Dilma Rousseff: “A la destitución por juicio político se llegó por mis aciertos y no por mis errores”

La ex presidenta brasileña defendió su gestión y sostuvo que la única manera que tenía la oposición de acceder al poder no era mediante elecciones, sino a través de su impeachment; apuntó contra Temer por la financiación de la campaña de 2014
Guillermo Idiart
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23 de diciembre de 2016  

Dilma Rousseff
Dilma Rousseff Crédito: Emiliano Lasalvia

A Dilma Rousseff todavía se la nota dolida por su destitución como presidenta de Brasil, sellada por amplia mayoría en el Senado el 31 de agosto pasado. Con poca autocrítica sobre su gestión, sostiene que la oposición al Partido de los Trabajadores (PT) tenía una sola forma de llegar al poder y que después de su reelección, en octubre de 2014, se creó el clima político para impulsar su impeachment.

“Al juicio político se llegó por mis aciertos, no por mis errores”, afirmó, en una entrevista con LA NACION, Dilma, que llegó a Buenos Aires invitada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y la Universidad Metropolitana (UMET) para dar una conferencia.

–¿En qué cree que falló en su gobierno para llegar hasta el proceso de impeachment?

–Déjeme comenzar con mis aciertos. Me pregunta por los errores, pero hablaré de mis aciertos.

–¿Pero por qué cree que se llegó al juicio político?

–Por mis aciertos, no por mis errores.

–¿Por eso fue destituida?

–¡Sí! Porque Brasil y América latina, incluso la Argentina, en este periodo que comenzó para nosotros en 2003, tuvieron un crecimiento económico significativo. Construimos 370.000 millones de dólares de reservas, le pagamos al FMI. Además, creamos una política de reducción de la desigualdad. Creo que aquí en la Argentina también, y que en otros países de América latina también, contra la corriente internacional, que era de contracción del crecimiento y crecimiento de la desigualdad. Y eso explica el descontento de poblaciones como las de Estados Unidos y de Gran Bretaña. La crisis comenzó en 2008. Desde allí hasta 2014 hicimos todas las políticas contracíclicas posibles para afrontar la gravedad de la crisis. En el final de 2014 la tasa de desempleo en Brasil era de 4,8%, la menor de la historia del país. La crisis económica empezó y no se pueden subestimar las razones por las que fue tan fuerte. Para los países emergentes, a partir de la mitad de 2014 cayó el precio de las commodities, petróleo y minerales. La tributación de Petrobras y las empresas mineras eran elementos fuertes de nuestro sistema. Además, tuvimos la mayor sequía en 80 años, lo que obligó a subir al precio de la energía. Y después de mi primer mandato, en Brasil comenzaron a crearse políticas para instalar en forma inmediata la necesidad de mi impeachment, en abril de 2015.

–¿Entonces fue por sus aciertos que quisieron destituirla?

–No sólo por eso, sino que luego de ser derrotados cuatro veces [dos elecciones con Luiz Inacio Lula da Silva y dos con Dilma] sólo tenían una forma de ganar, y no era mediante una elección. Sólo tenían una manera: retirarme del gobierno, porque yo represento un proyecto.

–Usted habló de la región, ¿por qué motivos cree que los gobiernos de izquierda han perdido fuerza en los últimos años?

