
El futuro de Mas y Cataluña, en manos de un partido antisistema
La CUP decide hoy si apoya al líder independentista para que sea reelecto
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MADRID.- Apenas terminaron los brindis por el Año Nuevo, España retoma la dinámica de vértigo de su crisis política con el foco otra vez en Cataluña, donde hoy se resolverá si el líder independentista Artur Mas consigue al fin ser reelecto como presidente.
Mas pende de un hilo. Su suerte está en manos de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP), un grupo antisistema minoritario -diez diputados de 135- cuya postura resulta clave para resolver el bloqueo de tres meses en la región más rica de España.
Es a todo o nada: un "sí" revivirá el proceso separatista; un "no" obligaría a convocar nuevas elecciones en marzo próximo.
La CUP estiró hasta la agonía su decisión, después de una insólita asamblea organizada el domingo pasado que terminó en tablas, con 1515 votos a favor y otros tantos en contra de facilitar la investidura presidencial. Esta tarde una comisión política de 70 personas se reúne para desempatar.
Lo que estos dirigentes fallen con sus métodos sui generis causará un impacto enorme en el incierto proceso para formar el gobierno de España, donde en las elecciones del 20 de diciembre pasado ninguna fuerza obtuvo mayoría suficiente para asegurarse el poder.
Mas prometió a la CUP que si lo convalida como presidente pondrá en marcha de inmediato el proceso con el que pretende llegar en 18 meses a la fundación de una república independiente.
El líder catalán se propone crear instituciones y desobedecer las órdenes de las autoridades españolas, pese a que el Tribunal Constitucional le advirtió el mes pasado que no puede hacerlo.
La falta de acuerdo entre los bloques separatistas había frenado la rebelión. Si ahora resucita se agigantaría la presión sobre los partidos españoles para que alcancen cuanto antes un pacto de gobernabilidad. La llave para salir de la parálisis la tienen el socialismo y su líder, Pedro Sánchez, que se niegan a negociar con el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy.
¿Mantendría el "no" ante la hipótesis de que estuviera en disputa la unidad del país? En los dos grandes partidos admiten que un triunfo de Mas sacudiría el tablero y obligaría al menos a pensar de nuevo el juego.
En cambio, si la CUP mantiene el rechazo a Mas el actual Parlamento catalán se disolverá el próximo sábado y habrá que repetir los comicios regionales en marzo. De ese modo, se abriría una campaña decisiva en medio de las negociaciones para formar un gobierno en Madrid.
¿Alguien se animaría a moverse de su posición mientras se desarrolle esa batalla electoral? Si en España fracasan los pactos también habrá que convocar otras elecciones, entre mayo y junio.
La relevancia del conflicto catalán en la crisis española es notable.
Sánchez, que quedó segundo detrás de Rajoy el 20 de diciembre, podría intentar una mayoría parlamentaria con los indignados de Podemos, pero éstos le ponen como condición que autorice un referéndum sobre la independencia. Para el Partido Socialista es inasumible.
La CUP salió en sexto lugar en las elecciones catalanas del 27 de septiembre, con el 8% (diez diputados). Primera quedó la coalición de Mas, Junts pel Sí (40% y 62 bancas). Entre ambos suman la mayoría del Parlamento.
Pero los miembros de la CUP juraron desde un principio que vetarían a Mas, a quien acusan de promover recortes sociales y de tolerar la corrupción. Reclamaron durante tres meses que Junts pel Sí presentara otro candidato.
"Pueden forzar nuevas elecciones, pero no cambiar el presidente", les advirtió esta semana Mas. Todos los demás grupos independentistas exigen a la CUP que no haga descarrilar el proceso separatista.
La presión que se vive llega al extremo de que una docena de activistas pro-independencia se encerró ayer en un colegio de Barcelona y se declaró en huelga de hambre, en un intento por sensibilizar a los antisistema.
Reunión clave
Ante la división interna en un movimiento que presume de no tener líderes, los diputados de la CUP inventan fórmulas para desempatar.
Lo que someterán hoy a discusión son dos opciones: darle a Mas dos votos a favor y ocho abstenciones, el mínimo para garantizar su reelección; o abstenerse los diez, lo que llevaría a la disolución del Parlamento.
Si logra el apoyo, Junts pel Sí prevé celebrar la sesión de investidura entre el martes y el jueves, al filo del límite legal. Y empezar enseguida -y contra toda la legislación española- a construir las "estructuras de Estado" (agencia impositiva, seguridad social, diplomacia, constitución) de la república independiente que sueñan fundar.
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