
Desde la prisión hasta el exilio, la suerte de los ex dictadores vivos
Algunos incluso quieren volver al poder
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Algunos gozan de un exilio dorado, otros purgan sus crímenes tras las rejas y unos pocos se siguen paseando -o casi- por la misma tierra que se vio sometida a su mano de hierro.
Los tiranos no son eternos. Hace una semana, el liberiano Charles Taylor debió dejar el poder y exilarse en Nigeria, y anteayer moría en Arabia Saudita el sanguinario Idi Amin, que sembró el terror en Uganda durante la década del 70. Ambos hechos han llevado la atención mundial hacia los ex dictadores aún vivos, que corren suertes bien distintas.
El dictador militar paraguayo Alfredo Stroessner pasa sus días en Brasil, en cuya capital vive asilado desde que fue derrocado, en 1989, luego de 35 años de haber sido amo y señor de su tierra.
Aún siguen vigentes los cargos contra él por violación de los derechos humanos, torturas y desaparición de presos políticos en las décadas del 60 y el 70, aunque los pedidos de extradición han sido denegados. A los 91 años, Stroessner dice que todavía piensa en regresar al Paraguay.
Jean-Claude "Baby Doc" Duvalier voló de Haití a París cuando su régimen cayó, en 1986. Llevaba entre sus pertenencias buena parte de la riqueza de su país. Había tomado el poder con apenas 19 años, en 1971, tras la muerte de su padre, François "Papa Doc" Duvalier. En tres décadas, el régimen familiar -creador de milicias de los Tonton Macoutes- asesinó a decenas de miles de personas.
Hay quienes dicen que Baby Doc vive casi en la pobreza, luego de que sus finanzas se deterioraron tras su divorcio de Michele Duvalier. Pero otros afirman haberlo visto en su Ferrari rojo, en la Riviera francesa.
Dictador militar marxista de Etiopía entre 1997 y 1991, Mengistu Haile Mariam reside en un suburbio exclusivo de Harare, Zimbabwe, donde disfruta de la hospitalidad de su amigo personal y presidente, Robert Mugabe. Mientras, la justicia de su país lo busca por la tortura y muerte de decenas de miles de oponentes durante la campaña roja del terror de los años 70.
Menos suerte tuvo Manuel Noriega, dictador militar de Panamá que llegó al poder en 1983 y sólo pudo retenerlo durante seis años. Alguna vez aliado de Estados Unidos -fue incluso informante de la CIA-, perdió el favor de Washington y fue capturado en 1989, cuando 25.000 soldados norteamericanos invadieron el país por orden de George Bush padre. Hoy Noriega cuenta las horas en una cárcel de Florida, donde cumple una condena de 40 años por tráfico de drogas, estafa y conspiración.
Un destino parecido podría esperar al ex presidente yugoeslavo Slobodan Milosevic, que desde 2002 enfrenta ante un tribunal de La Haya más de 60 cargos por genocidio, crímenes de guerra y en contra de la humanidad, todos por el conflicto de los Balcanes. Por ahora, el proceso está suspendido: Milosevic tiene presión alta y los médicos han advertido que podría fallarle el corazón.
Problemas de salud
Quienes se han salvado de rendir cuentas de sus actos a la Justicia por su precario estado de salud son dos ex dictadores que no han buscado el exilio: el chileno Augusto Pinochet y el eterno mandamás de Indonesia, Suharto.
Una corte chilena decidió en julio de 2001 no juzgar a Pinochet, entonces de 85 años y acusado de 75 casos de secuestro y asesinato ocurridos en el inicio de su régimen, que se extendió de 1973 a 1990. Las razones: pérdida de memoria y demencia senil.
Dueño del poder en Indonesia durante 32 años, hasta 1998, y de una de las fortunas más grandes del mundo, Suharto fue enjuiciado en 2000 acusado de robar al Estado más de 550 millones de dólares, pero a los 79 años los médicos lo encontraron física y mentalmente no apto para enfrentar el proceso. Cuando se lo vio el año pasado hablando animadamente en la boda de una nieta en Yakarta, la causa fue reabierta, pero no prosperó por los mismos motivos.
Otros ex dictadores, no conformes con una tranquila "jubilación" una vez expulsados del poder, pretenden incluso volver por más.
A pesar de las marchas contra él, el ya septuagenario ex general Efraín Ríos Montt, que lideró un golpe de Estado en 1982 y es acusado de múltiples violaciones a los derechos humanos, será candidato en las elecciones presidenciales de noviembre en Guatemala, merced a una controvertida decisión del tribunal supremo de ese país.
En tanto, desde Tokio, donde vive cómodamente, el ex presidente peruano Alberto Fujimori (1990-2000) dijo ayer que "un tercio de la población ya está con el Sí Cumple", su partido político, un movimiento con el que busca reconquistar el poder en Perú, cuyo gobierno pidió su extradición por delitos de lesa humanidad.




