
Sus edades van desde los 13 hasta los 38 años; actualmente presentan una gama de padecimientos crónicos y complicaciones de salud
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A tan solo unos metros de las paradisíacas playas de Cancún, nueve delfines viven en un deteriorado parque acuático que cerró hace meses. Dos hembras -Solei y Oceanía- y siete machos -Mincho, Diego, Apolo, Flex, Satu, Squalo y Salomón- pasaron la mayor parte de su vida en cautiverio y siendo explotados en espectáculos de delfinarios.
Sus edades van desde los 13 años, el más joven, hasta 38, el mayor, y actualmente presentan una gama de padecimientos crónicos y complicaciones de salud. El que está más grave es Mincho, que padece un carcinoma en la lengua, según una evaluación hecha por los especialistas de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) de México. Hace unos años, sufrió un fuerte golpe contra el concreto de una piscina al realizar un salto en un espectáculo en un hotel de la Riviera Maya. Diego perdió parcialmente su aleta caudal y sufre de una abrasión dental grave. Solei tiene pérdida de visión en ambos ojos. Y en general, todos los delfines presentan inflamaciones en las córneas y/o ulceraciones en la boca.
Los nueve ejemplares eran parte del parque acuático Ventura Park y se los usaba en espectáculos en el delfinario Dolphin Connection del mismo resort hasta hace casi un año, cuando fue clausurado por las autoridades. Desde entonces quedaron atrapados en un limbo legal y con las mínimas condiciones de supervivencia en tres estanques del parque semiabandonado.

Condiciones mínimas
Veeleaf, una organización mexicana que trabaja por la abolición de la explotación animal, monitoreó el estado de los delfines durante el último año y detectó el estrés que padecen estos animales. Algunos han sido vistos mordiendo el concreto de los estanques o permaneciendo mucho tiempo estáticos o sumergidos.

“El agua no se puso tan verde como alguna vez documentamos. Pero la última vez que fuimos [inicios de septiembre] había presencia tanto de alga como de heces de los delfines. Creemos que tienen un problema con la filtración de los sistemas”, explica Fabián Pinto, cofundador de Veeleaf, en conversación con BBC Mundo. “Los delfines siguen inmóviles, siguen sumergiéndose porque están aburridos, porque no tienen actividad. Solo están ahí, prácticamente casi todo el día”, continúa.
A eso se añade el hecho de que los delfines pasaron muchos meses sin ninguna sombra, hasta que hace unas semanas les colocaron unas franjas de malla que Pinto considera insuficientes.

Según lo que pudo verificar Veeleaf, los encargados de la empresa están en el lugar “un par de horas” para tomar fotos y el resto del día los delfines están solos. “Fuimos a diferentes horas para comprobar qué pasa y sigue todo igual”, asegura Pinto.
También vieron que usan cloro para luchar contra el crecimiento de algas, algo que va en perjuicio de la salud de los ejemplares. “Los ojos de delfines y lobos marinos necesitan del agua de mar o, por lo menos, agua que simule la salinidad del agua de mar. Porque así es como sus ojos funcionan. Si están en agua dulce, los ojos van sufriendo alteraciones”, explica la bióloga marina Gisela Heckel.

En un informe de una visita de verificación a los delfines hecha en agosto, la Profepa señaló que detectó “que la salud de tres es muy delicada, debido a su avanzada edad y sus padecimientos crónicos”, y que “en el resto de los ejemplares también se documentaron diversas alteraciones y padecimientos”. También asegura que “se hizo una mejora sustantiva en la calidad del agua” desde que sus especialistas dieron seguimiento a las condiciones del lugar. “Diariamente, la Profepa recibe y evalúa la información sobre la atención que se da a los ejemplares”, añade.
Sin embargo, Pinto señala que las visitas de los verificadores de la Profepa son mínimas y que pasan varias semanas sin que los inspectores se presenten en el lugar. La empresa Ventura Entertainment, a la que contactamos para este artículo sin obtener respuesta, y sus subsidiarias parecen no tener un plan para solucionar la penosa situación en la que se encuentran los delfines.

