
El destino de Kabila, un misterio total
Congo insiste en que el presidente no murió y que está apenas herido; según Occidente, fue asesinado por uno de sus hombres
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KINSHASA.- Una gran incertidumbre reinaba ayer sobre la suerte del presidente de la República Democrática del Congo (RDC), Laurent Desiré Kabila, dado por muerto por varios gobiernos occidentales, mientras que el Ministerio de Información congoleño anunciaba que está "herido, pero vivo".
En tanto, su hijo, el general Joseph Kabila, al que en un principio fuentes diplomáticas también habían considerado muerto, fue designado presidente interino, a cargo del gobierno en ausencia de su padre.
En el conjunto de todas la informaciones contradictorias que circulaban desde las principales capitales de Africa y de Europa sólo existe una certeza: Kabila fue víctima de un serio atentado.
Según la versión de las cancillerías de Bélgica -ex potencia colonizadora del Congo-, de Francia y en un principio del Departamento de Estado norteamericano, Kabila fue asesinado ayer por uno de sus hombres más cercanos -primero se habló de su guardaespaldas, luego del viceministro de Defensa- durante un intento de golpe de Estado.
Sin embargo, según Kinshasa, el mandatario sólo fue herido y habría sido trasladado a Harare, Zimbabwe, para recibir los "cuidados apropiados", indicó ayer por la mañana el ministro y vocero gubernamental Dominique Sakombi Inongo. Para demostrar calma, el gobierno decidió reabrir los aeropuertos del país.
Voceros de varios gobiernos occidentales opinaron ayer que al desmentir la muerte de Kabila, Kinshasa busca ganar tiempo para evitar el caos político en el de por sí convulsionado país. Además, la asunción del hijo de Kabila como nuevo "hombre fuerte" del país es una clara señal en este sentido.
Joseph Kabila, de 29 años, se convirtió en el líder más joven de Africa, y cuenta con una extensa formación militar, que lo había propulsado, bajo la tutela de su padre, a la jefatura del ejército de tierra congoleño.
En gobierno de Zimbabwe, principal aliado de Kabila en la lucha contra los rebeldes, en tanto, anunció que el mandatario había perecido, pero en el avión que lo trasladaba hacia la capital de ese país tras el intento de asesinato.
Pese a todo, el gobierno congoleño mantuvo su postura de rechazar que Kabila haya fallecido. Sólo el ministro delegado congoleño de Defensa, Godefroid Tcham´lesso, afirmó ayer en Libia -adonde viajó para informar sobre la situación a Muammar Khadafy- que el presidente murió tras recibir dos balas de su jefe de guardia.
"El jefe de guardia irrumpió en la sala donde se desarrollaba una reunión entre Kabila y militares; disparó contra el jefe de Estado dos veces antes de ser abatido por los guardaespaldas", aseguró.
Además, reveló que Kabila murió dos horas después de haber ingresado en un hospital de Kinshasa, y aumentó la confusión al acusar a las autoridades de Uganda, de Ruanda y del Congo-Brazzaville de haber "organizado" el atentado, y llamó al pueblo congoleño a "prepararse a la venganza".
Se trató de la primera y única confirmación de la muerte de Kabila por un funcionario del gobierno congoleño, si bien más tarde la versión volvió a ser desmentida por Kinshasa.
En tanto, medios periodísticos belgas dieron otra versión. Señalaron que poco antes del atentado, Kabila había pedido a su hijo Joseph detener al coronel Dieudonne Kayembe, al que había sustituido como viceministro de Defensa el 5 del actual. Kayembe habría sido el que realizó los disparos, en venganza.
Extraña calma
En tanto, ayer la capital congoleña, habitualmente bulliciosa, se mantuvo extrañamente calma en un día que debía ser de fiesta, ya que se recordaba el 40º aniversario de la muerte de Patrice Lumumba, héroe de la revolución independentista de la que Kabila se declaraba heredero.
El vocero de las Naciones Unidas -que mantiene fuerzas en el país-, Fred Eckhard, informó que no se registró ninguna actividad militar. El funcionario aclaró que carece de datos ciertos sobre la suerte de Kabila, aunque "cada vez hay más señales que indican su muerte", y mantiene alertado a todo su personal en Africa central.
Por su parte, el gobierno de Bélgica anunció que estaba enviando dos equipos militares a la zona para preparar la posible evacuación de sus 2500 ciudadanos residentes en el país.
Francia, con 800 ciudadanos en el país, aseguró seguir "muy de cerca los acontecimientos", en tanto que Estados Unidos exigió prudencia a todos los norteamericanos en la región.
Lo que más preocupa a la comunidad internacional es la posibilidad de que los rebeldes que luchan contra Kabila, que gobernó con mano de hierro el país tras deponer a su rival, el dictador Mobutu Sese Seko, en 1997, aprovechen la situación para agravar el conflicto.





