Darwin y su teoría, todavía indigeribles para muchos
1 minuto de lectura'
MIAMI.- Han trascurrido 145 años desde que Charles Darwin publicó su famosa teoría sobre la evolución de las especies, pero para muchos norteamericanos la premisa sigue resultando indigerible.
Aún hoy, estados como Florida, Mississippi, Missouri, Illinois, Kentucky y Oklahoma omiten la palabra "evolución" de sus programas de estudio y algunas semanas atrás, el sistema escolar del condado de Cobb, en Georgia, fue más allá.
Sus autoridades obligaron a que todos los libros que aludieran a la teoría de la evolución llevasen un aviso que advirtiera que se trata apenas de una entre otras posibles explicaciones sobre el origen de la vida.
Entre las teorías a las que implícitamente alude la advertencia, figura de manera prominente una denominada "diseño inteligente".
El término apareció por primera vez en 1984, en el libro "El misterio del origen de la vida: un reexamen de las teorías actuales", escrito por Charles B. Thaxton, Walter L. Bradley y Roger L. Olsen.
Los autores son tres bioquímicos que se pronuncian "cristianos renacidos" y argumentan que la diversidad de las cosas vivas es tan abundante y tan compleja que no puede haber evolucionado como resultado de una proceso azaroso y gradual.
El concepto fue abrazado entusiastamente por los defensores del creacionismo, doctrina que propone una interpretación literal de la descripción bíblica del origen del mundo, como una forma de conferirle un peso "científico" a lo que, de otra manera, sería meramente una interpretación teológica.
Un "fraude" académico
El mes pasado, el distrito escolar del área de Dover, en la región central de Pennsylvania, se convirtió en el primero en los Estados Unidos que impone la enseñanza de la teoría del diseño inteligente a la par de la teoría de la evolución.
El distrito, que abarca el área rural y algunas nuevas zonas suburbanas del condado de Dover, tiene una población escolar de 2800 estudiantes.
La decisión de incorporar la nueva teoría de manera obligatoria comenzó a debatirse hace unos siete meses, por iniciativa del presidente de la comisión de programas de estudio.
El funcionario consideró: "Repetir la teoría de Darwin en exclusividad, año tras año, constituye un fraude para con los estudiantes" y propuso contraponerla a la teoría del diseño inteligente como una forma de "presentar un cuadro más balanceado".
Los críticos del "diseño inteligente", entre quienes se cuenta la Academia Nacional de Ciencias, sostienen que no es otra cosa que el viejo creacionismo en un nuevo envase.
Aunque su emergencia pueda parecer un tanto disparatada a esta altura de la evolución científica, lo cierto es que el "diseño inteligente" ha provocado una avalancha de publicaciones y trabajos académicos a favor y en contra.
Dos de los científicos que con más frecuencia son citados como defensores de esta doctrina son Michael Behe, autor de "La caja negra de Darwin" (?Darwin´s Black Box, The Free Press´, 1996) y William Dembski, autor de "Diseño inteligente: el puente entre la ciencia y la teología (?Intelligent Design: The Bridge between Science and Theology´, Cambridge University Press, 1998).
Ambos son miembros del Discovery Institute, un instituto de Seattle, estado de Washington, financiado por organizaciones evangélicas.
El mono impresentable
Behe, profesor de la Universidad Lehigh, de Bethlehem, Pennsylvania, sostiene que la bioquímica revela un mundo celular de moléculas confeccionadas con tal precisión y tan asombrosa complejidad, que no puede ser explicado meramente por medio de una evolución gradual, sino que sólo se vuelve plausible con la presencia de un diseñador inteligente, esto es, Dios.
Dembski, por su parte, profesor de la Universidad Baylor, de Waco, Texas, afirma poder probar que la vida y el universo no pueden haber sucedido por casualidad y por procesos naturales y, en consecuencia, deben ser el resultado de un diseño inteligente por parte de Dios.
Contra ellos se ha alzado Ernest Mayr, biólogo evolucionista considerado el padre de la biología moderna, quien a pesar de su avanzada edad (pues acaba de cumplir un siglo) continúa trabajando activamente en la Universidad de Harvard y no ha perdido el gusto por una buena pelea teorética.
Mayr se propone publicar un trabajo en el que denuncia la teoría del diseño inteligente como un disfraz seudocientífico del creacionismo y lo hace, según ha dicho, exasperado por el resurgimiento de las teorías creacionistas en los Estados Unidos.
"La evolución -afirmó Mayr- no es más una teoría para el autor moderno; es un hecho comprobado, tanto como que la Tierra gira alrededor del Sol."
Su afirmación puede tener el peso de la evidencia científica, pero no alcanza a persuadir a aquellos que, convencidos de que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, se resisten a aceptar la idea de que haya un mono en algún tramo de su distinguido linaje.




