De la paz budista a guerras sin fin
Por Narciso Binayán Carmona
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En dos líneas y sin mayores precisiones, puede decirse que, para el budismo, es gracias a la bondad, a la buena voluntad para con todos los seres vivos y a la beneficencia como se llega a la virtud suprema. Es, en suma, un ideal muy parecido al evangélico.
Por otra parte, si se quiere dar una definición de "birmano" se puede empezar por tomarlo como sinónimo de budista, con todo lo que implica como norma de vida, de ética y de moral.
¿Cómo puede conciliarse esta identificación nacionalmente enraizada con la cruda realidad de la vida política de aquel país? Puede, puede, ya que la capacidad de autoengaño del ser humano no tiene límites. La leyenda lleva la fundación de Rangún a la llegada de dos comerciantes de Ceilán con cabellos de Buda a poquísimo tiempo de la muerte de Buda, hace 25 siglos. La realidad es que la ciudad es una generación más joven que Montevideo. Fue fundada en 1755.
Pero, ¿el país es budista a más no poder? Así es; la realidad se anuda con un rey ilustre, Anurudha el Grande, quien, desde su capital, Pagan, tuvo un profundo anhelo religioso. "Deseoso de conocer los textos sagrados y de apoderarse de las reliquias que se encontraban en manos del rey Mon del Pegú, después de haber recibido un rechazo de este último, que no quiso entregarle los objetos, emprendió una campaña y llevó a Pagan al rey Mon, los textos sagrados y numerosos monjes." Luego anexó Pegú (1057) y declaró el budismo religión oficial. Desde el principio mismo, Birmania comenzó su historia con una contradicción: para llegar a una doctrina de paz y amor, declaró una guerra. Casos similares abundan en el mundo y son más la norma que la excepción, pero dada esta situación, merece ser señalada.
Pese a todo, las extravagancias de este país son excepcionales. En su admirable testimonio periodístico de febrero de 1942, Eva Curie lo señaló: "Podía andar allí un hombre vestido como un cowboy del Salvaje Oeste, como un peón, como un general aliado, como un mandarín, como un bandolero de película. Todo se admitía". Era una ciudad pequeña y remota. Bien, es anécdota. No lo era, en cambio, el gigantesco apoyo que los integrantes de las tropas japonesas encontraban en la población mientras avanzaban "como locos". Pero aun así... "Oí a varias personas -y no solamente inglesas- que expresaban la opinión de que siempre y cuando los japoneses fueran rechazados y obligados a huir del país, los birmanos darían sus sampanes y su arroz a los aliados."
Torbellinos alucinantes
Nada podría ser más exacto. En aquel momento el líder nacionalista era Aung San. Nacido en 1914, secretario general y presidente de la Unión de Estudiantes de Rangún, miembro del partido Thakin, huyó en 1940 para unirse a los comunistas chinos, pero se encontró por error con los japoneses y volvió con ellos en 1942.
General, jefe del ejército birmano, pro nipón y ministro de Defensa, se desengañó de los japoneses, y cuando el contraataque inglés, ordenó embestir la retaguardia nipona (1944). Presidió las negociaciones para la independencia de su país, pero terminó asesinado (el 19 de julio de 1947). Lo sucedió U Nu, que también había sido miembro del Thakin, y su hijita (hace 53 años) es hoy la figura central de la política y de la oposición.
Varias notas al pie. Primera, victoria nacionalista: los ingleses deberían entrar descalzos como todos en los templos budistas (1917). Segunda, fundación de la Universidad de Rangún (1920), con la que nació un movimiento que sumó budismo-marxismo-nacionalismo (los birmanos fueron mucho más discriminados que los indios por los ingleses y demoraron mucho más en acceder a cargos públicos). Tercero, el nacimiento del partido nacionalista Thakin, que significa "amo", en desafío burlón a los ingleses que exigían ser llamados así. La ecuación se cerró con la búsqueda de apoyo externo: nipones y comunistas chinos.
Pero esto es una exposición más o menos coherente. La realidad es un torbellino alucinante. U Nu, que alternó el monasterio con el gobierno y terminó en el exilio; una serie de dictaduras con base militar desde 1962; la aparición de Aung San Kyi, ganadora con su Liga para la Democracia en las elecciones del 27 de mayo de 1990, anuladas, y ella con seis años de arresto domiciliario (y el Premio Nobel de la Paz); un gobierno en el exilio, en Washington; la formación de un partido único oficial.
Más las viejas guerrillas comunistas rivales y la larga duración de un enclave de chinos nacionalistas sobre la base de tropas mandadas por Li Min que intentaron sin éxito mantener un frente en el otro lado de la frontera, en Yunnan, que dio al Kuomintang una base continental junto a la isleña en Taiwan.
Se pueden y deben sumar las diversas guerrillas de minorías nacionales que rechazan el dominio de los myanma (birmanos es designación extranjera): los karén (casi 9 por ciento), los shan (7,5 por ciento y casi cien mil kilómetros cuadrados), los kachin (uno por ciento), los arakaneses (musulmanes).
Y los narcotraficantes, que dieron a Myanmar (como se rebautizó a Birmania) el primer lugar mundial en producción de opio y heroína. Los karén se singularizan por la cantidad de cristianos y por la guerrilla dirigida por dos niños. Más, por supuesto, el régimen: "La policía birmana es la mejor del mundo. Sabe antes que uno lo que va a pensar."


