
Decenas de argentinos combaten por EE.UU.
WASHINGTON.– Juan Manuel Torres, cordobés de nacimiento y texano por opción, murió en Afganistán como soldado de la 453a. Compañía de Transporte del ejército de Estados Unidos, en julio de 2004. Tenía 25 años y su padre todavía duda acerca de cómo murió, a miles de kilómetros del país que lo vio partir cuando tenía 1 año.
Por vocación, por dinero o, aunque suene extraño, por patriotismo, hay 91 argentinos que están enrolados bajo la bandera de Estados Unidos, según informó el Pentágono a LA NACION. No todos tienen la ciudadanía de este país, pero están dispuestos a combatir y morir en cualquier punto del planeta.
“Actualmente hay 52 infantes de marina nacidos en la Argentina. Ocho de ellos han sido desplegados en Irak o en Afganistán”, informó uno de los voceros del Cuartel Central del Marine Corps de los Estados Unidos, el teniente Brian Donnelly, que por razones de seguridad no aportó sus nombres. "Sólo puedo informarle que están asignados a las bases de Camp Pendleton, en California, y Camp Lejeune, en Carolina del Norte", detalló.
El resto de los argentinos bajo bandera estadounidense se reparte por todo el espectro militar, pero están registrados en otra base de datos, distinta de la usada por los marines. "Tenemos 39 ciudadanos argentinos sirviendo en el servicio activo de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, lo que incluye todas las ramas del servicio", confirmó a LA NACION uno de los voceros para el hemisferio occidental del Pentágono, el mayor del ejército Michael Shavers.
De los 91 soldados oriundos de la Argentina no todos se encuentran o han sido desplegados en un frente bélico. Algunos sólo están abocados a tareas administrativas en alguna repartición del Departamento de Defensa. Pero algunos de ellos han vivido la extraña situación de pelear como ciudadanos argentinos por otro país, que aún no es el propio, aunque desean que lo fuera. Sea en Irak, Afganistán o antes, Kosovo.
Los argentinos integran un grupo muy especial entre los militares estadounidenses. Cerca del 7% del servicio activo de este país es un conglomerado de inmigrantes con tarjeta de residencia -green cards-. Son mexicanos, en su mayoría, que arriesgan su vida para obtener la ciudadanía norteamericana sin cumplir con los plazos normales.
"La orden ejecutiva 13.269 [que firmó el presidente George W. Bush en 2002] activó la sección 328 de la Ley de Inmigración y Naturalización -explicó el mayor Shavers-. Esa sección permite que el presidente, durante períodos en los que Estados Unidos enfrenta hostilidades por parte de un enemigo externo, autorice que militares de Estados Unidos que no sean ciudadanos soliciten inmediatamente la ciudadanía."
Así, si alguno de los 83 argentinos que no están en Irak o Afganistán ahora es desplegado en una zona de combate, puede solicitar de inmediato la ciudadanía estadounidense, mientras que si se enrola durante un período de paz ,"debe tener un año de servicio honorable antes de poder solicitarla", según detalló Shavers. Es decir, mucho menos que los tres años que se requerían antes para el soldado o los cinco años que median entre la residencia de un civil y su ciudadanía.
Los nombres de los argentinos, sin embargo, no fueron desclasificados por el Pentágono por "razones de seguridad nacional", pero también de privacidad de cada uno de ellos, por lo que LA NACION no pudo contactarlos. Tanto el teniente 1º Clark Carpenter, vocero en la base Lejeune, como el sargento Nathaniel García, de la base Pendleton, repitieron la premisa: si ya se sabe algún nombre, ellos pueden coordinar una entrevista. Pero no serán ellos quienes identifiquen a un marine.
El Departamento de Defensa sólo brinda datos de sus soldados cuando éstos lo autorizan o cuando fallecen y se emite un comunicado, como el 674/04 que informó la muerte de Torres en Bagram, Afganistán.
