Golpe chavista en el Congreso: ponen a un aliado de Maduro en el lugar de Juan Guaidó

Guaidó no pudo ingresar al Parlamento
Guaidó no pudo ingresar al Parlamento Fuente: Reuters
Daniel Lozano
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6 de enero de 2020  • 15:48

CARACAS.– En una medida que provocó una dura e inmediata condena de toda la región, incluyendo a la Argentina, el chavismo impuso ayer en lugar de Juan Guaidó a un falso presidente al frente de la Asamblea Nacional (AN), de forma fraudulenta y con la mitad de votos que tenía la oposición. Un golpe parlamentario con el que Nicolás Maduro conquistó de forma inconstitucional y con la fuerza bruta el único poder público que no estaba en manos de la revolución bolivariana.

Lo vivido ayer en el Parlamento pasará a los anales de hechos inéditos, un capítulo más para el surrealismo trágico de Venezuela, que de inmediato provocó la condena de los países del Grupo de Lima y de Estados Unidos.

En un duro comunicado, el gobierno argentino consideró "inadmisible" el "hostigamiento" a diputados y periodistas y llamó a "recuperar la normalidad democrática en Venezuela". Sin embargo, evitó suscribir el comunicado del Grupo de Lima, que habló de un "régimen dictatorial". Durante cinco horas forcejearon Guaidó y 40 diputados para intentar acceder al Palacio Legislativo, desde el alba sitiado por militares y policías que usaron la violencia contra los legisladores.

El dirigente de Voluntad Popular (VP) intentó saltar las rejas del edificio entre empujones de los militares, que lo agarraron por detrás para derribarlo, en unas imágenes que dieron la vuelta al mundo. Un representante elegido por el pueblo sojuzgado una vez más por militares en América Latina.

Una batalla desigual que provocó la atención hospitalaria para dos diputadas, a las afueras de una Asamblea Nacional tomada por el Ejército. Con sus escudos y con barreras metálicas, los militares cumplían las órdenes impartidas por el Palacio de Miraflores. "Los organismos represivos de la dictadura nos persiguieron para evitar lo inevitable, nuestra ratificación con un voto uno por uno a pesar de los parlamentarios que compraron. El que decide quién entra o quién no al Parlamento es el pueblo con sus votos", denunció anoche Guaidó, que lamentó profundamente el "bochornoso show de la dictadura".

El diputado Luis Parra, antiguo opositor señalado como partícipe de un escándalo de sobornos, fue designado hoy presidente de la Asamblea Nacional
El diputado Luis Parra, antiguo opositor señalado como partícipe de un escándalo de sobornos, fue designado hoy presidente de la Asamblea Nacional Crédito: Europa Press

Mientras esto sucedía en el exterior, en el hemiciclo se desarrollaba una ceremonia revolucionaria que incumplía todas las normativas, uno de esos grandes momentos de épica chavista que el relato revolucionario repetirá durante meses en sus medios. La estrategia gubernamental pasaba porque la mayoría de los demócratas no pudieran acceder a sus escaños.

Como cada 5 de enero, se debía llevar a cabo la votación para elegir a la junta directiva, en la que repetiría el presidente encargado tras el acuerdo alcanzado por una veintena de partidos. Dos diputados encarcelados, 35 exiliados, una decena perseguidos y con la inmunidad allanada dificultaban el proceso, aunque el sistema de titulares y suplentes sumaba una mayoría consistente de más de 90 votos.

A favor, el voto telemático de los exiliados desde el exterior, de ser necesario. Pero en contra, los "maletines verdes" que durante semanas conquistaron las voluntades de una docena de diputados ya expulsados de sus partidos. Dentro del hemiciclo, 50 diputados chavistas, 12 parlamentarios "traidores" (convencidos por los supuestos sobornos recibidos de millonarios ligados al régimen) y un grupo de diputados opositores que sí habían podido acceder a sus asientos escenificaban una fiesta que no tenía nada de democrática.

Entre gritos de la bancada chavista emergió Luis Parra, antiguo dirigente de Acción Democrática, expulsado hace semanas e investigado por favorecer al polémico empresario colombiano Alex Saab, presunto testaferro de Maduro. Con un megáfono se subió al estrado, apoyado por sus compañeros disidentes, para gritar: "Queremos abrir las puertas del futuro", antes de autoproclamarse, para lo que contó con la ayuda de Darío Vivas, uno de los jefes del grupo chavista, que le activó el sonido de los micrófonos. Una pantomima política que ni siquiera una serie humorística de Netflix habría imaginado y que alcanzó su mejor momento cuando otro de los líderes chavistas ordenó al supuesto presidente opositor: "Siéntate y no te muevas de allí". Obediente, así lo hizo, pasando del entusiasmo a la claudicación en un abrir y cerrar de ojos.

Entre gritos de la bancada chavista emergió Luis Parra, quien se autoproclamó presidente de la AN pese a que no había iniciado la sesión y cuando ni siquiera había el quórum necesario en la Cámara.
Entre gritos de la bancada chavista emergió Luis Parra, quien se autoproclamó presidente de la AN pese a que no había iniciado la sesión y cuando ni siquiera había el quórum necesario en la Cámara. Crédito: Reuters

La verdadera sesión se celebró horas después en la sede del diario El Nacional, hasta donde llegaron 100 diputados, embajadores y periodistas, que apenas cabían en la mayor sala del periódico rebelde. La entrada de Guaidó fue recibida con una ovación entre los presentes. La sesión se puso en marcha cumpliendo la normativa y tanto Guaidó como sus vicepresidentes, el perseguido Juan Pablo Guanipa (resultó elegido gobernador de Zulia, el estado más poblado del país, pero se negó a juramentarse ante la Constituyente) y Carlos Berrizbeitia (que durante años fiscalizó las cuentas de Chávez y sus desproporcionados gastos personales) resultaron elegidos con todos los votos, incluidos los tres diputados de la oposición radical.

En la ficción que quiere imponer el poder revolucionario jamás hubo sesión en el hemiciclo, porque no se cumplió ninguno de sus protocolos. Ni siquiera existía el quorum necesario, mucho menos una votación democrática, ni siquiera se contaron esos presuntos apoyos, que escasamente sobrepasaban el medio centenar.

Bastó con un grito de "mayoría evidente" cuando no era ni una cosa ni la otra. Lo más rocambolesco es que, de existir quorum, quien debería haber presidido la junta saliente para proceder a la votación era el propio Guaidó, como presidente saliente, tal y como sí se hizo en la sesión celebrada en El Nacional.

Los medios públicos pusieron en marcha de inmediato su gigantesco aparato propagandístico y bautizaron a Parra como nuevo jefe del Parlamento nacional, mientras destacaban que se trata de un "opositor". Varias horas más tarde su aliado Maduro lo reconoció sin pestañear, además de anunciar la próxima convocatoria de elecciones parlamentarias "con participación de todos los partidos".

"Lo que ha ocurrido es un delito flagrante: los hechos provenientes de un crimen no pueden generar consecuencias jurídicas válidas", sentenció desde el exilio el fiscal rebelde Zair Mundaray.

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