Atrapados en un limbo
El cierre de Ventura Park se produjo después de que el Congreso mexicano aprobara en julio de 2025 la “Ley Mincho” (nombrada así por el mismo delfín que sufrió la caída), una legislación que prohibió los espectáculos con mamíferos marinos en el país.
Pero la vaguedad de algunas partes de la ley creó algunas lagunas legales a las que se sujetaron algunas empresas con delfinarios, ya sea para seguir realizando esos espectáculos con delfines o para limitar su responsabilidad sobre los que siguen en cautiverio.

“Desde que salió la ley, muchas organizaciones celebraron que se terminara el cautiverio en México, donde hay muchos delfinarios y muchos delfines”, dice Pinto. “Pero luego de que celebraban, hubo un silencio de casi un año en el que nosotros seguimos viendo que había irregularidades. Al final, siempre se supo que esto era un ‘cementerio de delfines’”, se lamenta el activista.

Varios delfinarios siguen operando a través de amparos ante tribunales en contra de la Ley Mincho. En el estado de Quintana Roo, donde está la Riviera Maya, aún están activos 13. “En Isla Mujeres hay 100 personas interactuando con delfines cada hora durante el día. En Cozumel son 60 por hora. Llegan cruceros y de inmediato se van a nadar con los delfines, desde las primeras horas de la mañana”, explica Pinto.
La ley da de plazo hasta enero de 2027 para reubicar a los animales. Y ordena que los delfines (y otros cetáceos) sean trasladados en un plazo de 18 meses a corrales marinos (espacios abiertos conectados al mar) y no en estanques de concreto. Si eso no es posible “por la geografía en la que se encuentran dichas instalaciones”, deben ser mantenidos en instalaciones “que reciban un intercambio de agua del exterior”.
Los propietarios de los ejemplares deben costear su manutención y cuidados, según la legislación, que otorgó al gobierno federal 180 días para expedir la actualización del reglamento que debe regir la aplicación de la misma, algo que no ha sucedido. Sin el reglamento, no están claros los criterios técnicos que deben seguir las autoridades y los propietarios para gestionar a los animales en cautiverio.
Por qué liberarlos no es una opción
Liberar a los nueve ejemplares de Cancún no es la mejor opción debido a la condición y particularidades de cada uno. En primer lugar —explican expertos y ambientalistas—, porque se trata de delfines traídos de las Islas Salomón (Oceanía), por lo que sería difícil que se habitúen a los océanos que rodean México. Pero otros dos factores son aún más limitantes.

Uno es que los problemas de salud y la avanzada edad de algunos de los nueve delfines no permitirían que sean trasladados a estanques con mejores condiciones sin que se ponga en riesgo su bienestar. A esto se añade la gran dependencia hacia los humanos que han desarrollado, así como la sociabilidad propia de su especie, que hace muy complicado separarlos.
“Cuando están en cautiverio, establecen jerarquías, tienen intercambios sociales. Si es un macho, busca a las hembras en temporada reproductiva. Nacen las crías y está con la madre. Las hembras, entre todas, cuidan a las crías. Son animales muy sociales también en cautiverio. Y hay quienes se llevan con otros y quienes no”, explica Heckel. “Y ya no tienen la capacidad de capturar su propio alimento”, añade la experta, que recuerda el caso de la orca Keiko y la campaña que hubo por liberarla en la década de 1990, que terminó en la muerte prematura del animal.
Pinto señala que, más que intentar sacarlos del parque, que puede exponerlos a su muerte, se debe garantizar que “por lo menos las condiciones en las que están sean las adecuadas”.

Veeleaf lanzó una petición para que las autoridades hagan cumplir la ley para que no haya más generaciones de mamíferos en espectáculos acuáticos y que se proteja a los que quedan en cautiverio. “Que tengan una vida excelente, no menos que eso, en el lugar en el que están”, dice Pinto. Heckel, sin embargo, advierte que se requiere una campaña de financiamiento para garantizar los recursos que requiere el mantenimiento de este tipo de mamíferos que se hicieron dependientes de los humanos.

“Pueden vivir hasta 40 años en cautiverio. Son animales que en la vida libre no perduran mucho más que eso”, dice la científica. “Liberarlos sería lo ideal, lo que quisiéramos para todos los delfines. Pero ya que estamos en este problema, hay que darles la mejor vida posible en cautiverio”.
*Por Darío Brooks
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