
El gran pulmón del mundo
Alerta mundial: la destrucción sistemática de la región amazónica tendría gravísimas consecuencias en el clima del planeta.
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La región amazónica ocupa casi tres millones de kilómetros cuadrados, el 35 por ciento de la superficie total del Brasil, e incluye a los Estados de Amazonas, Pará y Acre.
Constituye una cuenca drenada por el río Amazonas y sus afluentes. El clima cálido y húmedo de la región y la extraordinaria fertilidad del suelo ayudaron a que creciera allí una selva de riquísima forestación y con una gama de especies animales inimaginable.
La Amazonia conforma, además, una de las zonas más sensibles del planeta: gracias a la evaporación del agua y la fotosíntesis, genera buena parte del oxígeno que circunda la atmósfera. Es, en definitiva, el gran pulmón del mundo.
Gran parte de la superficie amazónica ha sido devastada, en los últimos años, por colonos y ganaderos que incendiaron y talaron los bosques en forma indiscriminada, con la finalidad de limpiar la tierra para plantar, y por siniestros involuntarios o criminales.
La voracidad destructiva ha impedido el normal desenvolvimiento de los ciclos biológicos en el ecosistema, lo cual habría tenido como consecuencia directa el aumento del nivel de dióxido de carbono, cuya acumulación en la atmósfera es una de las causas del efecto invernadero.
Este fenómeno, podría provocar en los próximos años, según los científicos, el aumento de la temperatura del planeta.
Según una proyección efectuada por las Naciones Unidas, de continuar con el ritmo actual de deforestación en el mundo, la temperatura global aumentaría seis grados. En Buenos Aires, la marca media del verano sería de 45 grados, con una sensación térmica de 50. Es decir, la puerta de entrada al infierno.
Además, la suba térmica daría origen a una serie dramática de trastornos climáticos: el deshielo de los casquetes polares, el aumento del nivel de los mares, un cambio de ciclo en las cosechas y migraciones masivas de gente que buscaría áreas más fértiles y seguras para asentarse.
De continuar fuera de control, la explotación irracional de la selva amazónica se convertiría, en suma, en un desastre ecológico de enormes proporciones.
Sequía y desastre
Los incendios que afectan el Estado de Roraima desde hace dos meses agregan un nuevo factor de preocupación.
Este año, debido a una sequía excepcional en la región provocada por la corriente oceánica de El Niño -llovió sólo 0,1 milímetro este año-, el Instituto de Medio Ambiente del Brasil (Ibama) prohibió la quema de campos, medida que no fue respetada.
El fuego encendido en la sabana se propagó alrededor de los bosques, donde encontró vegetación seca que ardió inmediatamente.
El gobernador de Roraima decretó el estado de calamidad pública el 22 de enero, tras informar acerca de la muerte de 20.000 cabezas de ganado por hambre y sed.
Según la Pastoral de la Tierra, tres pueblos de indios yanomanis, en el Oeste del Estado de Roraima, habrían sido devorados por las llamas.
Los yanomani han vivido por siglos aislados del resto del mundo, y por ello han sido bautizados "los invisibles". Están allí, pero nadie los puede ver. Viven de la caza y de la pesca con lanzas y flechas. No tienen escritura y cuentan sólo hasta dos. Todo lo demás es "wahoro", equivalente a "mucho".
En la última década, la fiebre del oro llevó a los buscadores hasta dentro de la reserva yanomani, y llevaron consigo armas y enfermedades.
Ahora, el fuego es para ellos una amenaza aún más devastadora.
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