De halcón a paloma, el giro de Trump en su vínculo con Xi Jinping
La misteriosa amistad del presidente norteamericano con el autócrata chino parece unilateral
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WASHINGTON.– El segundo mandato del presidente Donald Trump se ha caracterizado por algunos cambios sorprendentes en la política exterior estadounidense. ¿Quién podría haber predicho que Trump iniciaría una guerra fría con Canadá y un acercamiento con el régimen chavista en Venezuela?
Pero en muchos sentidos, la transformación más importante de Trump ha sido la de un halcón con China a una paloma. Este cambio se pondrá de manifiesto esta semana cuando el presidente chino Xi Jinping se convierta en el segundo líder extranjero —después del rey Carlos III— en recibir el honor de una cena de Estado durante el segundo mandato de Trump.

¡Cuánto hemos avanzado desde 2016, cuando Trump acusó a China de “violar” a Estados Unidos , o desde 2024, cuando dijo: " Nos están matando como país “! En abril de 2025, actuó en consecuencia al imponer aranceles elevados a China, de hasta el 145% . China respondió con restricciones a las exportaciones de minerales de tierras raras que amenazaban con paralizar la industria manufacturera estadounidense, y Trump cedió rápidamente.
Trump no solo redujo los aranceles a China (la tasa arancelaria efectiva ahora es del 23% ), sino que, aún más importante, también disminuyó las restricciones a las exportaciones de tecnología estadounidense a China. En diciembre de 2025, aprobó la venta del segundo chip de inteligencia artificial más potente de Nvidia, lo que ha ayudado a China a recortar distancias con Estados Unidos en la carrera por la IA.
Esa tregua comercial allanó el camino en mayo para una cumbre cordial entre Trump y Xi en Pekín, donde Trump le dijo efusivamente a Xi : “Vamos a tener un futuro fantástico juntos” y “Es un honor ser tu amigo”.
Al igual que con el dictador norcoreano Kim Jong Un, Trump parece no darse cuenta de que la amistad es totalmente unilateral; Xi no dijo nada sobre ser amigo de Trump. Sin embargo, como muestra de su amistad no correspondida, la administración Trump anunció en mayo la suspensión de una venta de armas a Taiwán por valor de 14.000 millones de dólares . Lo describió como una “moneda de cambio” con China, otorgando así a Pekín, por primera vez, voz y voto sobre si Estados Unidos ayuda o no a la asediada isla democrática.

Este año, Trump ha hecho regalos aún mayores a China sin proponérselo. Su innecesaria guerra con Irán, que ya lleva siete meses, ha mermado gravemente los sistemas de armamento que Estados Unidos necesitaría para combatir a China. La Oficina de Presupuesto del Congreso advierte que la reposición de los interceptores de defensa antimisiles, cuyo elevado coste ascenderá a varios años, tardará años, mientras que Bloomberg informa de que el bloqueo a Irán requiere más del 30 % de los buques de guerra de la Armada estadounidense.
Muchos de esos buques pertenecen a la Séptima Flota. El redespliegue del USS George Washington a Oriente Medio ha dejado al Pacífico sin un solo portaaviones estadounidense. Adiós al supuesto “ giro hacia Asia ” del presidente Barack Obama; Trump se está alejando de Asia.
En otra muestra de su debilidad hacia China, Trump exime de responsabilidad a Xi a pesar de los recientes informes que indican que China (junto con Rusia) ha proporcionado imágenes satelitales que han permitido a Irán atacar bases militares estadounidenses. “Básicamente hacen lo mismo que nosotros”, dijo Trump la semana pasada . “Nosotros también los espiamos”. Es cierto que Estados Unidos espía a China, pero no está ayudando a matar soldados chinos ni a destruir bases chinas.

La indiferencia de Trump ante la amenaza china se refleja en los documentos estratégicos estadounidenses. Mientras que la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump de 2017 describía a China y Rusia como las principales amenazas para Estados Unidos, el Wall Street Journal informó que Trump intervino personalmente para eliminar ese lenguaje de la Estrategia de Defensa Nacional de 2026. Ahora dice: “El presidente Trump busca una paz estable, un comercio justo y relaciones respetuosas con China”.
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 reconoce que sería perjudicial para los intereses estadounidenses que una potencia potencialmente hostil tomara el control del Mar de China Meridional, pero no menciona a China como la potencia en cuestión. De manera similar, los líderes del Departamento de Defensa apenas mencionaron a China o Taiwán en sus discursos en Asia este año.
Es difícil decir por qué Trump ha pasado repentinamente de ser un acérrimo defensor de China a un títere, y no hay garantía de que no vuelva a cambiar de actitud. ¿Quién sabe por qué hace lo que hace?
Parte del cambio se debe sin duda a la composición del segundo gobierno de Trump: los partidarios de una línea dura contra China han quedado fuera, mientras que funcionarios económicos como el secretario del Tesoro, Scott Bessent, han tomado la delantera. También influyen magnates como Elon Musk y Jensen Huang, que hacen negocios con China a la vez que donan a las causas favoritas de Trump . Parte de la explicación podría ser que Trump descubrió, durante la guerra comercial del año pasado, el alto coste de enfrentarse a China; como muchos matones, evita la confrontación si teme salir perjudicado. Por último, Trump no es precisamente un admirador de Taiwán: cree que “nos robaron nuestra industria de semiconductores”.
No quiero dar la impresión de que el giro de Trump hacia China sea del todo negativo. Siempre he creído que es imperativo evitar una guerra con China, que las guerras comerciales son contraproducentes y que los llamamientos de algunos halcones antichinos a derrocar al régimen comunista son una fantasía peligrosa. Es positivo tener relaciones estables y pacíficas con Pekín, y ambos países deben colaborar en asuntos urgentes, como la regulación de la IA.

Pero Trump está yendo demasiado lejos al intentar congraciarse con Xi sin obtener mucho a cambio. China sigue presionando a los aliados de Estados Unidos, incluyendo Filipinas , mientras brinda ayuda a enemigos estadounidenses como Irán, Rusia y Corea del Norte. Pekín también avanza a pasos agigantados en diversos sectores tecnológicos respaldados por el Estado (BYD superó a Tesla este año como el mayor fabricante mundial de vehículos eléctricos), mientras que Trump permanece distraído por su guerra con Irán y su compulsión por construir monumentos a sí mismo.
Trump está dejando a Estados Unidos peligrosamente debilitado ante el creciente desafío de China. Esto podría propiciar una cumbre más cordial con Xi, pero no beneficia los intereses a largo plazo de Estados Unidos ni de sus aliados.




