El blanco terrorista es Europa, no sus Estados

José Ignacio Torreblanca
José Ignacio Torreblanca MEDIO: El Pais
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23 de marzo de 2016  

MADRID .- En cada atentado terrorista cometido en suelo europeo, el guión es tan idéntico como desesperante: mientras que los terroristas atacan a Europa con mayúscula, Europa reacciona en minúscula. Tanto los textos justificatorios de los atentados como las declaraciones y trayectorias vitales de los jihadistas muestran un odio visceral a todo lo que Europa simboliza: un espacio de libertad individual, valores democráticos y tolerancia religiosa sin igual.

Cualquiera que comulgue (nunca mejor dicho) con esa Europa, que es tanto una idea como un proyecto y una forma de vida, es un objetivo potencial, aunque sea musulmán: eso explica que los asaltantes del teatro Bataclan en París, en noviembre pasado, no separaran por religión ni nacionalidad a las 1500 personas que allí se encontraban para ejecutarlas selectivamente, sino que consideraran que todas eran objetivos legítimos. Europa ya fue atacada en noviembre pasado en París, pero no reaccionó como tal.

En lugar de solicitar la activación de la cláusula de solidaridad que hubiera implicado una respuesta colectiva y coordinada por parte de la Unión, el gobierno francés prefirió recurrir a un artículo, el 42, que situaba la respuesta en el plano intergubernamental y fuera de las instituciones de la UE.

Detrás del tecnicismo jurídico había un mensaje muy claro: como mostró la decisión de Hollande de bombardear de forma inmediata bases de Estado Islámico en Siria, el gobierno francés quería reservarse una completa libertad de actuación en todos los frentes.

Los Estados miembros prefieren reservarse toda actuación que toque materias sensibles de seguridad. Ya entonces, la conexión belga de los atentados en París mostró que esta óptica de soberanía era un profundo error.

Para recordárnoslo, los jihadistas atacaron ahora la capital de la UE. Pero muchos seguirán pensando que fue un ataque a Bélgica. Europa es un ente abstracto por el que nadie quiere morir, pero que haya muchos dispuestos a matar europeos nos debería dar una medida de la fortaleza de nuestra identidad y proyecto.

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