
Dramática bendición sin palabras de Juan Pablo II
Intentó hablar ante una multitud, pero no pudo; sólo se expresó con las manos
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ROMA.– Una Pascua dramática, dominada por el sufrimiento y el silencio del Papa, se vivió ayer en la Plaza de San Pedro. Más de 70.000 fieles de todo el mundo, conmovidos, no ocultaron su preocupación y, a la vez, su profunda admiración por un hombre enfermo que, pese a todo, no se rinde.
Tal como se esperaba, el Pontífice apareció al mediodía durante 12 minutos en la ventana de su estudio del Palacio Apostólico, desde donde bendijo a la multitud, pero sin lograr pronunciar ni una palabra entendible.
Por primera vez en sus 26 años de pontificado, Juan Pablo II –cuyos músculos faciales no paraban de moverse, mostrando una mímica del rostro distinta– no pudo enviar el tradicional mensaje “urbi et orbi” (a la ciudad y al mundo), que leyó en su lugar el cardenal Angelo Sodano.
Para no confundir estilos, éste no dio el saludo de felices Pascuas en más de 60 idiomas, como siempre había hecho el Papa. Pese a que cuando se le acercó un micrófono, con un inmenso esfuerzo, el Papa intentó pronunciar la fórmula de la bendición, el avance del Parkinson, sumado a la traqueotomía, se lo impidieron.
En una imagen muy dolorosa, transmitida por 104 canales de televisión en 84 países, debido a los problemas que le provoca la cánula que tiene insertada en la tráquea y frustradísimo en su intento, tan sólo emitió algunos sonidos guturales o un susurro, ininteligibles.
Un silencio surrealista, impresionante, invadió entonces la Plaza de San Pedro, donde todo el mundo miraba hacia la ventana del Papa, a la espera de algunas palabras, con los ojos llenos de lágrimas.
Aunque demacrado y sufriente, el Pontífice mostró un relativo mejor estado que en sus últimas apariciones, que causaron gran alarma en todo el mundo. Pese a que no pudo hablar -algo sin duda muy preocupante, que indica que el Papa está tardando más de lo esperado en adaptarse a la cánula, que le crea problemas de deglución y alimentación-, el Pontífice pareció estar lúcido y alerta. Esto resultó evidente porque leyó en unas hojas que le iban acercando sus ayudantes el mensaje Urbi et Orbi, a la ciudad y al mundo, que pronunció Sodano.
Un llamado a la paz
En dicho mensaje, el Papa hizo un llamado a la paz para toda la humanidad "sobre la cual se cierne siempre el peligro de guerras fratricidas" -con una mención especial de países de Medio Oriente y Africa-, y a una "solidaridad generosa con las multitudes que aún hoy sufren y mueren de miseria y hambre, diezmadas por epidemias mortíferas o arruinadas por enormes catástrofes naturales".
"Haz que el progreso material de los pueblos nunca oscurezca los valores espirituales que son el alma de su civilización", pidió.
Además, el Papa sorprendió a todos porque se quedó casi 15 minutos asomado a la ventana, demostrando que quiere a toda costa estar presente junto a su grey la mayor cantidad de tiempo posible, pese al altísimo riesgo que esto implica.
El Papa, que tiene casi 85 años y está enfermo de Parkinson, de hecho está muy debilitado. Y como aún no logra recuperarse de la traqueotomía a la que fue sometido el 24 de febrero último, luego de graves crisis respiratorias, corre serios riesgos de contraer infecciones, sobre todo al estar expuesto a una corriente de aire fresco y húmedo como soplaba ayer en Roma.
Un mensaje sin palabras
Muy esperada por todos, la aparición de Karol Wojtyla fue al mediodía (las 7 en la Argentina), no bien concluyó la misa de resurrección del Señor -una de las citas más importante del año para los católicos-, que celebró en su lugar Sodano, su número dos.
Durante el rito, marcado por la misma tristeza que se sintió durante toda esta Semana Santa de 2005 a raíz de la ausencia del Papa, en una de las intenciones se oró para que la Pascua le diera vida y nuevas energías.
Desde su ventana, el Papa también escuchó cuando un diácono anunció la bendición pontificia y la indulgencia plenaria para todos los presentes, y pronunció otra oración "para que el Señor conserve por largo tiempo al Papa al frente de la Iglesia".
"Cada vez que lo veo, siento una emoción terrible? Lo que transmite es único; es la presencia de Dios acá, entre nosotros", dijo a LA NACION Patricia Pereira, una argentina que agitaba una bandera argentina, colgada de un paraguas.
Miles de personas se acercaron a la Plaza de San Pedro para estar cerca del Papa enfermo, pese a que el día había amanecido con lluvia. Entre ellos había gente de todos los países del mundo, y, como siempre, muchos argentinos.
"Todos lloramos. Sabemos que no lo vamos a volver a ver, y fue una emoción impresionante", comentaron en coro Marisa Giangrandi, Leticia y Verónica Alemanny, Graciela Mazzone, Florencia Guarino y Darío Cieri, un grupo de chicos de Pehuajó, Lincoln y Quilmes, de vacaciones.
"La verdad, no me imaginaba conmoverme así: es admirable la fuerza que tiene el Papa a pesar de su situación", comentó por su parte Silvina Morello, otra argentina que vive en Roma, que resumió muy bien el sentimiento general de la gente en esta primera Pascua tan distinta, sin Juan Pablo II.
Un hombre ausente físicamente, pero siempre presente espiritualmente, transmitiendo un mensaje que no necesita palabras.
Preocupación en Polonia
- VARSOVIA (EFE).- Las fiestas de la Semana Santa polaca se vieron empañadas por la preocupación por el delicado estado de salud del Papa, y ayer a los ritos del Domingo de Resurrección se sumaron las plegarias por su recuperación. A las tradicionales visitas a la iglesia para bendecir la cesta con algunos de los componentes del desayuno pascual, en particular los huevos pintados, y ver las simbólicas tumbas de Jesús (cada una con un mensaje) creadas por párrocos y fieles se sumaron ayer las oraciones por la salud del papa polaco, que se mantienen desde que se conoció la primera noticia sobre sus dificultades respiratorias.


