El cólera y la cólera

El retiro del candidato presidencial oficialista de Haití alivia la tensión, no la decepción
Jorge Elías
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30 de enero de 2011  

El terremoto de enero de 2010 mató a 220.000 personas y demolió medio millón de viviendas. Nueve meses después, el cólera comenzó a hacer de las suyas en la ruinosa capital de Haití, Puerto Príncipe. El huracán Thomas mató un mes después a una veintena de personas, destruyó otras 6610 viviendas y, al provocar inundaciones, contribuyó a propagar la enfermedad. Desde octubre, el cólera dejó un tendal de 4030 muertos y 209.034 infectados, según cifras oficiales. Unas 50 personas también murieron por su causa: las lincharon, acusadas de usar la brujería para transmitirlo.

En un solo año, Haití sufrió más desgracias que varios países en décadas. Ni las presidenciales celebradas el 28 de noviembre despejaron las dudas sobre un futuro tan incierto como la cena de hoy: fueron fraudulentas, concluyó la Organización de los Estados Americanos (OEA). Pedradas, tiros, cuatro muertos más y otros tantos heridos enturbiaron la inestable situación, apenas dominada por René Préval, presidente de plazo fijo hasta el 7 de febrero. La pareja de su hija, Jude Célestin, logró una plaza para la segunda vuelta detrás de la candidata más votada, Mirlande Manigat, esposa del efímero presidente Leslie Manigat, depuesto por un golpe militar en 1988.

La segunda vuelta, prevista ahora para el 20 de marzo, debió realizarse el 16 de enero. En su lugar, los haitianos se desayunaron ese domingo aciago con el sorpresivo regreso al país, tras 25 años de exilio, del dictador pretérito Jean-Claude Duvalier, alias "Baby Doc". Con un gesto no del todo claro, algo también usual en esas latitudes, el partido oficialista Inite (Unidad) decidió destrabar poco después el proceso electoral: arrió la candidatura de Celestin para "evitar las sanciones de la comunidad internacional". El cantante Michel Martelly, tercero en los amañados comicios, será el rival de Manigat.

En Haití, la política es como el vudú: lidia con la leyenda negra de los zombis o muertos vivos. No existen, en realidad. Son una invención que, al parecer, llegó a los oídos de los militares norteamericanos durante la ocupación del país, entre 1915 y 1936. Los houngans y bokors (sacerdotes y hechiceros) no matan gente con muñecos atravesados con alfileres. Detrás del misterio de los zombis, hay una sustancia extraída del pez globo: la tetrodotoxina. Provoca parálisis facial y reduce el metabolismo al mínimo hasta apurar la muerte.

Los haitianos no temen a los zombis, sino a convertirse en ellos a causa de la corrupción y la pobreza. En el trasvase de la droga hacia Estados Unidos residiría el origen de la inmensa fortuna de "Baby Doc", presidente vitalicio desde los 19 años. Tomó la posta de su padre, François Duvalier, alias "Papa Doc", en 1971. Al partir rumbo al exilio en París, en 1986, su patrimonio era de 800 millones de dólares, cuatro veces el presupuesto anual del país. De regreso a su tierra, se solidarizó con "profunda tristeza" con las víctimas de la dinastía familiar y abogó por la "reconciliación nacional".

¿Por qué se atrevió a regresar? El gobierno suizo, indignado tras el terremoto de 2010, congeló 5,7 millones de dólares acreditados en sus cuentas bancarias y decidió devolver al pueblo haitiano ese dinero "de origen criminal". La ley entrará en vigor el 1º de febrero. "Baby Doc" estaría en condiciones de reclamar aquello que considera propio, por impropio que sea. Préval, concentrado en la candidatura de su yerno, titubeó hasta prohibirle salir de Haití. En cuestión de horas, inculpado de corrupción, desvío de fondos públicos y asociación ilícita, "Baby Doc" acumuló varias demandas por crímenes de lesa humanidad. Era ridículo que un año después del terremoto, se mostrara dispuesto a cooperar en la reconstrucción del país que, sin terremoto ni cólera ni huracán, contribuyó a devastar.

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