Cuba afronta 2011 como el año de la "rectificación"
El plan para despedir a 500.000 trabajadores y fomentar la iniciativa privada provoca dudas
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"El Estado hace como que nos paga y nosotros hacemos como que trabajamos." Aunque parece un chiste, esta máxima la repiten a diario varios millones de trabajadores cubanos, mal remunerados y escasamente motivados.
Pero esa extraña complicidad entre salarios irrisorios y nula productividad está en vías de extinción. En los próximos tres años, 1.300.000 empleados públicos (el 25% del total) dejarán de fingir obligatoriamente. La maquinaria estatal cubana ya no da para más. Hace unos días, comenzó el proceso de despidos en cinco ministerios. El ajuste laboral de Raúl Castro ya está en marcha.
Fue el propio presidente cubano quien mejor definió la encrucijada en la que se encuentra la isla después de cinco décadas de sistema único: "O rectificamos, o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio; nos hundimos y hundiremos el esfuerzo de generaciones enteras", declaró hace unas semanas en la Asamblea Nacional.
El golpe de timón de Raúl Castro supone el desmantelamiento de las gigantescas plantillas del sector público (donde trabaja el 85% de la fuerza laboral). El plan incluye 500.000 despidos sólo en el primer semestre de este año. El gobierno divulgó en noviembre un documento de 32 páginas denominado Proyecto de lineamientos de la política económica y social, en el que, entre otras medidas, se proponía la eliminación de las plantillas "infladas" y el impulso del trabajo por cuenta propia.
No es la primera vez que el general da un puñetazo encima de la mesa para intentar mover las fichas de dominó sin que reviente la mesa, es decir, para introducir algunos cambios en el sistema, pero sin poner en peligro su supervivencia.
Su discurso de julio de 2007 todavía resuena en la isla. Fue la primera vez que Raúl se refirió a la necesidad de emprender reformas estructurales y de concepto. Desde entonces, el impacto de la crisis económica internacional y el paso de varios huracanes devastadores en 2008 dejaron al país al borde del colapso.
La hora del cambio parece haber llegado en 2011. El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), convocado para la segunda quincena de abril (con nueve años de retraso), definirá el rumbo económico de la isla para los próximos años.
La rectificación de Raúl no va a ser, sin embargo, fácil de asumir. Hay hábitos que no se modifican de la noche a la mañana. La gran mayoría de los trabajadores que acaben en la calle no echarán de menos su salario, unos 440 pesos cubanos (22 dólares) en promedio, en 2010.
Extrañarán, y mucho, la "resolvedera", esa depurada técnica de supervivencia que consiste en llegar a fin de mes como sea. Miles de trabajadores cubanos se "apropian" cada día de todo producto del Estado que cae en sus manos. Para las autoridades, se trata de un robo de hormiga injustificable. En el lenguaje zumbón de la calle, lo que ocurre es, simplemente, un desplazamiento de bienes. Al fin y al cabo, argumentan, todo sigue estando en manos del pueblo, como reza la propaganda oficial.
Para mitigar el impacto de los miles de despidos en el sector público, el régimen ha echado la vista atrás, a los años 90, cuando la hambruna del "período especial" obligó a Fidel Castro a aceptar la irrupción de la iniciativa privada y el turismo como males necesarios.
Marginados en la última década por la enésima ofensiva centralizadora de Fidel, los cuentapropistas o trabajadores autónomos (145.000 en 2009) resurgen ahora en los planes gubernamentales como instrumento para absorber a una parte de los desempleados públicos (el resto debería reubicarse en cooperativas estatales).
La burocracia
El gobierno autorizó recientemente la apertura de licencias para 178 oficios y confía en conceder 250.000 permisos este año para dinamizar la economía y el mercado laboral. Pero el mastodonte burocrático cubano ya ha comenzado a entorpecer esa estrategia. Hasta el diario Granma , oráculo del gobierno, arremetió hace unos días contra esa "hidra con miles de nalgas" instalada en los ministerios cubanos. "Hay que desatar los nudos de la burocracia que entorpecen la entrega expedita de licencias a los trabajadores por cuenta propia", clamaba el órgano oficial del PCC.
A la autocrítica del régimen se suma el escepticismo con el que algunos opositores observan los cambios anunciados. El economista Oscar Espinosa cree que los impuestos que tendrán que soportar los cuentapropistas son tan elevados que frenarán las nuevas contrataciones. "En el fondo, el gobierno no quiere que haya desarrollo de empresas pequeñas; sólo buscan algunos cambiecitos para no cambiar nada", dijo Espinosa desde La Habana.
Para este disidente, la nueva estrategia económica de Raúl Castro bien podría bautizarse como "operación bonsái": "Tratan de que la gente busque empleo, pero sin que puedan desarrollarse". Espinosa augura otro annus horribilis para la economía cubana. "El país -explicó- necesita un reordenamiento laboral; hay muchos empleados públicos que no hacen falta, pero no se han creado las condiciones para que la medida sea efectiva; no hay, por ejemplo, un mercado mayorista para la iniciativa privada."




