
Doloroso retorno al infierno de la guerra de Vietnam
Dos soldados que detuvieron, en 1968, la matanza de My Lai volvieron a la aldea
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MY LAI, Vietnam (Reuter).- Dos norteamericanos que fueron condecorados por tratar de impedir en 1968 una matanza en la aldea vietnamita de My Lai regresaron ayer a la pequeña villa y dijeron a sus residentes que los recuerdos los agobiaban, pero al mismo tiempo les permitían dejar atrás el pasado.
Ambos ex militares dijeron que hubieran deseado poder hacer más para impedir la muerte de tantas personas.
"Es reconfortante regresar aquí. Me da alegría y a la vez tristeza", señaló el ex piloto de helicóptero de la fuerza aérea de los Estados Unidos Hugh Thompson, quien junto al artillero de la aeronave, Lawrence Colburn, trataron de impedir que un pelotón de soldados del ejército norteamericano continuara disparando contra los aldeanos en My Lai.
Thompson y Colburn viajaron a Vietnam días antes de que se conmemore el trigésimo aniversario del incidente, que en la década de 1960 se convirtió en símbolo del horror de la guerra.
* * *
Hasta el 16 de marzo de 1968 la pequeña aldea de My Lai había logrado mantenerse al margen de la guerra. Sus pobladores procuraban conservar sus costumbres intactas pese al arrollador avance de la guerra sobre sus vidas. Bajo el aleteo constante de los helicópteros y el lejano retumbar de morteros, proseguían sus rutinarias tareas agrícolas y rindiendo cotidiano tributo a sus antepasados. Era la misma vida que sus abuelos y los abuelos de éstos habían llevado. Invariablemente.
Locura y vergüenza
Pero en aquella fatídica fecha, el nombre de My Lai se convertiría en sinónimo de vejación, de locura y de vergüenza, y quedaría grabado en la mente de los norteamericanos como uno de los capítulos más negros de su historia.
La Guerra de Vietnam iba ya por su tercer año y miles y miles de jóvenes norteamericanos seguían siendo enviados al combate. Todas las aldeas parecían idénticas. Todas las operaciones semejaban ser iguales. Búsqueda y destrucción. Las mismas órdenes, que no comprendían, el mismo enemigo, que no veían, los mismos gritos, que ya no dolían.
A fines de enero de ese año, el Vietcong había realizado su mayor ofensiva y decenas de ciudades habían sido ocupadas. Con su poder de fuego, los norteamericanos pudieron desalojarlos tras durísimos combates. Pero el Vietcong, antes de retirarse o ser derrotado, había sembrado de minas casi todos los poblados.
A mediados de marzo, un grupo de soldados norteamericanos de la Compañía Charlie, de la Undécima Brigada, volaron por el aire, víctimas de las minas. Sospechando que los pobladores sabían de los campos minados, los soldados se enfurecieron y juraron vengar a sus compañeros muertos.
El 16 de marzo, la compañía, al mando del teniente William Calley, entró en My Lai y la aldea se sumergió en un infierno. Cerca de 500 vietnamitas cayeron bajo las ráfagas indiscriminadas de los M-16 norteamericanos. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. El horror se prolongó por cuatro horas.
Pero no todos los soldados participaron de la matanza. Entre quienes observaban con espanto la masacre realizada por sus propios compañeros estaban el piloto de helicópteros Hugh Thompson, el artillero Lawrence Colburn y el oficial Glenn Andreotta. Interponiendo su helicóptero entre los asesinos y sus víctimas lograron detener la matanza y evacuar al menos a 10 civiles.
Cuando la noticia de la masacre llegó a los Estados Unidos, la oposición a la guerra alcanzó su grado más alto. "¿A qué vamos a Vietnam? ¿A salvar a los vietnamitas del comunismo o a matarlos?" se preguntaban cada vez más norteamericanos. A partir de ese año, Washington daría comienzo a la "vietnamización" de la guerra y comenzaría una lenta retirada que finalizaría recién en 1973.
El teniente Calley, responsable de la matanza, fue condenado por un consejo de guerra a cadena perpetua. Pero luego de tres años bajo arresto domiciliario, el presidente Nixon lo indultó.
La semana pasada, a 30 años de ese tráfico episodio, el ejército norteamericano honró a Thompson y a Lawrence "por heroísmo durante la inmoral matanza de población no combatiente realizada por fuerzas de los Estados Unidos en My Lai". Para Andreotta, ya fallecido, el reconocimiento llegó demasiado tarde.
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