
El choque de las civilizaciones
En Rusia, cuatro explosiones terroristas han provocado 274 muertos: cuatro Amias en quince días. En Indonesia, las Naciones Unidas intentan detener el genocidio del pequeño pueblo de Timor Oriental, 200.000 de cuyos 800.000 habitantes probablemente han perecido ya.
Todo esto ocurre mientras todavía se intenta superar en Yugoslavia la tentativa de genocidio de los kosovares por parte de los serbios liderados por Milosevic. Alejados en el espacio, distintos en su trama, estos tres estallidos respondieron a un mismo detonante: el furor religioso. Rusia es mayoritariamente ortodoxa. El terrorismo que la sacude proviene al parecer de las dos repúblicas islámicas en lucha con ella: Chechenia y Daguestán. Indonesia es mayoritariamente musulmana: en el pueblo timorés al que masacran sus "milicias", todavía prevalece la religión católica, heredada de Portugal. Los serbios son ortodoxos. Los kosovares, musulmanes.
La Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética se extinguió en 1989. A la vista de las violencias que nos rodean, ¿qué viene después de la Guerra Fría? ¿La paz mundial o las guerras religiosas?
Fukuyama y Huntington
En 1992, cuando aún prevalecía en Occidente el optimismo generado por la victoria en la Guerra Fría, Francis Fukuyama publicó El fin de la historia . Después de la derrota del comunismo a manos de la democracia capitalista, anunció, el mundo iniciaría un período de paz sin fin a la vista. Si por "historia" se entiende la guerra entre opuestas concepciones de la sociedad, en 1989, según Fukuyama, se terminó la historia.
En 1996, Samuel Huntington contradijo a Fukuyama en El choque de las civilizaciones . La tesis de Huntington era que en 1989 no había acabado la historia sino una historia: la guerra ideológica entre dos concepciones, en definitiva, "occidentales": el liberalismo democrático , nacido del inglés Locke, y el comunismo, nacido del alemán Marx.
La paz de 1989 sólo abarcaba, pues, al propio Occidente. Era una paz "intra-civilizacional". Pero, por afuera de la civilización occidental, otras civilizaciones, como la china, la islámica y la ortodoxa de esa Rusia que retorna a sus orígenes, albergaban en su seno la chispa de un enorme conflicto potencial. Una chispa, en última instancia, religiosa.
La guerra ideológica terminó en 1989. La guerra religiosa , ¿recién empieza? Los estallidos de 1999 parecen avalar el sombrío pronóstico de Huntington.
La lucha por la identidad
El contraste entre Fukuyama y Huntington reside en su opuesta visión de la difusión del capitalismo. Según aquél, el capitalismo refleja el anhelo universal de la Humanidad: vivir bien, gozar de libertad. Fukuyama define de este modo el mundo "aburrido" que nos espera: un mundo en el que todos querrán videograbadores y, además, los tendrán. En este mundo habrá conflictos, pero sólo serán residuales: los que acompañen la transición del subdesarrollo al desarrollo económico en el cual, al fin, todos se instalarán.
Para Huntington, en cambio, el crecimiento económico que también vaticina, lejos de adormecer a los pueblos, les dará un sentido más enérgico de su propia personalidad. China, el Islam, Rusia, no serán menos sino más agresivos cuando sean ricos, porque entonces contarán con lo que ahora no tienen: amplios recursos para defender su individualidad.
Para Fukuyama, la globalización uniforma y apacigua a los pueblos. Para Huntington, amenaza lo que ellos tienen de más precioso: su identidad . Pero, ¿de dónde proviene la identidad? De una tradición religiosa. No se trata de que los habitantes del siglo XXI vayan a practicar más su religión que antes. Pero la van a reconocer como la raíz histórica que los define como pueblos únicos . Una condición a la que no renunciarán.
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