El sueño de una París en bicicleta, amenazado por el vandalismo

El sistema de alquiler compartido enfrenta problemas; deben reparar 1500 unidades por día
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2 de noviembre de 2009  

PARIS.- Así como las blancas torres cruciformes de Le Corbusier alentaron alguna vez visiones de la ciudad industrial del futuro, el sistema de bicicletas alquiladas de París, Vélib´, ha inspirado un nuevo ethos urbano para la era del cambio climático.

Los vecinos de la ciudad pueden alquilar una sólida bicicleta en cualquiera de las cientos de estaciones públicas destinadas a ese fin y pedalear rumbo a su destino, una alternativa económica, saludable y no contaminante si se la compara con subirse a un auto o a un colectivo.

Pero esta reciente utopía francesa se ha topado con la cruda realidad: muchas de estas bicicletas especialmente diseñadas, que cuestan 3500 dólares cada una, han comenzado a aparecer en el mercado negro de Europa del Este y el norte de Africa. Otras muchas son secuestradas para realizar raides urbanos y son luego abandonadas en el cordón de la vereda, con las ruedas dobladas y las llantas arruinadas.

Como el 80% de las 20.600 bicicletas iniciales han sido dañadas o robadas, los organizadores del sistema debieron contratar cientos de personas sólo para repararlas. Sumado al golpe que representa para el presupuesto de subsidios de la ciudad, el impacto en la psiquis de los parisinos ha sido enorme.

"El símbolo de una ciudad organizada y ecológica se ha transformado en una nueva fuente de criminalidad", se lamentaba recientemente Le Monde en un editorial. "Vélib´ se proponía civilizar el transporte urbano. Ha fomentado la incivilidad."

Las pesadas bicicletas Vélib´, de color arena, son vistas como un accesorio de los "bobos" o "burgueses bohemios" -la clase media urbana fashion - y despiertan resentimiento y codicia. Según la policía y los sociólogos, las bicicletas son por lo general blanco de la juventud resentida, colérica y anárquica de una ciudad socialmente muy dividida.

Bruno Marzloff, un sociólogo especializado en transporte, dijo que "estos hechos están relacionados con otros actos de incivilidad, en especial con la quema de automóviles", en referencia a las pandillas de jóvenes inmigrantes que quemaron autos durante los disturbios de 2005 en los suburbios de París.

Para Marzloff, detrás de la destrucción de las Vélib´ se esconde la agitación social, en especial en los vecindarios suburbanos, en su mayoría habitados por inmigrantes pobres que se sienten excluidos del costado glamoroso de la Ciudad Luz.

Utilizado mayormente para viajes cotidianos en el corazón urbano de la ciudad, el programa Vélib´ es en muchos aspectos un éxito. Basta pasar la tarjeta de crédito para dejar un depósito en alguno de los estacionamientos automáticos (el ciclista paga un euro por día o 29 euros por un pase anual) para obtener acceso ilimitado a las bicicletas durante un lapso de 30 minutos, que puede ser extendido con un recargo mínimo.

En promedio, las bicicletas son utilizadas entre 50.000 y 150.000 veces al día, según la época del año, y han demostrado ser un éxito entre los turistas, que ayudan a impulsar la economía.

Pero las bicicletas, fabricadas en Hungría, son reforzadas, y los estacionamientos están automatizados, lo que significa que el sistema es costoso, y no todos comparten el ideario de propiedad pública compartida del alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë.

"No calculamos bien los posibles daños y robos", dijo Albert Asséraf, director de estrategia, investigación y marketing de JCDecaux, empresa de publicidad callejera y principal financista y organizador del proyecto. "Pero no contábamos con referente alguno en ningún lugar del mundo de una iniciativa como ésta."

Al menos 8000 bicicletas han sido robadas y otras 8000 estaban tan dañadas que debieron ser reemplazadas: cerca del 80% de la dotación inicial, dijo Asséraf.

JCDecaux debe reparar alrededor de 1500 bicicletas por día. La empresa tiene 10 centros de reparación y un taller flotante que recorre el Sena.

En París, ya es común ver las bicicletas estacionadas en sus muelles con las gomas pinchadas, las ruedas perforadas o sin los canastos. Se han encontrado incluso algunas colgadas de postes de luz, en el lecho del Sena, en las calles de Bucarest o descansando en contenedores de carga con destino al norte de Africa. Algunas de ellas simplemente son robadas y pintadas de otro color.

Encontrar una en buen estado se ha convertido ahora en una verdadera búsqueda del tesoro urbana. Géraldine Bernard, de 31 años y vecina de París, usa las bicicletas para ir a trabajar todos los días, pero admite que últimamente le cuesta encontrar alguna que funcione bien. "Es una iniciativa inteligente que apunta a mejorar la vida de la gente, pero el éxito no es completo", afirmó.

"Para el usuario regular, como yo, en general es una fuente de frustración", dijo. "Es un reflejo de la violencia de nuestra sociedad, y es indignante: las Vélib´ son una propiedad pública, pero no existe el menor sentido cívico al respecto."

Así y todo, y con más de 63 millones de bicicletas rentadas desde que se inició el programa, a mediados de 2007, las Vélib´ ya forman parte de la vida parisina, y el programa ha sido ampliado para proveer 4000 bicicletas a 29 poblaciones que rodean la ciudad.

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