
Crisis en el PSOE por la renuncia de Borrell
Por Fernando Mas (Especial para La Nación )
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MADRID.- Un año de abierta hostilidad de parte de Felipe González y del aparato de su partido decidieron ayer a José Borrell a abandonar la carrera por la presidencia de gobierno. El PSOE, malherido desde la derrota electoral de marzo de 1996, quedó sin un liderazgo claro. Aunque Borrell no atribuyó su dimisión a esta guerra sorda que el "felipismo" mantuvo contra él desde que ganara inesperadamente las elecciones primarias del partido el año pasado, nadie ponía en duda que fue la orfandad a la que estaba sometido lo que le empujó a la dimisión.
El motivo formal, sin embargo, fue otro de los escándalos financieros que arruinaron a los socialistas, y estalló hace unas semanas, cuando la prensa denunció que Ernest de Aguiar y José María Huguet, amigos personales suyos y ex colaboradores cuando él era secretario de Estado de Hacienda, se enriquecieron de forma irregular y ocultaron al fisco sus cuantiosas ganancias.
El caso Aguiar-Huguet, ahora en manos de un juez, salpicaba cada vez más a Borrell y amenazaba a todo el PSOE, aunque el secretario general del partido, Joaquín Almunia, insistiera hasta último momento en que había sido destapado para "salvar" al vocero del gobierno y ministro de Industria, Josep Piqué, acusado de graves irregularidades.
"La política no puede ser únicamente llegar al poder o mantenerse en el mismo", declaró Borrell ante un centenar de periodistas ayer.
"He dicho que soy un corredor de fondo y lo soy, pero no se trata de mantener la carrera a cualquier precio", agregó.
Informe escrito
Borrell explicó pormenorizadamente a la prensa su situación económica y entregó un informe escrito de sus actividades financieras y de las de su primera esposa (que invirtió un millón de pesetas en un fondo creado por Aguiar y Huguet y lo retiró con un beneficio de menos de mil dólares un año más tarde).
Durante la multitudinaria rueda de prensa lo acompañaron los diputados Cristina Narbona (su actual compañera sentimental), Luis Yáñez, Alfredo Pérez Rubalcaba y el diplomático Fernando Morán, candidato a la intendencia de Madrid en las elecciones del mes próximo.
No estuvo presente ninguno de los otros dirigentes, para quienes Borrell fue un dolor de cabeza por su insistencia en la renovación de un partido anquilosado y lastrado por la corrupción en el gobierno.
Borrell era quizás el más europeo de los dirigentes socialistas españoles. Aunque pertenece a la vieja guardia del partido (en 1975, cuando Francisco Franco se acercaba a su fin, fundó la Agrupación Socialista Madrileña junto a Javier Solana, el actual secretario general de la OTAN), era partidario de democratizar la vida interna del PSOE.
Cuando se presentó a las elecciones primarias convocadas por Almunia en marzo de 1998, los afiliados respondieron de forma inesperada: dos de cada tres votaron por él, lo que fue interpretado como una bofetada a Felipe González y al equipo dirigente.
Su dimisión, a un mes de las elecciones municipales y europeas y a un año de las generales, plantea un serio problema al PSOE, que en los últimos tiempos ha sido aventajado por el Partido Popular de José María Aznar en diez puntos en las encuestas. Si estas aciertan, la izquierda española tiene un mal futuro: también vaticinan una gran pérdida de votos de Izquierda Unida.
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