
El Katyusha, un arma rudimentaria y aterradora
Son fáciles de ocultar y accionar
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JERUSALEN (Para LA NACION).- Dentro y fuera de Israel, hay quienes manifiestan sorpresa por el hecho de que, a casi un mes de iniciada la guerra, ese país, con una de las fuerzas armadas más modernas del mundo, no ha logrado aún "vencer" a Hezbollah ni garantizar que no siga disparando misiles contra su población civil.
Un problema clave es el arsenal en manos de Hezbollah. Al comienzo de la guerra, se estimaba que tenía por lo menos 12.000 cohetes de corto alcance -capaces de llegar a unos 20 kilómetros de distancia- que le fueron provistos por Siria e Irán. Si la cifra es cierta, todavía le quedan por lo menos 9000.
Pero lo que cuenta no es sólo su número, sino sus características. El general retirado Uzi Dayan, que fue director del Consejo de Seguridad Nacional de Israel, explicó que "precisamente porque son armas rudimentarias, fáciles de transportar, ocultar y accionar, los misiles constituyen para Israel un desafío extraordinariamente difícil de superar".
En este sentido, el principal problema lo constituyen los Katyusha de 107 o 122 milímetros con el mencionado alcance, que son los que aterrizan a diario en el norte de Israel.
Estos cohetes pueden ser disparados rápidamente sin grandes preparativos. Basta con que un militante se esconda dentro de una casa, coloque un trípode y dispare. A veces, hasta por control remoto. "Puede disparar por un sistema de tiro retardado o por telecomando -dice el general Dayan-, mientras que las coordenadas para el blanco pueden ser transmitidas por teléfono o por mensaje de texto."
No se requiere casi nada especial antes del disparo, a diferencia de lo que ocurre con los cohetes de mayor alcance -como los que llegan a Haifa-, que necesitan de otros elementos para ser lanzados.
Un tema clave en esta guerra es que Israel está lidiando con una organización que ataca desde concentraciones civiles, que ha construido búnkeres bajo viviendas de la población y que dispara desde escuelas, junto a posiciones de la ONU y aldeas habitadas.
Israel se impone limitaciones en sus ataques contra blancos de Hezbollah. A pesar de las duras críticas de las que ha sido objeto desde diferentes sectores de la comunidad internacional, si hubiera utilizado todo su poderío aéreo en territorio libanés, el número de bajas civiles se contaría por miles y la destrucción sería de dimensiones mucho mayores.
Han muerto civiles en los ataques y, según las cifras libanesas, hay más civiles que miembros de Hezbollah entre los muertos. Pero ello se debe también a que Hezbollah coloca sus posiciones, depósitos de armas y lanzamisiles en medio de civiles, dispara hacia Israel desde zonas pobladas y hasta esconde luego los lanzamisiles dentro de edificios habitados.
Para intentar reducir al mínimo posible las bajas entre los civiles, Israel también lanza volantes desde el aire para advertir a la población de una zona que va a ser atacada -lo cual da tiempo a Hezbollah para organizarse- e introduce fuerzas por tierra para llegar directamente a los terroristas. En Bint Jubayl, por esa razón, murieron nueve soldados israelíes.
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