–Creo que hay un proceso. América latina está siempre a contracorriente, como en los últimos años en Brasil. Había una propuesta del neoliberalismo privilegiando el sector financiero y no el productivo. Una desregulación acelerada de las actividades y un incremento violento de la desigualdad. Las estadísticas americanas apuntaban que un hombre sin formación universitaria con un empleo ganaba lo mismo que hace 60 años. Por lo tanto, se termina una cuestión fundamental del sistema de los países, que es la movilidad. En Europa se mantiene una parte del Estado de bienestar, pero las pérdidas son inmensas. ¿Por qué ganó el Brexit? ¿Por qué [Donald] Trump fue elegido en Estados Unidos? Porque aumenta la desigualdad. Y las personas empiezan a buscar culpables. Mientras ocurría eso en el resto del mundo, ¿qué pasaba con nosotros? Estábamos en una política por primera vez de expansión económica y de reducción de la desigualdad. Con políticas de distribución de renta y de valorización del salario mínimo. Recordemos que en esta campaña en Estados Unidos tanto Hillary Clinton como Trump defendieron garantías de salario mínimo. ¿Entonces por qué pasa ahora esto en América latina? Porque ahora hay un rebote: el intento de algunos países en los que el neoliberalismo ya había sido implantado, con privatizaciones, etc., de volver a eso. Y otros países no habían tenido, como Brasil. Nunca habían conseguido implantarlo en mi país. Tanto que tenemos tres bancos públicos y tenemos una empresa del porte de Petrobras. Esta empresa, cuando yo comencé en el área de energía [fue ministra de Minas y Energía entre 2003 y 2005], era muy pequeña. Nosotros hicimos crecer Petrobras. Pero una cosa fue su crecimiento y otra los procesos de corrupción en la compañía.

–Respecto de eso, ¿cómo cree que podría avanzar el proceso en el Tribunal Superior Electoral sobre financiamiento ilícito de su fórmula con Temer en 2014? Si bien es la alternativa más firme para que él sea apartado del poder, también sería un golpe para su imagen como ex presidenta.

–Mire. Nosotros hemos tenido una actitud muy aguerrida. Tan aguerrida que la única acusación que tienen es contra mi fórmula presidencial. La delación del ex ejecutivo de Andrade Gutierrez Otávio Azevedo fue retirada porque decía que había dado un millón de reales para la campaña mayoritaria del Partido de los Trabajadores (PT). Eso les duró dos años. Terminamos descubriendo que él efectivamente había entregado un millón de reales, sólo que no eran para mí, sino para el PMDB [Partido del Movimiento Democrático Brasileño], no para el PT. Un cheque nominal, ¿para quién?: para el señor Temer. Él dijo que se equivocó, y nosotros estamos pidiendo que pague por eso. Pedimos que anulen la delación de Azevedo, porque deliberadamente intentó comprometer mi campaña.

–¿Cree que sólo Michel Temer es quien debe estar preocupado con este proceso?

–No. ¿Cuál es la moraleja de la historia? Es que el delator no siempre está delatando la verdad, sino que muchas veces usa su delación para hacer juegos políticos. Entonces, la delación tiene que ser tratada como marca la ley: un indicio, y no como una prueba definitiva. Lo que pasa en Brasil es que hay una delación y es tratada como prueba definitiva.

–¿Está preocupada por las revelaciones que puedan surgir de los acuerdos de delación premiada concedidos a decenas de ex ejecutivos de Odebrecht?

–Creo que la delación tiene que ser tratada como lo que es: un indicio, y no una prueba. Eso marca la ley. Lo sé porque fui yo la que envió esa ley.

Dilma Rousseff

Ex presidenta brasileña

"Después de mi primer mandato, en Brasil comenzaron a crearse políticas para instalar en forma inmediata la necesidad de mi impeachment

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"Luego de ser derrotados cuatro veces [dos con Lula y dos con Dilma], sólo tenían una manera de ganar, y no era mediante una elección

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"Nosotros hicimos crecer Petrobras; pero una cosa fue su crecimiento y otra los procesos de corrupción en la compañía

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"La única acusación que tiene [el Tribunal Superior Electoral] es contra mi fórmula presidencial

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"El delator no siempre está delatando la verdad, sino que muchas veces usa su delación para hacer juegos políticos; tiene que ser tratada como un indicio, y no como una prueba"

"En algunos países de la región en los que el neoliberalismo ya había sido implantado, con privatizaciones, hubo un intento de volver a eso"

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