EE.UU. se despierta al terrorismo interno

Eric Schmitt
Peter Baker
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7 de diciembre de 2015  

WASHINGTON.- La víspera del Día de Acción de Gracias, el presidente Barack Obama les dijo a los norteamericanos que no había "ninguna información específica y creíble de inteligencia que indicara la existencia de un complot local" en Estados Unidos. Una semana después, llegaron un feroz tiroteo y el atentado terrorista más letal que se produjo en Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001.

Y lo más inquietante no es que Obama pueda haberse equivocado, sino que al parecer no se equivocó: hasta donde se sabe, el gobierno no tenía el menor indicio de inteligencia sobre los ataques del miércoles en San Bernardino.

Veloz, despiadado y letal, el ataque parece reflejar la evolución de la amenaza terrorista que tanto temen Obama y sus funcionarios desde hace tiempo: la existencia de norteamericanos autorradicalizados que operan sin ser detectados hasta que atentan contra alguno de los muchos blancos fáciles que no pueden ser protegidos en un país tan extenso como Estados Unidos.

"Hemos pasado a una fase totalmente nueva de la amenaza terrorista global y de nuestras fuerzas de seguridad interior", dijo el secretario de Seguridad Interior, Jeh Johnson.

Con las manos atadas para frenar el acceso a las armas dentro de Estados Unidos y la propaganda extremista que llega del exterior, las autoridades tal vez deban alentar a los norteamericanos a estar atentos y denunciar cualquier sospecha. Tanto en el gobierno federal como en los locales ya existen campañas que instan a los amigos, familiares y vecinos a identificar a sujetos vulnerables a la radicalización extremista.

El reciente ataque tal vez reavive el debate de privacidad versus seguridad sobre el software de encriptación que a pesar de las objeciones del gobierno se sigue vendiendo en el sector privado. Y algunos funcionarios gubernamentales dicen que se impone redoblar los esfuerzos para difundir otras voces del mundo musulmán para contrarrestar la propaganda de Estado Islámico (EI).

"Podemos hablar con el sector privado para que difundan el mensaje de otras voces alternativas", dice Lisa Monaco, asesora en antiterrorismo de Obama. "Tenemos que abordar mejor este asunto, para que nos permita quebrar la marca registrada del mensaje de Estado Islámico."

El atentado de San Bernardino también ha echado leña al debate político, dos semanas antes de las primeras primarias presidenciales de 2016, y tal vez termine redefiniendo los últimos meses de Obama. Pero si bien los republicanos culpan al presidente, no son sólo los políticos los que aseguran que el gobierno debe cambiar su estrategia.

John D. Cohen, profesor de la Universidad Rutgers y alto funcionario de antiterrorismo del Departamento de Seguridad Interior hasta el año pasado, dijo que el gobierno tiene que "despertarse" a la amenaza y cambiar su enfoque.

Alberto M. Fernandez, que hasta haces pocos meses dirigió la unidad de contraofensiva propagandística del Departamento de Estado, dice que "el gobierno parece aturdido y fuera de tono ante estos últimos desafíos". Agregó que los ataques de San Bernardino "obligan al gobierno a mirar lo que no quiere ver, su punto más débil, que es el modo en que se difunde la ideología jihadista".

Otros, sin embargo, temen un efecto rebote y advierten que hacer foco en los musulmanes podría generar resentimientos que terminarían potenciando el reclutamiento de nuevos terroristas.

Según el centro de investigaciones New America, el número de víctimas del terrorismo jihadista en territorio norteamericano desde el 11 de Septiembre es prácticamente idéntico al de las víctimas del supremacismo blanco y otras ideologías de extrema derecha: 45 a 48, respectivamente.

Y ambas cifras parecen ínfimas comparadas con la tasa de asesinatos comunes, que superaron las 200.000 víctimas durante el mismo período. Pero la desproporcionada cobertura que reciben en la prensa y su efecto sobre el temor de la ciudadanía obligan a cualquier gobierno a prestarles atención.

Monaco dice que el gobierno no debería hacer nada que parezca confirmar el mensaje de EI sobre la persecución de los musulmanes por parte de Occidente. "Si les hacemos el juego, terminan ganando ellos."

En el caso de Syed Farook y Tashfeen Malik, los atacantes de San Bernardino, todas las precauciones y defensas instaladas desde el 11 de Septiembre resultaron totalmente inútiles frente a una pareja de esposos que ensamblaban armas de guerra en el departamento en el que vivían con su bebe de seis meses.

A diferencia de los atacantes de París del mes pasado, esta pareja parece haberse inspirado en EI, pero sin actuar bajo órdenes directas de la agrupación.

John P. Calin, asistente del fiscal general en seguridad interior, dijo que EI está en proceso de adaptación. "Al-Qaeda privilegiaba los atentados catastróficos a gran escala. Creo que EI también estuvo explorando esa alternativa, pero esta táctica de ataques de menor escala y que, aunque fallen, generan igualmente temor es bastante nueva para la agrupación." Calin agregó que quienes se radicalizan localmente, en Estados Unidos, son más difíciles de detectar, en parte porque actúan con menos preparación. "Antes teníamos más tiempo de enterarnos, porque Al-Qaeda planeaba sus ataques durante años."

Si el atentado de San Bernardino es especialmente alarmante es porque ni Farook ni su esposa hicieron sonar ninguna de las alarmas que suelen alertar a las autoridades. Para empezar, no se ajustan al modelo de los perpetradores de París, varios de los cuales habían crecido en Francia y Bélgica, donde los musulmanes no están tan bien asimilados como en Estados Unidos. Así, los ataques de San Bernardino echan definitivamente por tierra la idea de que Estados Unidos es menos vulnerable a un ataque desde adentro que Europa.

Traducción de Jaime Arrambide

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