Con advertencias a los demócratas, Trump abrió una nueva era de fricciones

Crédito: Captura de pantalla
Rafael Mathus Ruiz
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6 de febrero de 2019  • 00:33

WASHINGTON.- Hizo un llamado a la unidad, y pidió "avanzar juntos". Pero Donald Trump también lanzó dos nítidos ataques a los demócratas: dijo que sus "ridículas investigaciones" pueden descarrilar el "milagro económico" que vive Estados Unidos , y vinculó las ideas del ala más radical de la oposición, en pleno auge, al "socialismo" y la crisis en Venezuela.

Trump fue al Congreso a brindar su segundo discurso sobre el Estado de la Unión, el mensaje presidencial más importante del año, cargado de frases diseñadas para cerrar la grieta ideológica que divide a Washington. Al final, su discurso marcó el inicio de una nueva era de fricciones políticas. "Si va a haber paz y legislación, no puede haber guerra e investigación", amenazó el presidente a los demócratas, que preparan una ola de investigaciones sobre sus finanzas y su gobierno.

Trump volvió a respaldar en su discurso al gobierno interino de Juan Guaidó en Venezuela, y anticipó que volverá a reunirse con el dictador norcoreano, Kim Jong-un, en Vietman el próximo 27 y 28 de febrero.

"Nos reunimos esta noche en un momento de potencial ilimitado. Al comenzar un nuevo Congreso, estoy listo para trabajar con ustedes para lograr avances históricos para todos los norteamericanos", afirmó Trump, al inicio de su discurso.

Unos minutos después, lanzó su primer dardo: "Se está produciendo un milagro económico en los Estados Unidos, y lo único que puede detenerlo son las guerras estúpidas, la política o las ridículas investigaciones partidistas", disparó. Antes del discurso, en una reunión privada con figuras de la televisión que salió a la luz, Trump atacó a varios de los demócratas que ya se pusieron en carrera para enfrentarlo en la elección presidencial de 2020.

Trump llegó al Congreso debilitado, inmerso en el momento más frágil de su presidencia con su popularidad de capa caída, acechado por la investigación sobre el escándalo del Rusiagate, que lleva ya dos años y medio, y ha alcanzado a su círculo íntimo. Parado frente a congresistas y senadores, todo su gabinete y los jueces de la Corte Suprema, Trump enfrentó, por primera vez, una oposición demócrata fortalecida, lista para acorralar a su gobierno con una ola de investigaciones. A ellos fue la primera advertencia.

El discurso contó con los típicos llamados a la unidad en tiempos de grieta ideológica, y le brindó una oportunidad a Trump para intentar recuperar algo del terreno perdido tras el "cierre" parcial del gobierno, el más largo de la historia, que dejó herida a la Casa Blanca. Trump dedicó una línea especial al gobierno interino de Juan Guaidó en Venezuela .

Nuevo respaldo a Guaidó

"Estamos con el pueblo venezolano en su noble búsqueda de libertad, y condenamos la brutalidad del régimen de Maduro, cuyas políticas socialistas han convertido a esa nación, de ser la más rica de Sudamérica, en un estado de pobreza abyecta y desesperación", dijo.

Trump aprovechó esa mención a Venezuela para lanzar otro dardo a la oposición, que en el último tiempo se ha corrido a la izquierda de la mano de figuras carismáticas como la nueva congresista Alexandria Ocasio-Cortéz, una de las mujeres que llegó al Congreso montada en la "ola azul" que le dio el triunfo a los demócratas en las últimas legislativas. Ocasio-Córtez propone subir impuestos a los más ricos y ampliar la cobertura de salud.

"Aquí, en los Estados Unidos, estamos alarmados por los nuevos llamados a adoptar el socialismo en nuestro país", dijo el mandatario. "Estados Unidos se fundó sobre la libertad y la independencia, no en la coerción, el dominio y el control gubernamental. Somos libres y nos mantendremos libres. Esta noche, renovamos nuestra determinación de que Estados Unidos nunca será un país socialista", completó.

Varios congresistas comenzaron a corear: "¡USA!¡USA!". Las cámaras mostraron al senador Bernie Sanders, ícono socialista del país y posible candidato presidencial en 2020, sentado, serio, con su rostro recostado en una mano.

La inmigración, el tema que ha dominado la agenda política de los últimos meses, fue uno de los pilares del mensaje de Trump ante el Congreso. El presidente insistió en la necesidad de construir un "barrera" en la frontera con México, y volvió a asociar a los inmigrantes al crimen, y a la pérdida de trabajos para los norteamericanos, caída en los salarios, hospitales y escuelas "sobrecargadas" y un debilitamiento de la red de contención social. "La tolerancia para la inmigración ilegal no es compasiva, es cruel", afirmó.

Por primera vez en ocho años, Nancy Pelosi volvió a sentarse detrás del atril desde el que habló Trump, en la silla reservada para la presidencia de la Cámara de Representantes. Tras el triunfo demócrata en las últimas legislativas, Pelosi volvió a ocupar ese cargo, que había dejado en 2011. En un mensaje a Trump, Pelosi y varias congresistas demócratas vistieron de blanco, un homenaje a las mujeres vistieron ese color al reclamar por su derecho a votar hace un siglo. Trump reconoció el cambio de época.

"Todos los norteamericanos pueden estar orgullosos de que tengamos más mujeres en la fuerza laboral que nunca antes", dijo Trump. Las mujeres se pusieron de pie y aplaudieron la línea. "No se sienten todavía, les va a gustar", dijo Trump, cuando bajaba el aplauso. "Y exactamente un siglo después de que el Congreso aprobó la enmienda constitucional que otorga a las mujeres el derecho a votar, también tenemos más mujeres en el Congreso que nunca antes", afirmó.

Otro aplauso inundó la Cámara baja del Capitolio, en uno de los pocos momentos del discurso donde las divisiones dominantes en Washington quedaron de lado.

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