
Desde hace 113 años, una dinastía de mujeres
De Guillermina a Beatriz, sólo hubo reinas
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Raro es que la Constitución de Holanda haga referencia a su monarca como "rey": desde hace 113 años el reino es dirigido por mujeres.
La dinastía de reinas holandesas comenzó en 1890 con la asunción de Guillermina, siguió con el reinado de Juliana y llegó hasta nuestros días con el de Beatriz.
Guillermina fue llamada la hija del milagro. Nació cuando su padre, Guillermo III, tenía 63 años y todas las ilusiones de una sucesión normal se habían disipado. Los tres hijos anteriores del rey habían muerto.
Con apenas 10 años, la princesa fue proclamada reina de los Países Bajos en 1890, tras la muerte de su padre, aunque su madre, Emma, sirvió de regenta hasta que ella cumplió la mayoría de edad, en 1898. Debido a que en Luxemburgo la ley sálica -que establece que el primer hijo varón es el heredero del trono- excluía a las mujeres de la sucesión a la corona, Holanda perdió en ese entonces al diminuto Estado.
A los 20 años, Guillermina se casó con el alemán Hendrick von Mecklenburg-Schwerin, el primer esposo de una reina al que se otorgó el título de príncipe. El matrimonio tuvo en 1909 a su única hija, Juliana.
Las dos grandes guerras que asolaron a Europa transcurrieron en Holanda bajo el reinado de Guillermina. Y a pesar de que el país proclamó su neutralidad en ambos casos, en 1940 el territorio fue invadido por las tropas de Adolf Hitler. La reina y el gobierno se refugiaron en Londres, desde donde Guillermina lanzó inspiradas arengas radiales para alentar a sus súbditos.
En 1948, tras el fin de la contienda y su regreso a Holanda, Guillermina abdicó en favor de su hija Juliana. Esta se había casado en 1937 con un príncipe alemán, Bernhard de Lippe-Biesterveld, con el cual tuvo cuatro hijas.
Su reinado se destacó por la creación del Estado de bienestar y los infructuosos intentos del Partido Laborista por volver a convertir a Holanda en una república. En 1949, la corona concedió la independencia a Indonesia y en 1975 a Surinam.
Su familia le causó algunos disgustos a Juliana. Dos de sus hijas renunciaron a la sucesión al casarse sin la aprobación del Parlamento, mientras que su marido debió despojarse de sus títulos militares en 1978, involucrado en sobornos de una compañía aeronáutica norteamericana.
Tras reinar por 32 años, Juliana abdicó en favor de la mayor de sus hijas, Beatriz, en 1980. La nueva monarca había ido a la escuela en Canadá y posteriormente estudió leyes en su país, graduándose en 1961.
Huelga de hambre
En 1966, la boda real entre Beatriz y Claus von Amsber fue la primera que se celebró en Amsterdam y la primera que se transmitió por TV. Beatriz logró contraer matrimonio con el diplomático alemán tras una huelga de hambre de tres días, ya que la unión no era deseada ni social ni políticamente: luego de la Segunda Guerra Mundial, aún persistía un fuerte sentimiento antigermánico en Holanda.
Aunque la fortuna privada de los Orange-Nassau se maneja como secreto de Estado, Beatriz es posiblemente la soberana más rica del mundo.
En 1999, la revista Forbes estimó su patrimonio en 4700 millones de dólares, una cifra que no ha sido confirmada -ni desmentida- oficialmente.
Desde que llegó al trono, la reina invirtió grandes sumas de dinero en empresas holandesas, como la aerolínea KLM o la petrolera Shell. Aunque lo más valioso es, sin duda, la extraordinaria colección de arte que exhibe en sus palacios. Posee además tierras y residencias repartidas por toda Europa.


