
El gobierno alemán volvió a Berlín
El canciller Gerhard Schroeder inauguró ayer su nuevo despacho y completó oficialmente el traslado desde Bonn.
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BERLIN.- Diez años después de la caída del Muro, la ciudad de Berlín, escenario de algunos de los momentos más negros y más brillantes de la historia germana, y símbolo del agitado pasado del país, volvió a ser desde ayer la capital real de Alemania.
"Este es un momento histórico", dijo el canciller federal Gerhard Schroeder al inaugurar ayer su despacho.
El traslado, ocho años después de la histórica resolución del Parlamento en Bonn, que por mayoría decidió el traspaso del gobierno, sus ministerios y Parlamento desde la antigua capital, significa que prácticamente ha concluido la mudanza gubernamental, que costó 10.800 millones de dólares.
Schroeder es el primer dirigente desde la Segunda Guerra Mundial que gobierna toda Alemania desde la que fue capital nazi y del imperio prusiano.
"Me hace feliz poder estar en Berlín", manifestó Schroeder, y dijo estar convencido de que se convertirá en "una de las grandes metrópoli del mundo, si no lo es ya".
"Hace una docena de años, el que hubiese pronosticado esto habría sido tildado de loco", dijo Schroeder en una breve ceremonia al ser recibido por el alcalde berlinés Eberhard Diepgen.
El Parlamento ya había hecho el traslado de 600 kilómetros desde la tranquila Bonn, e iniciará el mes próximo sus sesiones en el renovado edificio del Reichstag del siglo pasado.
Para tratarse de una ocasión histórica, la ceremonia de ayer fue discreta en consonancia con el estilo austero que prefiere la Alemania de la posguerra. Los únicos toques festivos fueron el vino espumante y una torta coronada por ositos decorativos, la mascota de Berlín.
Schroeder, que nunca ocultó su impaciencia por dejar Bonn, ha hablado de una nueva República de Berlín que combinará la tolerancia y la diligencia de posguerra de los alemanes occidentales con el valor mostrado por los alemanes orientales hace 10 años.
Así, aseguró que este "nuevo comienzo", además, ayudará a los políticos a conocer más de cerca las persistentes diferencias entre las regiones occidental y oriental.
Pero no tendrá mucho tiempo para ponderar el significado histórico del acontecimiento, pues debe enfrentar problemas económicos, una baja en su popularidad y una revuelta en su propio Partido Social Demócrata por sus políticas nacionales.
Y en una señal de los problemas que enfrentará, Schroeder presidió ayer la primera reunión de la coalición alemana de gobierno, donde se examinó la controvertida reforma de las pensiones, el programa de austeridad que busca imponer el premier en medio de las feroces luchas internas en su coalición roji-verde, donde el ala izquierda lo acusa de estar implementando políticas antisociales.
"Si alguna vez Alemania ha vivido una revolución pacífica y con éxito, ésta lo ha sido", dijo refiriéndose al derribo del muro de Berlín en 1989, que preanunció la reunificación alemana al año siguiente y el fin de la era de la Guerra Fría.
Schroeder agradeció a quienes ayudaron a la reunificación alemana, incluidos los ex presidentes George Bush, de Estados Unidos, Francois Mitterrand, de Francia, y Mikhail Gorbachov, de la ex Unión Soviética, y a su propio predecesor, Helmut Kohl.
Una ciudad dividida
A Berlín le fue "arrebatada" la capitalidad -que ostentaba desde la fundación del Imperio Alemán en 1871- al término de la Segunda Guerra Mundial cuando fue dividida en cuatro sectores por las potencias vencedoras, que quisieron evitar así la repetición de la cruenta trayectoria nazi.
El Muro, levantado en 1961 por la República Democrática Alemana, cuya capital era Berlín Este, partió la ciudad en dos y se convirtió en la representación concreta del mundo bipolar de la Guerra Fría.
El nuevo Berlín moderniza ahora sus lugares más emblemáticos, como la Potsdamer Platz, que fue la plaza con mayor tráfico de Europa durante la República de Weimar y que, tras haber sido tierra de nadie en tiempos del Muro, vuelve a ser hoy el área donde se construyen los edificios comerciales más vanguardistas.
Ahora, cientos de funcionarios, diplomáticos, políticos y periodistas se sumarán en los próximos días a la emblemática frase "Ich bin ein Berliner" (soy un berlinés) pronunciada por el presidente norteamericano John Kennedy en 1963 como muestra de solidaridad hacia los habitantes del lado oeste de la ciudad, convertido en una isla rodeada de "tierra hostil".
La sombra del pasado
BERLIN (AP).- El gobierno alemán no puede evitar que la sombra del pasado se haga presente, aun ante lo que el propio canciller Gerhard Schroeder bautizó como "un nuevo comienzo". El primer ministro gobernará durante los próximos dos años desde una oficina antes utilizada por los dirigentes de la comunista Alemania Oriental, donde todavía se deja sentir el fantasma del ex jefe comunista Erich Honecker. La nueva sede de la Cancillería, a orillas del río Spree y que está siendo construida a un costo de 230 millones de dólares, no está lista.
"Hace apenas doce años nadie podía haber imaginado que desde este edificio iba un día a ser gobernada la República Federal de Alemania", expresó Schroeder. El ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, también tomó posesión de un "trozo" de historia. Se trasladó a un edificio que era sede del banco central nazi y luego del Partido Comunista de Alemania Oriental. El edificio, construido entre 1934 y 1940, es conocido como "la casa de las mil ventanas" y su restauración costó más de 300 millones de dólares.
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