
Despegó ayer el vuelo diario directo más largo de mundo
El viaje durará 15 horas y 40 minutos
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NUEVA YORK.- Al despegar ayer por la mañana del Aeropuerto Internacional Kennedy, el vuelo 821 de United Airlines comenzó el recorrido diario directo más largo del mundo: Nueva York-Hong Kong. Con sus 13.502 kilómetros programados, bate el récord de Continental, con "apenas" 13.499 kilómetros entre Newark y Hong Kong (seamos justos: Continental ganó de mano a United al iniciar este servicio el 1º de marzo.) Mantener en el aire desde Nueva York hasta Hong Kong (adonde llegará a las 14.30 de hoy), sin escalas, un jet que vacío pesa 189.772 kilos, plantea no pocas exigencias insólitas. Entre las más importantes, figuran éstas: -Las azafatas deben usar calzado muy, pero muy cómodo.
-El avión debe ser el de mayor tamaño entre los comerciales (es un 747-400) y debe volar casi directamente sobre el techo de la Tierra, lo suficientemente cerca del Polo Norte como para avistar los duendes.
-Debe cargar sus tanques al máximo, con más de 259.120 litros de nafta de aviación cuyo peso, 176.606 kg, casi iguala al del avión.
-Para cada vuelo se debe establecer con exactitud, mediante tests, el punto de congelamiento del combustible cargado. Un dial electrónico le permite al piloto vigilar la temperatura del combustible. Si el avión se aproxima a lo que los meteorólogos denominan "cúpulas de aire superfrío", los pilotos pueden acelerar a fin de aumentar la fricción del aire contra el fuselaje e impedir una caída brusca de la temperatura del combustible.
"Literalmente, atravesamos esas cúpulas en un soplo", dijo el capitán Bob Whitman, piloto del vuelo inicial. Su copiloto, Chuck Smith, acotó: "No nos quedamos remoloneando, disfrutando del estado del tiempo".
Al extremo de la capacidad
United debe determinar cuántos pasajeros y cuánta carga podría transportar en cada vuelo valiéndose de computadoras y complicados modelos de pronóstico meteorológico que indican el límite de tolerancia de peso. Espera llevar entre 270 y 340 pasajeros. "Estamos en el punto extremo de la capacidad de servicio de estos aviones", comentó Eugene Cameron, experto de United en vuelos a grandes distancias.
Las rutas polares sólo fueron abiertas recientemente a los vuelos comerciales. Entre sus ventajas, se cuenta la virtual falta de los vientos en contra y la rareza de las turbulencias.
Antes de la partida hay que apiñar en el avión casi 3200 kilos de comida y bebidas (o casi 5000, si incluimos los carritos, la vajilla, etcétera), unos 1135 kilos de mantas, almohadas, revistas y otros accesorios, y 1225 litros de agua.
Según la azafata Annie Chin-Corio, que cubrirá estos vuelos a Hong Kong, probablemente no haría falta cargar más bebidas alcohólicas que en otros vuelos largos porque los asiáticos, que constituirán una parte considerable del pasaje, suelen beber menos que los norteamericanos y los europeos.
Al acercarse al Polo Norte, los pilotos deben desconectar el piloto automático y hacerse cargo de los controles. Es una precaución adicional, basada en que aun a las sofisticadas brújulas giroscópicas les cuesta señalar la posición de un avión cerca del polo, por cuanto las longitudes y latitudes convergen y todos los rumbos son hacia el Sur.
Cameron informó que los aviones no sobrevolarían el polo porque, si lo hiciesen, "las brújulas giroscópicas se desorientarían por un segundo" y la compañía desea evitarlo.
United debe pagar a Rusia unos 8000 dólares por vuelo -o sea, aproximadamente el precio de un pasaje y medio de primera clase, que cuesta 5608 dólares- por atravesar su espacio aéreo.
En la mayoría de sus vuelos prolongados, United pasa dos películas en la clase económica. Con unas 15 horas y 40 minutos de viaje hasta Hong Kong, habrá tiempo suficiente para tres películas.
Noche ficticia
Los pilotos y demás personal de a bordo dormirán en literas por la "noche", aunque, en realidad, probablemente el sol sólo se hunda en el horizonte por unos 45 minutos, según la época del año.
Habrá 4 pilotos. Cuando Whitman y Smith, el primer oficial, procuren descansar en el dormitorio de dos literas situado detrás de la cabina, los reemplazarán otro piloto y copiloto que, a su vez, se irán a dormir cuando aquéllos retomen el servicio. Del mismo modo, las 18 azafatas se turnarán en su dormitorio de seis literas, ubicado sobre la cocina posterior.
Durante el viaje, los pilotos deben confiar en 11 cartas de navegación; Whitman y Smith nunca usaron tantas. En los vuelos de Nueva York a Tokio, por ejemplo, suelen usar cuatro. Días atrás, en la cabina de un 747-400 desplegaron un mapa del Polo Norte y mostraron la ruta que seguirían ayer. Para indicar dónde quedarían Nueva York y Hong Kong, tuvieron que señalar fuera de él.
De acuerdo con las normas contractuales, los pilotos que cubran esta ruta sólo trabajarán 12 días por mes. Volarán de Nueva York a Hong Kong, de ésta a Singapur, regresarán a Hong Kong y, de allí, retornarán a Nueva York, con descansos entre los vuelos. Repetirán esta ruta y, luego, no volverán a volar hasta el mes siguiente.
Smith subrayó que no era una vida tan holgada como parecía: "Cuando regresas a casa, muchacho, tienes que colgarte cabeza abajo en el garaje, por un par de días, para volver a la normalidad. No puedes manejar ninguna maquinaria pesada".
Algunas cosas no cambiarán. Whitman y Smith seguirán llevando sus anteojos falsos, de gruesos "cristales" plásticos, que los asemejan a Jerry Lewis en El profesor distraído . Para hacer reír a la gente, con gusto los sacan de sus chaquetas, se los ponen y dicen: "Estos son nuestros anteojos de aterrizaje".
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