
Dolor en Holanda: murió Juliana, la "reina del pueblo"
La ex monarca fue un símbolo de la reconstrucción del país tras la Segunda Guerra
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LA HAYA.- La popular ex reina Juliana de Holanda, madre de la actual soberana Beatriz y abuela de Guillermo Alejandro, heredero al trono y esposo de la argentina Máxima Zorreguieta, falleció ayer a la mañana a los 94 años, por una infección pulmonar.
Sólo minutos después, mientras cientos de conmovidos holandeses se congregaban frente al palacio de Juliana, en Amsterdam, los medios comenzaban sus emisiones ininterrumpidas sobre la vida de la reina y anunciaban "el fin de una era".
Juliana murió en el Palacio de Soestdijk, a 50 kilómetros al sudeste de Amsterdam, donde se encontraban también su marido, el príncipe Bernardo, y tres de sus cuatro hijas, entre ellas la reina Beatriz. El heredero al trono, Guillermo Alejandro, y Máxima Zorreguieta estaban de vacaciones en Austria; volvieron horas más tarde.
Juliana reinó durante 32 años, desde 1948 hasta que abdicó, en 1980, y encabezó la metamorfosis de Holanda desde una nación arruinada por la guerra hacia uno de los países más ricos de Europa y un laboratorio social del Viejo Continente.
Conocida como "la reina en bicicleta", Juliana rompió, apenas ascendió al trono, con las rígidas reglas protocolares que otros monarcas europeos guardaban para acercar la Casa de Orange a los holandeses. Solía hacer las compras en el supermercado y decidió enviar a sus hijas a una escuela pública. Fue precisamente su alta popularidad lo que impidió que el reclamo del Partido Laborista de abolir la monarquía holandesa prosperara.
"Holanda ha perdido a su madre", dijo el premier Jan Peter Balkenende, en un mensaje televisado a todo el país. "Fue la reina del pueblo y no de los poderosos. Si no hubiese sido reina, habría sido asistente social", añadió.
Nacida el 30 de abril de 1909, en La Haya, Juliana fue la única hija de Guillermina, llamada la "reina de hierro", y el príncipe Hendrik. En 1937 se casó con el príncipe alemán Bernardo de Lippe-Biesterfeld. Cuando la Segunda Guerra Mundial comenzó y los alemanes irrumpieron en Holanda, Guillermina y la entonces princesa Juliana se exiliaron en Inglaterra y luego en Canadá por razones de seguridad.
Cuando regresó a Holanda, en mayo de 1945, la joven princesa tomó las riendas de la Fundación para la Reconstrucción de Holanda. Accedió al trono el 6 de septiembre de 1948, tras la abdicación de su madre.
A los 39 años, Juliana se hizo cargo de un reino que había salido devastado de la Segunda Guerra Mundial y se transformó en un símbolo de fortaleza en medio de una dolorosa reconstrucción. A partir de entonces, la modernización económica y social se convirtió en el motor de su reinado, que no siempre fue fácil.
Un año después de subir al trono tuvo que rubricar con su firma la independencia de la colonia de Indonesia. De un golpe perdió así a la mayoría de sus súbditos. De la misma manera vio separarse de Holanda, luego, a la colonia sudamericana Surinam.
Y en febrero de 1953, cuando graves inundaciones provocaron destrozos y más de 1700 muertos en Holanda, Juliana movilizó a los holandeses, aún afectados por la guerra, para ayudar a las víctimas.
Con botas de goma y en medio del barro, la entonces reina siguió de cerca los trabajos de renovación de los diques, vitales para un reino en el que el 60% de la población vive en tierras situadas bajo el nivel del mar.
A mediados de los cincuenta una grave crisis matrimonial amenazó la monarquía. Cuando la reina, muy religiosa y preocupada por la creciente ceguera de su hija Cristina, le dio mucha influencia en la corte a la curandera Greet Hofmans en contra de los deseos de su marido, la pareja real estuvo al borde de la ruptura.
Lo que pasó realmente dentro de las paredes de palacio es aún un misterio. El Tribunal Supremo de Holanda decidió, en 1995, que las actas secretas de la corte sobre el caso Hofmans no se darían a conocer en vida de Juliana.
Una nueva amenaza apareció en 1976, cuando el príncipe Bernardo fue acusado de aceptar sobornos millonarios del fabricante de aviones estadounidense Lockheed. Juliana advirtió que abdicaría si se investigaba a su marido, por lo que las pesquisas, que hubiesen generado una crisis del Estado, fueron suspendidas, Sin embargo, el príncipe fue relevado de sus responsabilidades reales.
La reina prosiguió con sus deberes muchos años antes de abdicar finalmente en favor de su hija mayor, Beatriz. Según observadores de la corte, a Juliana nunca le gustó reinar.
Luego de su abuela Emma (1858-1934) y su madre Guillermina (1880-1962), Juliana era la tercera de una línea sucesoria de cuatro soberanas de Holanda que llegará a su fin con el reinado de Beatriz, madre de tres hijos, entre ellos el príncipe heredero, Guillermo Alejandro.



