El Papa, contra "el odio y la venganza"
En una multitudinaria misa, rechazó "el poder de los ejércitos" y animó a los católicos a superar el "cansancio" de la fe; hoy viaja a Cuba
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CIUDAD DE MEXICO.– Benedicto XVI fue apóstol de la paz en un país que se desangra. Ante medio millón de devotos, congregados en el Parque Bicentenario de Silao (estado de Guanajuato), el Papa dijo ayer que es necesario "desterrar" de América latina las venganzas y el odio. Y reiteró su exhorto al "respeto, la defensa y la promoción" de la vida humana.
Es poco probable que el Santo Padre conociera "Camino de Guanajuato", la canción de José Alfredo Jiménez, que comienza así: "No vale nada la vida, la vida no vale nada". Pero en tierras mexicanas, donde la guerra entre y contra los narcotraficantes suma ya más de 50.000 muertes en cinco años, Joseph Ratzinger insistió en condenar la violencia y defender el poder del amor.
El Papa volvió a hacer de la paz su lema en la eucaristía que celebró ante más de 600.000 fieles, según fuentes vaticanas. Lo hizo a los pies del "Cristo de tu montaña del Cerro del Cubilete, consuelo de los que sufren, adoración de la gente", como reza la citada ranchera del más grande cantautor mexicano.
Al comienzo de la misa, que presenciaron, entre otros, el presidente Felipe Calderón y los tres principales candidatos presidenciales a las elecciones de julio, el arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, subrayó los males que padece el país, especialmente la violencia y la muerte "que han generado la penosa sensación de temor, impotencia y duelo".
Monseñor Rábago sostuvo que esa "dramática" realidad se alimenta de raíces perversas: la pobreza, la falta de oportunidades, la corrupción, la impunidad, la injusticia y el cambio cultural. El purpurado pidió al Pontífice que compartiera un mensaje de paz y amor a los mexicanos en un momento en el que se vive "una crisis de moralidad".
Así fue. Durante la homilía, Benedicto XVI comparó la situación de violencia que vive México y el resto de América latina con las vicisitudes del pueblo judío descritas en el Antiguo Testamento. "La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas. Pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído."
Tras destacar que México y el continente vive "momentos de dolor y de esperanza a la vez", Benedicto XVI subrayó que no es suficiente "el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia, sino un poder más grande que gana los corazones (...). El reinado de Cristo Rey no se basa en la violencia, sino en el amor".
De este modo, encomendó el Continente a la Virgen de Guadalupe, "en estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad".
"Pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad", concluyó el obispo de Roma.
El Papa ya había tenido un contacto cercano con las víctimas de la violencia anteanoche, a iniciativa del presidente Felipe Calderón, cuando se reunió con familiares de muertos y desaparecidos a manos del crimen organizado.
En la Casa del Conde Rul, un bello edificio colonial de la ciudad de Guanajuato, Benedicto XVI se interesó en las víctimas una por una: María Guadalupe Dávila, uno de cuyos hijos murió durante una matanza de jóvenes en Ciudad Juárez; Josefina Torres, esposa de un militar asesinado por el narcotráfico; Verónica Valdez, viuda del alcalde de Santiago (Nuevo León), Edelmiro Cavazos.
También fueron reconfortados por el Papa María Valencia, madre de un policía federal secuestrado; María Herrera, madre de cuatro hijos desaparecidos en Michoacán; Alicia Ulloa, hermana de una joven raptada; Araceli Quintanilla, hermana de una estudiante que murió durante un fuego cruzado en Monterrey, y Norberto Ortega, víctima de secuestro.
Resistir la tentación
Durante la misa, el Pontífice pidió a los católicos que se resistan a la tentación de una fe "superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente", y que superen el "cansancio" de la fe y recuperen la alegría de ser cristianos.
El Papa llamó a los creyentes a no encerrarse en el "propio bienestar", y puso como ejemplo el martirio de los santos, quienes "se entregaron de lleno a la causa del Evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso de su propia vida".
El heredero de Pedro recordó a su predecesor, "el beato Juan Pablo II, quien, aunque lo deseó ardientemente, no pudo visitar [el Cerro del Cubilete]".
"Seguramente se alegra hoy desde el cielo por que el Señor me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes." Ayer, el Papa llegó a la misa después de sobrevolar en helicóptero el Santuario del Cristo Rey.
Benedicto XVI, que dejó la explanada con un sombrero de charro a bordo del papamóvil, viajará hoy a Cuba, donde se reunirá con Raúl Castro y visitará La Habana y Santiago (ver aparte).
El presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, Dionisio García, afirmó que el Papa llevará palabras de "ánimo, confianza y reconciliación".
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