de las naciones y no de los Estados. Pero la violencia acecha.
Una crisis de varios frentes
En los últimos años una crisis gravísima afectó la Lucha de Liberación Nacional lanzada a un enfrentamiento que siempre temió la UPC. De ataques de la mayor grosería, las facciones rivales llegaron a la guerra abierta que causó en 1995, 15 muertos y numerosos heridos.
Las consecuencias políticas han sido desastrosas y han desacreditado en gran medida a todo el movimiento nacionalista. El Frente Habitual se disolvió en enero de 1997, Resistenza no actúa desde hace varios meses y nacieron Corsica Viva y otros grupos clandestinos. De estos, el principal es el Frente (a secas) conectado con Corsica Viva y un cuarto frente de "fundadores históricos del Frente". Aun pueden sumarse a un sector u a otro: Cuncolta Naziunalista, Corsica Nazione, Manca Nazionale (agrupa militantes aislados), Verdi Corsi (a punto de dividirse), Scelta Nova.
La mayoría de los atentados, esporádicos y, en general, no reivindicados por nadie, son atribuidos al Frente Histórico, al autodisuelto y a disidencias de alguno de los dos.


