
Críticas y temor en la comunidad local
Los libaneses en la Argentina, preocupados por sus familiares, acusan a Israel
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Todos los días, sin excepción, Kamal Mohanna ingresa en la página web de la embajada del Líbano en la Argentina y revisa la lista de las víctimas de la guerra con la esperanza de que ninguno de los nombres le sea familiar. Hasta el momento tuvo suerte.
Pero no podría decirse que Kamal respira aliviado. Ni siquiera lo hace cuando escucha la voz de su padre del otro lado de la línea telefónica, desde Beirut. Fue una fatídica coincidencia la de su padre: haber ido a visitar a su familia y quedar atrapado en medio de la guerra, una guerra que, para Kamal, no tiene explicación.
"No veo ningún motivo para esta guerra; no veo un porqué. No tiene sentido", dice. Y utilizará estas mismas palabras cada vez que se refiera al enfrentamiento en Medio Oriente.
Corrida por los conflictos bélicos en su país y alentada por la nacionalidad de su abuela materna -que Kamal no recuerda si nació en Santiago del Estero o Tucumán-, en 1989 su familia decidió emigrar a la Argentina. Por entonces, Kamal tenía 12 años y no hablaba una palabra en español. Hoy, a los 29, atiende el negocio textil de su padre en el barrio de Once, y cuando habla el único vestigio de su origen es una casi imperceptible cadencia al pronunciar las erres.
Pese a que su local se encuentra rodeado de comercios cuyos dueños son de origen judío, Kamal afirma que entre él y sus vecinos la guerra no es un tema de conversación. No se trata de una cuestión de camaradería: el joven dice que, simplemente, "no hay nada de que hablar".
Kamal, que nació en Beirut, cuenta que todavía puede comunicarse a diario con su padre, aunque el contacto se hace cada vez más difícil. "Quedó en medio de la zona de conflicto. Ahora está viendo si la embajada argentina lo trae." Y su última frase se transforma en deseo.
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Con mucha preocupación. Así asegura que vive la guerra el padre Felipe Yazbek, de la parroquia San Marón, de la Misión Libanesa Maronita en la Argentina. Yazbek nació en el Líbano incluso antes de que ese país existiera como Estado. Fue hace 78 años, cuando el país todavía formaba parte de la República de Siria y faltaban 15 años para que el pueblo libanés finalmente lograra su independencia.
Desde hace cinco años, Yazbek vive en la Argentina y está al frente de la entidad religiosa ubicada en Paraguay al 800. Allá, en Medio Oriente, quedó casi toda su familia, con la que intenta mantener contacto con frecuencia.
"No es fácil. Podemos comunicarnos con mucha dificultad porque las comunicaciones están casi cortadas", se lamenta el religioso. Yazbek dice que esta guerra, que dice que le duele mucho, es una injusticia. "No se puede hacer una guerra para resolver los problemas; los problemas se resuelven con las palabras. Infelizmente hemos visto que existe mucha falta de comprensión, mucho complejo de superioridad y malas intenciones de parte de nuestros vecinos", afirma.
El padre está convencido de que el secuestro de soldados israelíes no justifica el inicio de una guerra. "No es una cosa del otro mundo que se pida el intercambio de presos. Creo que este argumento no es un argumento que convenza."
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Tampoco Fadi Kasbo, libanés de segunda generación e integrante de la juventud de la Asociación Cultural Siria, cree en el argumento de los israelíes para el inicio de la guerra.
"No es casual que ellos quieran invadir todos esos territorios. Están usando diferentes excusas, como el secuestro de estos soldados. Tampoco es una cuestión religiosa, sino un problema territorial", explica.
Fadi, que tiene 26 años, dice que toda su familia vive la guerra con mucho dolor, el mismo dolor que siente cuando se equipara al terrorismo con los árabes. "Hoy tenemos que ir por la calle aclarando que no somos terroristas", dice. Y vuelve a decir que está muy apenado por este conflicto; que día tras día los aleja aún más de sus familiares, de esos que quedaron allá, en Medio Oriente, viviendo la guerra en carne propia.
"Comunicarse con el Líbano es cada vez más complicado. Empezamos comunicándonos por Internet; después pasamos al teléfono, y ahora hablar por teléfono es cada vez más difícil." Se lo nota preocupado a Fadi, que reconoce que tiene miedo.
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