Desde 1912, una meta imposible de lograr
Walter R. Mears Agencia AP
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CHAPEL HILL, Carolina del Norte.– La campaña del presidente Obama para reformar y mejorar el sistema de salud es un vigoroso episodio de una historia que se remonta a Theodore Roosevelt y al año 1912.
No salió bien un siglo atrás. Roosevelt convirtió al sistema de salud en un tema importante de su última campaña, que perdió, para la Casa Blanca, y los sucesivos intentos de regular ese sistema también fracasaron.
No ha cambiado el problema básico: lograr un sistema de salud asequible para todos los estadounidenses. Pero tampoco ha evolucionado, en parte porque las nuevas propuestas rara vez se edifican tomando a las viejas como base. La amplia propuesta de Obama, que le deja todos los detalles al Congreso, tiene poco en común con el proyecto de 1300 páginas que el presidente Bill Clinton ni siquiera consiguió que se votara en 1993 en un Senado demócrata.
La estrategia de Obama se articuló con la idea de evitar los errores que Clinton cometió al enfrentar al Congreso con una ley enorme, redactada en la Casa Blanca con la supervisión de Hillary Rodham Clinton, y esencialmente al decirles a la Cámara de Representantes y al Senado que la aprobaran o la rechazaran sin más. Clinton amenazó con vetar cualquier ley que no garantizara asistencia médica universal. Y no le ofrecieron nada para vetar.
El equipo de Obama ignoró parte de esa lección cuando el presidente presionó para que la Cámara baja y el Senado aprobaran una ley antes de que el Congreso entrara en el receso de verano, para que de ese modo pudieran negociar una versión final cuando reanudaran su actividad en septiembre. La presión creó una meta que los demócratas no pudieron cumplir y que engendraba el riesgo de un revés psicológico innecesario. Ahora dice que no era tan importante, y que en realidad lo que quiere es una ley de reforma para fin de año, que dé seguro médico a todos los estadounidenses y reduzca los costos médicos.
"Ahora viene lo más difícil. La historia nos lo ha demostrado claramente: cada vez que hemos estado a punto de que se apruebe una reforma del sistema de salud, los intereses afectados se han resistido con todas sus fuerzas", dijo Obama anteayer.
"Usan su influencia. Usan a sus aliados políticos para asustar y confundir al pueblo estadounidense. Empiezan a fabricar publicidad. Eso es lo que hacen siempre", agregó.
Si no logran instrumentar y aplicar un plan de reforma, Obama y el oficialismo podrían verse perjudicados en las elecciones legislativas de 2010, tal como le ocurrió a Clinton cuando los demócratas perdieron las elecciones de 1994 después del fracaso con la reforma del sistema de salud.
Un tema que afecta a todos los estadounidenses, a sus médicos, aseguradores y empleadores implica sin duda un riesgo político. Franklin D. Roosevelt quería un seguro nacional, pero, incluso con el poder que tenía en el Congreso de la era del New Deal, no se atrevió a hacerlo depender del Programa de Seguridad Social en 1935, por temor a perder el programa completo. Harry S. Truman impulsó la propuesta en un Congreso que la rechazó.
Aunque Dwight D. Eisenhower era reacio a la idea de un sistema de salud nacional, intentó que el Congreso respaldara un programa de seguros médicos para apuntalar a las aseguradoras privadas y conseguir cobertura para los pacientes de alto riesgo y para los necesitados.
El Congreso le dijo que no, dos veces. John F. Kennedy empleó el sistema de salud como tema principal de su campaña de 1960. Se concentró en lo que se denominaba asistencia médica para los ancianos. No logró la aprobación del Congreso.
Lyndon B. Johnson lo consiguió, pero aun con su legendaria pericia legislativa y la arrasadora mayoría demócrata en el Congreso después de las elecciones de 1964, le insumió más de un año de duras pulseadas conseguir la aprobación del sistema Medicare. Tuvo una dura confrontación con los demócratas conservadores, un problema semejante al de Obama.
Esa única victoria importante del sistema de salud fue una excepción en la pauta de empezar cada intento desde cero en vez de desarrollar las propuestas anteriores. Proporcionaba un seguro de salud gubernamental a los 65 años, dependiente del área de Seguridad Social. Una cobertura más amplia, algo que tanto Franklin D. Roosevelt, Truman y Johnson hubieran deseado lograr, estaba fuera de su alcance en el terreno político. Y también fuera del alcance del republicano Richard Nixon, que propuso un seguro de salud universal en 1974. La iniciativa gozó de apoyo bipartidario, pero luego explotó el caso Watergate.
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