
El Vaticano, blanco del espionaje comunista
Estermann: el guardia suizo asesinado fue agente secreto de Alemania del Este, según indicó el ex jefe de la Stasi, Markus Wolf.
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ROMa (EFE).- Markus Wolf, el hombre que durante los años de la Guerra Fría fue jefe del servicio de inteligencia de la ex República Democrática Alemana (Stasi), aseguró que el comandante de la Guardia Suiza Alois Estermann, asesinado el lunes último con su esposa, era un agente propio infiltrado en el Vaticano.
Según declaraciones de Wolf _quien, por el misterio que lo rodeaba, era conocido como "el hombre sin rostro"_ publicadas por el diario polaco Super Express, "el jefe de la guardia papal tenía otro patrón, que era el espionaje de la RDA".
"Estábamos muy orgullosos cuando en 1971 logramos captar a Estermann como agente", relató Wolf, y añadió que "este hombre -Estermann- tenía un acceso ilimitado al Santo Padre y nosotros con él".
La razón de la supuesta colaboración de Estermann con la Stasi de la RDA "fue probablemente por motivos económicos", apunta el diario polaco, que revela que el asesinado guardia papal procedía de una familia modesta y tampoco ganaba mucho en su cargo.
"Cuando comenzamos a hablar con él, Estermann buscaba un puesto de trabajo en la guardia papal, y cuando el Vaticano lo aceptó su precio aumentó considerablemente para nosotros", detalló Wolf, quien se negó a revelar la cantidad de dinero que ello pudo costar a la Stasi.
Infiltrados
En tanto, el ex jefe de los servicios secretos italianos (Sismi) Fulvio Marini estimó posible que en el Vaticano hubiera agentes infiltrados de los servicios de espionaje de la República Democrática Alemana y de otros países comunistas del Este.
"Si bien no hay ningún elemento que demuestre que Estermann fuese un espía, es posible que agentes secretos del Este se hubieran infiltrado en el Vaticano", señaló el almirante Marini.
"No descarto en absoluto esta hipótesis, incluso porque en aquellos años los servicios secretos de Alemania Democrática, Polonia y Checoslovaquia estaban interesadísimos en lo que sucedía en el Vaticano, pues para ellos el papa era el hombre que junto a Ronald Reagan había hecho caer el imperio soviético".
Los servicios secretos comunistas, según el ex jefe del Sismi, "tenían sus bases en Italia, pero de nosotros no les interesaba nada. Estaban en Roma porque estaba el Vaticano. Y el Sismi sabía que el Vaticano, desde hacía tiempo, sospechaba de la existencia de un espía en su seno".
El mes último, el Vaticano desmintió oficialmente que la policía secreta soviética, la KGB, tuviera micrófonos ocultos en la casa de un ex secretario de Estado del Vaticano, monseñor Agostino Casaroli, el más importante asesor de política exterior del Papa.
Según afirmó entonces el vocero vaticano, Joaquín Navarro Valls, estas versiones eran "una historia tan fantástica que no vale la pena ni siquiera desmentirlas".
En tanto, en el Vaticano, un compañero de Cédric Tornay, el asesino de Estermann, señaló que el cabo de la Guardia Suiza era tratado con mayor severidad que el resto de los miembros del cuerpo.
"Era tratado peor que los otros. Lo comprobé comparándolo conmigo", dijo el joven, que no quiso identificarse. "Cuando los dos hacíamos lo mismo, teníamos castigos diferentes. Yo dos horas y él tres", comentó.
Además, indicó que cada vez que Tornay tenía un problema iba directamente al comandante, mientras que el resto "sólo hablábamos entre nosotros".
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