
El fantasma de las Brigadas Rojas
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ROMA (De nuestra corresponsal).- Los italianos no sólo quedaron ayer consternados por el asesinato, en pleno centro de Roma, del profesor Massimo D´Antona. Más impresionados aún se sintieron al enterarse de que las Brigadas Rojas reivindicaron el hecho. Algo virtualmente imposible, porque, al menos hasta ayer, se creía que ya no existían.
Las Brigadas Rojas fueron una organización terrorista de inspiración marxista que surgió en ambientes estudiantiles de extrema izquierda a fines de los sesenta.
Su fundador fue Renato Curcio, oriundo de Brescia. El objetivo de la agrupación era llegar al poder mediante la lucha armada y la subversión de todas las instituciones del Estado.
Al principio comenzaron con manifestaciones que, poco a poco, aumentaron su violencia, hasta llegar al secuestro, la agresión física y la muerte de magistrados, carabineros, policías, periodistas y dirigentes industriales y políticos.
El asesinato de Aldo Moro
Su estrategia del terror tuvo su auge cuando decidieron secuestrar, el 16 de marzo de 1978, al entonces líder de la Democracia Cristiana, Aldo Moro. El dirigente fue raptado en pleno centro de Roma, en una violenta operación tipo comando.
Luego de idas y venidas, comunicados por parte de las BR y la negativa del gobierno a negociar con los terroristas, Moro fue encontrado muerto, el 6 de mayo de ese mismo año, en un vehículo dejado, también, en el centro de Roma.
Aunque se sabe que el autor material del asesinato fue Mario Moretti, uno de los jefes "históricos" de las BR, el caso Moro sigue siendo un misterio para los italianos, porque en el mismo hay muchos elementos que no cierran y otros que hablan de una conspiración.
Lo cierto es que su secuestro significó un punto de inflexión: a partir de entonces, el Estado decidió derrotar por medio de la ley a ese grupo, y las fuerzas de seguridad lanzaron un importante operativo en contra de la organización, sobre todo con la ayuda de "arrepentidos".
De a poco, los miembros de las BR comenzaron a caer en manos de las fuerzas del orden, y a ser juzgados y encarcelados, hasta que el grupo quedó desarticulado y desapareció.
En los últimos años, en efecto, la palabra Brigadas Rojas era en Italia sinónimo de una etapa de terror, inseguridad y miedo que la mayoría de la gente creía totalmente superada.
Tanto es así que en diciembre de 1997 casi pasó inadvertido el hecho de que Mario Moretti -el autor material de la muerte de Aldo Moro- lograra que la Justicia le concediera un régimen de semilibertad, algo parecido a lo que ocurrió cuando a Renato Curcio, el año pasado, también le concedieron salir de prisión y vivir en su casa, en las afueras de Roma.
Otras Brigadas Rojas
Al conocerse ayer que las Brigadas Rojas se habían hecho responsables del asesinato de D´Antona la reacción general fue de estupor. "¿No era que las habían aniquilado y que no existían más?", se preguntó Valeria, la cajera de un bar cercano al escenario del atentado, reflejando la sensación de incredulidad general.
Al respecto, Giancarlo Caselli, el fiscal de Palermo que en la década del setenta combatió judicialmente a las BR en Turín, afirmó que "si las BR asesinaron a Massimo D´Antona, se trata de otras Brigadas Rojas".
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