"Hay muchas historias acerca de hombres y mujeres jóvenes que se enrolan sabiendo que eventualmente obtendrán la ciudadanía, pero que mueren antes de lograrlo. La pregunta es ésta: «¿Valió la pena ese sacrificio último?»", inquirió el analista político del liberal Instituto Cato, Charles Peña.
Torres no es el caso. Sus padres, Juan Domingo Torres y Susana Ferro, emigraron de Córdoba 20 años antes y él ya era ciudadano estadounidense cuando murió durante la Operación Libertad Duradera contra los talibanes, tras haber servido también en los Balcanes. Su familia cree que fue asesinado dentro de la base.
Para otros argentinos y miles de extranjeros, en cambio, sí representa una oportunidad. Y si ellos no sobreviven, lo será para sus familias. "La ciudadanía póstuma se entrega a los militares no estadounidenses que murieron en combate sólo si lo pide su familiar más cercano", aclaró Shavers. "La ciudadanía no se entrega de manera automática a sus familiares, pero pueden reclamar la residencia permanente como si el fallecido ya fuera un ciudadano", añadió.
Se estima que cerca de 39.000 soldados de Estados Unidos son inmigrantes, de los que por lo menos 59 han obtenido la ciudadanía póstuma, mientras que otros 14 fallecidos están inmersos en el proceso burocrático.
"Hay una larga tradición de inmigrantes que han ayudado a Estados Unidos", comentó el codirector del Centro de Investigación sobre Inmigración de la Universidad de Houston, Néstor Rodríguez. "Es difícil para los padres -agregó- porque trajeron [al país] a esos soldados siendo niños y cuando lo peor ocurre se preguntan: «¿Hicimos lo correcto al venir aquí?»."
Sí valió la pena el esfuerzo para los más de 20.000 soldados, marinos y aviadores extranjeros que juraron lealtad a la bandera de Estados Unidos desde que comenzó la llamada "guerra contra el terrorismo", más aquellos otros miles que han iniciado los trámites de naturalización desde entonces, según el vocero del Servicio de Ciudadanía y Naturalización (Uscis), Chris Bentley.
Sin embargo, una encuesta del Departamento de Defensa sobre sus estadísticas de reclutamiento en 2004 reveló que los inmigrantes dicen enrolarse por las mismas razones que los nacidos en Estados Unidos: para servir al país, para obtener dinero para su educación o para aprender nuevas habilidades técnicas. Muchos, de hecho, decidieron alistarse tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Aunque no es su país de origen, los Estados Unidos es el país que han elegido para pasar el resto de su vida o morir en el intento.
España, un caso similar
MADRID (De nuestra corresponsal).- Fue una primicia de LA NACION, que se publicó el 10 de abril de 2001: España lanzaba una fuerte campaña de reclutamiento para sus fuerzas armadas entre ciudadanos argentinos -hombres y mujeres de entre 18 y 27 años- con ciudadanía española.
Ocurría en lo peor de dos crisis de distinta magnitud: por un lado, la argentina, con una fuerte corriente de jóvenes desesperados por emigrar. En España, la de sus fuerzas armadas, con cada vez menos interés de los peninsulares por enrolarse.
La respuesta argentina fue impresionante. Tres meses después, un primer contingente de 40 aspirantes llegaba a Barajas para iniciar su vida militar. Había de todo: graduados universitarios, estudiantes, o chicos que apenas se habían iniciado en el mundo laboral. La mayoría, movidos por un atractivo: casi 600 dólares de sueldo, casa y comida, un contrato por 18 meses y crédito para pagar el pasaje. Algunos también dijeron estar interesados en la carrera militar.
Meses después, la realidad vocacional se impuso con crudeza. De 240 enrolados, el 15% había pedido la baja sin terminar el adiestramiento. Las deserciones siguieron. Pero, junto con ellas, nuevas ofertas de enrolamiento. La última, hace pocos meses. La respuesta fue mucho más tímida que en años anteriores, pero no lo suficiente como para abandonar la idea.
Básicamente se los convoca para funciones de tropa en un ejército profesionalizado. Algunos eligen servicios de apoyo, como comunicaciones. Otros, opciones tan audaces como escuadrones de paracaidistas.
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